En el parque Washington Square se reúnen artistas, poetas y escritores de todo el mundo. Ubicado en el Bajo Manhattan, este es un lugar en donde la libertad y creatividad resaltan. La bella zona cuya entrada tiene un "Arco del Triunfo", es una parada obligada. En el área convergen los estudiantes de la Universidad de New York. Me detengo a la luz del último verano indio, la grava húmeda, el cielo soleado. Las ardillas traviesas saltan a mi alrededor mientras me pregunto por esos misteriosos caminos que tiene la vida y no dejo de sorprenderme en como esta ciudad es ahora mi hogar. Me dejo relajar para tomarme una foto al pie de Washington y también de la escultura de Giuseppe Garibaldi, el unificador de Italia. Este luchador que alguna vez recaló en Perú impactó en los bomberos peruanos antes de viajar para este lado de New York. Siempre he creído que el uniforme rojo de los bomberos peruanos está inspirado en este Casaca Roja que se enfrascó en varias guerras libertarias.
Es domingo, mi peregrinaje me llevará por varios lugares. No he llegado hasta este parque solo para atestiguar las tertulias entre poetas y cineastas, ni el desborde de la juventud, sino he caminado hasta aquí, para ver uno de los recodos claves del mundo de la seguridad contra incendios. Entre las esquinas de Washington Place y Green, esta el edificio Brown. Lo había estado buscando desde hace varias semanas para continuar mi camino por el sendero de la seguridad humana, era un lugar que durante años ansíe conocer. Pregunté por él en el Museo de Bomberos de New Cork; me defraudaron, no sabían donde estaba, aunque tenían abundante fotografías y material sobre él, que me ayudaron en mi investigación. No podría ser de otra manera, ahí, se escribió una de las páginas más dolorosas de los Estados Unidos, fue el Ground Zero de su tiempo.
El edificio Brown ciertamente no se llamaba así el 25 de marzo de 1911, aunque luce con poquísimos cambios y la National Historic Landmark ha llevado adelante esfuerzos significativos para conservarlo y fueron ellos, ciertamente los responsable de darme las señas para llegar al lugar.
Lo que comenzaría en el bajo Manhattan como una simple excursión de edificios de un trotamundos, me llevaría a meditar tras encontrarme al pie de tres esculturas más, ambas a la orilla del río Hudson.
El Brown Building es ahora parte de las aulas de la Universidad de New York, conocido antes como el Ash Building, ahí existió la célebre fábrica "Triangle Shirtwaist", donde 146 mujeres encontrarían tenebrosa muerte, al no poder escapar de las llamas, y otras 260 resultarían lesionadas. Jóvenes mujeres, inmigrantes, explotadas, trabajando en condiciones infrahumanas. Paulene Pepe, una sobreviviente de la catástrofe, entrevistada en 1986 confesaba tener 19 años cuando esa tarde de sábado el infierno la buscó.
Aquí se gestó la cuna de los derechos laborales, la seguridad ocupacional, las estrategias para combatir incendios en edificios elevados, se inventó la escalera de ganchos que se usó hasta 1996 y se mejoraron decenas de medidas preventivas que trascendieron al mundo.
Con las fotos en la memoria recorro cada parte que puedo escudriñar, el edificio no esta abierto al público. Busco la acera rota que fue impactada por el cuerpo de una desafortunada mujer que desesperanzada se lanzo al vacío. No lo encuentro, todo el piso que originalmente tenía bloques de vidrios para iluminar el sótano ha sido cambiado por cemento. Veo una puerta vieja, me pregunto si será original de la época. Miro la fachada, nada ha cambiado. La fachada está como antes del fuego. Las víctimas son fantasmas. Paso tiempo mirando, pensando, meditando, me marcho al parque para juntar mis ideas y ver mis apuntes. Descubro una vieja foto del parque y aprecio que varias escenas han permanecido inamovibles. Me aborda la extraña sensación de ver lo que aquellas mujeres vieron cada día al ir a trabajar.
He sido un inmigrante en los últimos años, un auto exiliado, un asilado de la pobreza. No puedo dejar de identificarme con la huelga que iniciaron estas mujeres en contra de los bajos salarios, de las condiciones de hacinamiento, ventilación. De su partida del terruño por un lugar mejor, más próspero, donde poder expandir su creatividad, su vida.
Aquí, surgieron líderes del movimiento femenino como Lilian Ward y mientras reviso la experiencia me tropiezo con un diario que informa de los incendios en Francia. ¿Qué diferencia existe entre lo que provocó la hoguera en el "Triangle Shirtwaist" y la fogata francesa? Inmigrantes, imposibilidad de acceder al sueño prometido, maltrato, diferencias abismales entre una clase y otra. Una a la que nada puede acceder y otra que lo tiene todo para derrocharlo.
Sigo leyendo sobre los incendios franceses y belgas y no puedo dejar de pensar en aquella silueta negra, propia de un africano con quien trabé breve conversación en la estación Chamartín al norte de Madrid. Venia de Francia, tratando de quedarse en España, allá había estado 10 años sin poder lograr una residencia legal, no había amnistía, forma alguna de entrar al sistema. Había escuchado que en España era más fácil. Le di la razón. Pienso en los africanos que se arrojaron contra la valla en Ceuta, pienso en las Torres Gemelas; en su momento publiqué mi interpretación, esta era como la caída de la Bastilla. Un mundo se rebela, se estrella contra la riqueza desde el despojo.
Horas más tarde voy a Battery Park a disfrutar de la brisa marina. Tengo muchos apuntes que transcribir. Encuentro dos respuestas. Ahí convergen tres esculturas; no creo que se haya pensando en el simbolismo que atraen. Una es el famoso "Toro" que prioriza desde 1989 el ímpetu de Wall Street. La segunda se llama "Inmigrantes" es un juego menudo de desarrapados que llegan con una mano delante y otra atrás. Piden y bendicen la tierra que los acoge. Llevan consigo una diminuta talega y enormes sueños. Si se convierte en desilusión, si la promesa de progreso se incumple, serán letales fuerzas las que un país acumule contra si. Francia y Bélgica apenas son el conato de algo que puede extenderse por todo el mundo desarrollado.
Justamente delante de este trío, está la escultura del "Mundo Roto", como lo bautizó mi esposa. Su antiguo jefe Philip, un experto en arte, fue quien la vendió a los propietarios del World Trade Center, "La Esfera" del escultor italiano Pomodoro, es la escultura que durante 30 años engalanó a las Torres Gemelas. Para mi esposa es una sorpresa encontrársela aquí, ignoraba se hubiera recuperado del World Trade Center. Ahora esta escultura esta llena de significado, originalmente fue concebida como un tributo a la paz mundial, ahora luce con daños significativos.
Supongo que la paz suele romperse, pues es artículo frágil, pero puede arreglarse. Esa lectura se desprende de un enriquecido monumento.
Obtuvimos lecciones provechosas del incendio en el Ash Building, esperemos ver que sacamos de positivo de los incendios en Francia. La advertencia queda clara, la fórmula funciona siempre, en pequeñas o grandes cantidades, solo es necesario que se dé en las proporciones adecuadas. Lo hemos visto tanto en el "Triangle Shirtwaist", como en Francia.