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El escándalo de Bavaria y el sorteo del Botero
Publicidad engañosa y consumo
Fernando Estrada

Viernes, 22 de diciembre de 2006

El escándalo sobre la tapa de gaseosa afortunada para el sorteo del Botero del millón de dólares que tiene en serios problemas a Bavaria y a Andrés Jaramillo, dueño del restaurante Andrés Carne de Res, puede ayudarnos a comprender los alcances y límites de las relaciones entre publicidad engañosa y consumo. O mejor, entre las probabilidades de fraude informativo y expectativas racionales. Quienes han creado la campaña publicitaria originaron una verdadera estampida en los medios. Porque un Botero representa la posibilidad para algunos de un premio que supera en muchos aspectos el buen gusto. Se trata también de las posibilidades de negociación en un mercado bastante apetecido.

Pero, ¿en dónde radican los aspectos de fondo en este escándalo? Primero en una excesiva hiperinflación de las expectativas del consumidor. Las posibilidades de encontrar la tapa afortunada para el sorteo, se verían incrementadas por una referencia localizada. En particular, cuando Andrés insiste en que se compromete a cubrir los costos del consumo en caso de frustrar las expectativas estaba concientemente motivando niveles altos de ansiedad en los consumidores, ergo, tendencias de mayor consumo. La lógica de expectativas racionales nos explica esta suerte de relación proporcional entre juegos de azar y causalidad determinista.

Pero surgen otros problemas que superan el ámbito particular del caso Andrés Carne de Res . Un problema que puede tener derivaciones de orden corporativo en cuanto el infeliz acontecimiento puede afectar directamente a Bavaria, dueña de la marca Club Colombia con la que se realiza el concurso. Porque aquello que garantiza el máximo equilibrio y la transparencia del sorteo es la suerte. Y las condiciones de igualdad de los apostadores. Que para el caso citado no se cumple. Porque si el despacho de las botellas con las tapas selladas viene determinado con antelación y sólo algunos lugares poseen más probabilidades que otros, el juego estaría parcialmente sesgado. Lo que quiere decir que el consumidor común estaría en desventaja frente al beodo de los bares.

Al primer problema le sucede un segundo rollo que se relaciona con la información. A saber, si las políticas del sorteo del Botero están condicionadas a las posibilidades de obtener una información privilegiada sobre las 50 tapas selladas, es claro que no todos los consumidores, o los consumidores potenciales, tendrán igualdad de oportunidades. Bavaria también informó ayer que envió a 1.500 líderes de opinión en todo el país raspa, como una cortesía. Nuevo ingrediente de parcialidad sesgada. Aún en caso de no comprobarse afortunados de este grupo. La probabilidad de engaño aumenta si la información contiene confusión.

Tenemos entonces que la gravedad del asunto proviene de fallos de información, información privilegiada y publicidad engañosa. Más escuetamente, el concurso puede reflejar un caso más de manipulación corporativa y mentiras. Una situación que pone en apuros principalmente a Bavaria. Pero que nos advierte sobre los alcances de las relaciones entre publicidad y consumo. Un fenómeno social de mayores repercusiones. Porque con la finalidad de conseguir incrementar sus ventas, las corporaciones y compañías se muestran dispuestas a saltar cualesquier tipo de barreras. Los fines se imponen sobre los medios. Y las compañías abusan considerablemente de la propaganda.

La principal enseñanza que puede extraerse de este escándalo son las trampas con las que cuenta la publicidad corporativa y nuestra disposición consumista. La suerte cuenta en nuestra vida como un elemento indispensable y nos permite conjugar el destino con las probabilidades. Pero cuando la contingencia se revela manipulada por agentes del mercado, deberíamos estar en condiciones para hacer las diferencias. Y los propietarios de bares y restaurantes podrían guardarse de usar los micrófonos para generar expectativas baladíes.

persuacion@gmail.com

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