Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y Análisis

¿Nos espera otra guerra fría?
Óscar Gómez

 
Viernes, 22 de diciembre de 2000

Foro sobre los caminos europeos

Texto Completo del Tratado de Niza (en formato pdf)


La recién finalizada cumbre de Niza, para jefes de estado y de gobierno, ha supuesto un importante paso adelante en la consolidación política de la Unión Europea. Una cumbre a la que los quince acudían con el claro compromiso de sentar las bases para el autogobierno de la alianza del viejo continente. Pese a las discrepancias previas entre Francia y Alemania, que a priori hacían temer por el buen término de la reunión ejecutiva de los máximos mandatarios europeos, esta ha constituido un éxito por haber satisfecho de forma relativamente equitativa las pretensiones de los estados miembros.

Así, Alemania afianza su posición de poder en la Unión, pero con una fórmula magistral que no atenta contra el orgullo galo. Asimismo, los efectos colaterales de la cumbre han beneficiado de forma sustantiva a países como España, Italia y el Reino Unido, que han visto multiplicado su poder en Europa.

La nueva situación política afecta de manera directa a los límites orientales del continente, por cuanto supone el comienzo de la apertura de la puerta tras la que esperan su entrada un total de doce países. La estrategia aperturista hacia las fronteras del Este de los quince ha sido bien clara: antes de permitir la entrada a países con una tradición de inestabilidad como la República Checa o Rumanía, había que lograr una absoluta inmunidad de los estados miembros a la contaminación política e ideológica que podía penetrar desde las naciones que en su día estuvieron tras el telón de acero.

Y es que, tras la implantación a partir del 2002 del Euro como moneda única europea (ya se verá, porque de momento parece inviable), una de las principales materias a tratar en el seno de la UE será la de su defensa común. Ya se han comenzado a tomar medidas y a constituir comisiones al respecto, como la que trabaja hace meses en la creación del Estado Mayor europeo.

Por supuesto, antes de adoptar resoluciones en firme, habrá que consultar al gigante militar mundial: la OTAN, con importantes y numerosos intereses en el territorio virtual de la Unión. Aquí comienza el problema: por suerte o por desgracia, si bien haciendo un poco de demagogia me inclino más por la segunda opción, la nómina de miembros de ambas organizaciones no son coincidentes. Por una parte, la solicitud de ingreso en la Unión ha de ir acompañada, entre otras cosas, por un certificado de residencia en Europa del país aspirante, mientras que para formar parte de la alianza atlántica, ni siquiera ha de estar abierto al océano que le da nombre. Son otros, en cambio, los factores decisivos a la hora de facilitar o no el acceso: en el caso de la UE, el candidato a ingresar en sus filas ha de demostrar su estabilidad política, y la relevancia en la organización estatal de los derechos fundamentales de los ciudadanos que lo integran. Para la OTAN, el factor más valioso es, amén de la situación estratégica del territorio, la coincidencia (o cuando menos la no discrepancia) en términos políticos con el promotor y principal exponente de la alianza: Estados Unidos.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que Francia, uno de los estados que se queda con mayor poder de decisión en el nuevo orden interno de la Unión, abandonó en su día la estructura militar de la OTAN, estamos asistiendo a la configuración de una nueva situación militar mundial en la que habrá alineados y no alineados, como en tiempos de la existencia del Pacto de Varsovia, y además doblemente alineados. Mientras ambas organizaciones tengan intereses comunes, no pasa nada. El problema puede llegar, poniéndonos un poco agoreros, cuando por circunstancias de repercusión mediática, ambas decidan actuar sobre la misma zona afectada por el totalitarismo, por ejemplo. O por ejemplo, cuando Turquía haga valer su condición de miembro de la OTAN para presionar a los quince y forzar su entrada en la Unión.

Son muchos los aspectos a analizar, pequeñas grietas en ambas estructuras que, caso de no taparse convenientemente, podían dar al traste con las pretensiones cohesionadoras de sus líderes, y desembocar, siguiendo en una línea agorera, en el desencadenamiento de una nueva guerra fría a uno y otro lado del Atlántico norte. Y esto, lo queramos o no, supondría la realización de absurdas y multimillonarias ¿inversiones? en materia armamentística, a fin de amedrentar y mantener a raya al otro bando. Como consecuencia entre otros efectos contraproducentes, la merma de los fondos estructurales de la Unión Europea, que por cierto, conviene recordar que un día tuvo el nombre de Comunidad Económica Europea. ¿No sería mejor, como decía aquel, quedarnos como estamos, dejar que nos defienda la OTAN, y no desproveer así de sentido a la concentración económica y política de estados europeos?

gomez_oscar@mixmail.com

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.