Londres.- Noviembre se ha iniciado con las mayores bajas militares que han recibido las fuerzas ocupantes desde que depusieron a Saddam. Las acciones armadas iraquíes han crecido y se han sofisticado. Diversos informes concluyen que existe un aumento en el descontento, la desmoralización y los suicidios dentro de las tropas angloamericanas. El propio Donald Rumsfeld ha reconocido que es posible que el número de reclutas para los grupos armados antiestadounidenses crece más que las bajas que se les inflige a éstos.
La política de ofensiva militar en el Medio Oriente ha permitido los cambios de régimen en Iraq y Afganistán, y golpear a la Autoridad Palestina. Sin embargo, ha aumentado la pobreza y el desempleo en esos países, ha agigantado el resentimiento antioccidental en dicha región, y viene fortaleciendo a las organizaciones de Bin Laden, Mula Omar y Saddam Hussein, quienes se van revitalizando desde la oposición armada.
Esto demuestra cuán limitadas eran las pretensiones de los halcones en el sentido de que bastaría mostrar el extraordinario poderío bélico para producir una rápida victoria y luego imponer nuevos gobiernos que contasen con el apoyo de una población que les recibiría como liberadores.
Siempre advertimos que la estrategia de Saddam podría consistir en atraer a los invasores a las ciudades para luego castigarles con emboscadas. En cierta manera el Baath iraquí invirtió la estrategia maoísta de la guerra prolongada del campo a la ciudad. En vez de crear focos armados en el desierto poco poblado, Saddam decidió concentrarse en las grandes urbes donde se camufla con una población civil que los ocupantes no pueden masacrar.
Las fuerzas ocupantes son extrañas al idioma, la cultura y el clima mesopotámicos. Los civiles le miran con desconfianza u hostilidad. Perciben que todos los servicios se han deteriorado y que sus recursos naturales pueden acabar en manos foráneas. Los EEUU piden mayor presupuesto a la comunidad internacional, pero si incrementan la represión corren el riesgo de provocar una mayor resistencia iraquí y más marchas de protesta a nivel mundial. Por otro lado, si no ponen mayor dureza en Bagdad la situación puede desestabilizarse no sólo en Israel sino en toda el Asia occidental.
El desgaste de la ocupación puede generar tensiones dentro de los partidos aliados iraquíes. Los radicales vienen socavando a los moderados chiítas y a los partidarios de las democracias occidentales.
El aumento de la resistencia y la inexistencia de las mentadas armas de destrucción masivas resta legitimidad a la ocupación dentro de las poblaciones de EEUU y Europa, quienes quieren que el dinero empleado en la guerra se destine a gastos sociales internos.