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Sección: Internacionales
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Fidel y la inmadurez de América LatinaLeonidas TorresMiércoles, 22 de noviembre de 2006
Desde hace años vengo viendo a Fidel Castro en las tomas de posesión de los presidentes de Latinoamérica y en las cumbres iberoamericanas, y no termino de sorprenderme de su presencia en esos eventos, donde juega el rol protagónico y es el líder más admirado. A mi mente acude el símil del ingenuo que invita a su casa al degenerado que violó a su pequeña hija y lo colma de atenciones, lo alaba ante otros invitados y le sirve la mejor caña que dispone. Es absurdo, es insólito, pero es una realidad. Pocos años antes del gobierno de Hugo Chávez, Fidel visitó a Caracas y acudió a un acto en el Aula Magna de la UCV. La prensa reseñó que el lleno fue impresionante, de jóvenes estudiantes que vitoreaban a Fidel como si fuera una estrella de rock, como su ídolo. Fue una situación que me dejó el alma encogida, no podía creer que jóvenes de finales de los años 90 siguieran viendo a Fidel Castro como un líder. A 10 años de la caída del muro de Berlín y bien demostrada la incapacidad del socialismo para resolver los problemas básicos de la humanidad, con un catastrófico ensayo como fue el de la Unión Soviética, que significó la muerte de millones de seres y el sacrificio de generaciones enteras que soportaron una humillante vida: lúgubre, triste y aplastada. No podía entender como esos jóvenes universitarios caraqueños seguían encandilados por Fidel y no lo ubicaran correctamente en la historia: como un comunista fracasado, que con el indispensable soporte de la Unión Soviética había tratado de exportar su revolución para medio mundo, trayendo muerte y desolación a millones de familias, al atraer, ilusionar y engatusar a multitudes de jóvenes para “luchar por la revolución”. Frase que pasó a ser una de las más trágicas que ha acuñado la humanidad, ya que está impregnada de sangre, engaños y vil manipulación. En mayo de 2003, en la toma del presidente Kirchner de Argentina, pude ver nuevamente la sanguinaria figura de Fidel. Nuevamente la prensa reseñó que fue Fidel el más ovacionado de los presidentes invitados y por enésima vez sentí esa desazón, de no poder explicar esa idolatría. Siempre he creído que los argentinos son un pueblo con más cultura que los venezolanos y en este caso se aplicaría la faceta de “cultura política”, pero con esa manifestación de admiración a un ser tan perverso, disminuye su status de pueblo culto. El colmo de la inmadurez y estupidez en la historia de las relaciones de Fidel con los dirigentes de América Latina se alcanzó en la XXX Cumbre de Mandatarios de Mercosur (julio 2006) en la que por primera vez Venezuela participaba como miembro pleno. Estuvieron presentes los presidentes de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Como invitados los de Chile, Bolivia y Cuba. ¿Qué tienen dentro de sus respectivas cabezas estos honorables presidentes para compartir su mesa con el más longevo y sanguinario dictador de América Latina? El Protocolo de Ushuaia (julio 1998), uno de los documentos fundamentales de Mercosur dice en su artículo 1º: “La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes del presente Protocolo”. ¿Letra muerta? Los mandatarios de Mercosur no solamente se sientan en la mesa con el dictador Castro, también firman con él un acuerdo de complementación económica, en el cual se deja clara la posibilidad de adhesión. ¿Hasta dónde van a llegar con su ceguera, inconsistencia e inmadurez los señores presidentes?; ¿por qué no se preguntan sobre la libertad de expresión y prensa en Cuba?; ¿cuándo fueron las últimas elecciones libres en Cuba?; ¿han oído hablar los honorables presidentes de los partidos de oposición o del parlamento cubano?; ¿cuántos diarios, estaciones de radio y televisión hay en Cuba, que no sean del sector oficial?; ¿se acuerdan de los 75 opositores pacíficos que en marzo de 2003 fueron a prisión?; ¿cómo es posible que demócratas que surgieron de elecciones libres, estén rebajándose al sentarse y rendirle tributo a un ser que está bañado en sangre de pies a cabeza? Pero la ignorancia y la estupidez no terminan ahí. Al término de la Cumbre de MERCOSUR, unas 20.000 personas se reunieron en Córdoba, en un acto popular para escuchar a Fidel Castro y Hugo Chávez, cuyo lema fue “la integración es nuestra bandera antiimperialista”. La multitud espero varias horas la llegada de los dos presidentes y a su arribo fueron aclamados como ídolos. Fidel subió al escenario en su tradicional uniforme verde oliva, habló tres horas y fue ovacionado por la multitud. Para ubicar a Fidel Castro en el verdadero lugar que le corresponde es necesario realizar un ejercicio de historia que nos permita medir el grado de maldad del tirano de Cuba así como realizar una especie de inventario de los daños morales y materiales ocasionados a lo largo y ancho de toda Latinoamérica, por culpa de su maldita revolución. No hubo país que escapara de la maléfica influencia de Fidel y su corte de barbudos. El primero que sintió su intromisión fue Venezuela, en los primeros años de la década de los 60. Luego sigue una lista que abarca todo el alfabeto latinoamericano, con los casos más relevantes de Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Nicaragua y Granada, países donde los resultados de su revolución pueden traducirse en miles de muertos, millones de vidas truncadas, miseria, dictaduras y en general un atraso con relación al resto del mundo. A diferencia de América Latina, el resto del mundo sí se venía identificando con el modelo de democracia y libre mercado, como el mejor camino para superar la pobreza de los pueblos. En nuestro ejercicio de historia es indispensable hablar de la Unión Soviética, donde la figura más resaltante que nos viene a la mente es la del dictador Stalin, notable entre los malos y arquitecto de la más atroz pesadilla que haya sufrido pueblo en toda la historia. El balance más confiable señala una cifra superior a los 40 millones de muertos y el sacrificio de generaciones enteras que soportaron una vida inhumana durante casi 30 años, hasta su muerte en 1953. Luego de él siguieron otros gobernantes comunistas que también martirizaron al noble pueblo ruso hasta 1988, cuando Gorbachov inicia el proceso de desmontar la estructura comunista e incorporar a Rusia al mundo democrático. Pero a quien quiero destacar es a Stalin como el personaje histórico, cuya inmensa maldad es la única referencia que puede servir para medir la del tirano de Cuba. Si pudiéramos sumar la multitud de cadáveres que ha generado Fidel en Cuba, Latinoamérica y África, estoy seguro que daría una cifra cercana a las víctimas de Stalin. Si se pudiera precisar el número de jóvenes cuyas vidas fueron truncadas, es decir aquellos que no murieron pero abandonaron un hogar, una carrera, en fin un futuro por seguir el cuento aquel de “luchar por la revolución”, esa cifra de vidas truncadas en toda América Latina, con seguridad se contaría por millones de seres que vieron empequeñecer su existencia, al ser manipulados por dirigentes locales, que a su vez eran manipulados por Fidel. Capítulo aparte en esta cuenta de víctimas lo conforma el pueblo cubano, que es la cantera principal de cadáveres de la revolución de Fidel. ¿Quién sabe cuantos miles o millones de cubanos murieron a lo largo de 48 años de tiranía? Observen que estamos hablando de más de 4 décadas, es decir Fidel ha gobernado a Cuba 16 años más de los que Stalin mandó en la Unión Soviética. Adicionalmente es obligatorio señalar que son incontables los cubanos enterrados a lo largo de toda América Latina, miles en África y otros miles en las aguas caribeñas que separan a Cuba de la Florida, cuando buscaban desesperadamente escapar del infierno fidelista. Miles de familias separadas, decenas de miles de presos por el solo hecho de disentir, por escribir y por manifestarse contra la hiena del Caribe. Ahora bien, una vez asimiladas estas razones y estos números (los cuales menciono para darle cuerpo a la maldad, para que nos percatemos de la magnitud de la tragedia), es el momento de preguntarse ¿cómo es posible que hoy en día, cuando la información está al alcance de todos, existan personas que admiren a Fidel? Y no solamente lo admiran sino que lo invitan a su casa en calidad de huésped de honor, a sabiendas de que asesinó a sus hijos. He visto a Fidel pasearse en casi todos los países de Latinoamérica como el invitado estrella, acompañado de las respectivas élites políticas y me pregunto: ¿de qué enfermedad padecemos? En el caso de Venezuela pareciera que la enfermedad es más aguda, no solamente fuimos los primeros en padecer los delirios de grandeza de Fidel de exportar su maldita revolución, allá por lo años 60, sino que ahora, como para cerrar el ciclo, estamos padeciendo del idilio de Chávez con Fidel. Por eso es pertinente, es necesario hacerse estas preguntas: • ¿Cómo olvidar las miles de victimas que dejaron las guerrillas fomentadas por Fidel, tanto del lado de nuestras Fuerzas Armadas como de los imberbes guerrilleros y de la población civil? • ¿Cómo se pueden medir los daños ocasionados por las guerrillas, en toda Latinoamérica, en materia de subdesarrollo, atraso y miseria, al espantar durante décadas al inversionista privado, nacional y extranjero, que era el sector que verdaderamente podía generar fuentes de trabajo y riquezas para el país? • ¿Cómo medir el daño por quedarnos atrás en la historia, al no comprender que se estaba gestando un nuevo mundo, donde la tecnología y las comunicaciones, lo estaban transformando todo, mientras nuestros líderes nacionalistas, izquierdistas y socialistas, encandilados por la maldita revolución, perdían miserablemente su tiempo en reuniones donde afinaban las tácticas y operaciones para acabar con el gobierno de turno y con las oligarquías, esperando que apareciera Fidel o alguno de sus compinches, para mostrarle la mejor de sus sonrisas? • ¿Cómo entender que hoy en día, en el 2006, en el tercer milenio, existan presidentes que idolatren a Fidel, al extremo de que en el caso de Venezuela pasamos a ser chuleados por éste e invadidos por un ejército de supuestos médicos, entrenadores, maestros y asesores azucareros? • ¿Cómo explicar esa idolatría que no solo la sufre Chávez sino toda una legión de “revolucionarios” del sector oficial, que declaran sin titubeos sobre los adelantos y las maravillas de la revolución cubana pero que no explican por qué hay un solo periódico en Cuba, por qué Fidel tiene 48 años como presidente, por qué en las elecciones Fidel saca el 100% de los votos, por qué los cubanos se escapan de la isla para la Florida y no es al revés (los gringos para Cuba), por qué en años recientes ejecutaron a tres cubanos cuyo pecado fue tratar de escapar y luego el encarcelamiento de 75 periodistas y escritores por el solo hecho de disentir, por qué hay tanta miseria en Cuba? • ¿Sabremos algún día qué habría pasado si todo el tiempo empleado y malgastado por las ilusas izquierdas de Latinoamérica en “luchar por la revolución”, con sus consabidas secuelas negativas, se hubiera utilizado en TRABAJAR y ESTUDIAR? • ¿Cómo serían de diferentes nuestros países, cuánto progreso y mejoría en la calidad de vida de los pueblos se habría obtenido, de no haber tenido el estorbo de la maldita revolución y el tiempo perdido que ella engendró? • Podría el eventual lector responder las preguntas: ¿de qué enfermedad padecemos?, ¿invitarías a Fidel a cenar tu casa? |
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