Prólogo
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En estos últimos doce meses he mantenido correspondencia con varios amigos y conocidos sobre temas de la actualidad política y económica. En alguno de estos temas hemos coincidido en la apreciación o por lo menos las divergencias no han sido substanciales. En otros los argumentos han sido bien
acalorados e inclusive casi opuestos en las conclusiones individuales. No ha habido un tema más candente que el tema de los EE.UU. y su visión que éste tiene del mundo, su manera de obrar ante éstos y los efectos que estos tienen en la
colectividad global.
En este corto ensayo he querido plasmar mi visión sobre lo que denomino: el problema estadounidense. Los Estados Unidos de Norteamérica durante años han sido vistos, y sus actuaciones dan fe a tal afirmación, como los salvadores y garantes de las libertades individuales. Han sido un ejemplo a seguir de su
sistema democrático y económico. Su manera de obrar por el bien del mundo será sin duda un paragón en la historia de la humanidad y que tuvo su apogeo durante la Segunda Guerra Mundial y en buena parte de llamada guerra fría. Aunque sus
abusos e intromisiones durante la última parte del siglo XX ha sido lo que ha llevado a los EE.UU. a convertirse en un factor de impedimento de la paz y de las libertades en el comienzo de este nuevo siglo.
El fatídico 11 de septiembre ha sido quizá el acto catalizador más desestabilizador que ha ocurrido para la paz mundial y las libertades individuales. Este acto de guerra, calificado de terrorismo por los EE.UU., ha repercutido sobre la manera de
actuar del gobierno estadounidense ante el mundo. Ha enloquecido al gigante y lo ha cegado de tal manera que el mundo entero se ha convertido para ellos en un problema; pues ven a los demás como a sus enemigos ya que creen que
aquellos les envidian su forma de vida. Y que el 11 de septiembre fue una consecuencia de la envidia del mundo a la forma de vida estadounidense. Sin percatarse que es precisamente lo contrario; es decir, que la actitud de los EE.UU.
hacia el mundo de querer imponer su voluntad a los demás es quizá lo que haya provocado un acto tan horrible como lo acaecido en la ciudad de Nueva York.
Por otro lado la descomposición enraizada que está carcomiendo los valores esenciales de la sociedad estadounidense se ha hecho evidente en los hechos de
corrupción de las altas figuras corporativas, que son sólo comparables a la corrupción endémica que tanto daño les hace a los países latinoamericanos. Esta corrupción no es percibida en su completo realismo, y como ejemplo puedo citar lo
declarado recientemente por el Sr. Otto Reich, alto funcionario de la administración de Bush, para el diario El País: “la corrupción......es el principal obstáculo para la democracia y el desarrollo económico” y más adelante subrayó, “vamos a
premiar a los países que tengan un sistema democrático y a los
que sigan nuestras políticas económicas”. Estas declaraciones son un testimonio de un autoengaño, pues no perciben que la descomposición social a la cual se refieren y que entraban el desarrollo económico y democrático de los países
latinoamericanos, es la misma que padecen ellos.
Si los EE.UU. no ha realizado que la simbiosis democracia capitalismo ha llegado a su fin y que ahora más que nunca es necesario poner en plaza a un sistema democrático reforzado que no sólo legitime al sistema sino que además se escudriñe y se baraje nuevas ideas con el propósito de fundar una nueva
democracia con énfasis en la libertad individual y una participación ciudadana más directa. Pues la democracia participativa empieza a tener vicios de cansancio ideológicos con tintes dictatoriales. Si el capitalismo no se deslinda del
combo capitalismo igual a democracia, estaremos entonces próximos a perder ambos sistemas. Es imperativo que el capitalismo esté al servicio de la democracia y la democracia al servicio del pueblo, pues de seguir con la democracia bajo la
servidumbre de un capitalismo deformado perderemos con seguridad lo mejor de ambos sistemas. Si esta nación que nació bajo los ideales de la individualidad y de la libertad no empuña de nuevo esta bandera será fácil augurar una etapa obscura a los principios de la libertad individual.
Estas inquietudes y preocupaciones por el devenir del mundo y
otras que no he expresado ya sea por la imposibilidad como escritor de plasmar con exactitud estos sentimientos, ha sido lo que me motivó a escribir cartas a mis amigos; que luego consideré más apropiado en realizar un compendio de ellas y
escribirla en forma de una carta abierta dirigida a todos por igual.
Texto de la Carta Abierta
Que agradable es tener amigos como ustedes que promueven argumentos sobre tópicos que están en plena palestra pública, pues sé que podemos razonarlos desde puntos de vistas diferentes e inclusive vanguardistas. Quizá por un lado
nuestros estudios en Latinoamérica, en los EE.UU. y en el viejo continente, y el haber laborado en ambos lados del Atlántico, así como tener amistades de diferentes nacionalidades, es los que nos hace a nosotros privilegiados en nuestra manera de observar el mundo.
Sobre los EE.UU. y su amor por Jefferson y otros grandes pensadores estadounidenses que bien mencionan del siglo XVIII y XIX, es a mi criterio lo que ha llevado a éstos a pensar que son los bienaventurados de Dios. No hay que olvidar que las ideas jeffersonianas sobre la esclavitud benevolente es una de las
ideas equivocadas que está engranada perniciosamente en la política exterior de los EE.UU. y que por consecuencia suscitan tanto rechazo en el resto del mundo.
En los EE.UU. hay dos países que conviven mutuamente, uno es el país que creen ser los únicos forjadores de la libertad, de los principios morales, y de las creencias religiosas. Estos les hace creer que Dios sólo les pertenece a ellos y que todo el mundo les envidia su forma de vida y que hacen de éste un país mesiánico
y misionero. El otro es el país verdadero, el país hipócrita donde las libertades no son tales pues todos desconfían de todos a tal punto que es un país secuestrado por el poder judicial. Y no hay mejor ejemplo que las últimas elecciones presidenciales que fueron decididas con argucias legales y no por el voto. Un país
de principios morales virtuales. Si mal no recuerdo, los estadounidenses no se inmutaron ante un comportamiento desapropiado del anterior inquilino de Casa Blanca, pues como la economía hacía ricos de papel a un sector de la población,
entonces dichos principios morales podían ser arrimados hacia a un costado y obviarlos a sus conveniencias. Estos comportamientos poco éticos se observan en todo el espectro de la sociedad y de sobremanera en los estratos pudientes y
gubernamentales. Basta con sólo observar el comportamiento de los altos ejecutivos de las grandes corporaciones que se lucran sin cesar sin ser ellos los dueños en detrimento de los accionistas. No contentos con esto, éstos mismos estafan a millones de personas, Enron, World Com, Global Crossing y
McLeodUSA a título de ejemplo, sin castigo apropiado para dicho comportamiento.
La pobreza que creció desmesuradamente el año pasado, al ubicarse en el 12% de la población, es decir, 33 millones de personas que pasan hambre y quién sabe a cuánto ascenderían al cierre del año en curso, y que al resto de la población les
viene a menos pues la mayoría desconocen de estas estadística y si las conocieran no se inquietarían mientras ellos no formen parte de éstas.
Sobre Dios o sobre los dioses, ¡qué decir! Golpes de pecho, muchas sectas religiosas y al final, todo el mundo para sí mismo. ¿Y qué decir sobre la influencia religiosa fundamentalista en el actual gobierno estadounidense? Pues
que es la misma que tanto éstos critican a los países árabes y
países islámicos.
Regresando al tema de Latinoamérica de que exculpamos nuestras faltas y males utilizando a los EE.UU. como el ser expiatorio. Si hay efectivamente un grupo de latinoamericanos articulista y escritores como, Álvaro Vargas Llosa, Plinio
Apuleyo Mendoza y Carlos Montaner, e intelectuales como el
venezolano Carlos Rangel que han desarrollado dicho tema. Por cierto, fue éste último quien esbozó con claridad dicho argumento en su libro: “Del buen salvaje al buen revolucionario”. También hay los académicos, como Ricardo
Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard, que por cierto no puede escurrirse de la responsabilidad que tuvo en el fracaso del corrupto gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Todos estos tienen en común que se cobijan bajo un sistema que creen conocer y a una ideología que ha sido a la postre contraproducente para los países en desarrollo. Pero también llos hay quienes no comparten tales ideas, entre ellos los eminentes profesores Noam Chomsky y Francis Fukuyama, intelectuales de reconocimiento mundial. Pero aun apoyándonos sobre las ideas de estos pensadores latinoamericanos es imposible no percatarse del daño que ha causado los EE.UU. con sus continuas interferencias en Latinoamérica. No hay que
remontarse muy lejos en la historia para entrever como los EE.UU. fueron cómplices del mantenimiento y promoción de la dictadura de Somoza. El impulso que le dio a Panamá para que hiciera secesión de Colombia con el objeto de la construcción del
canal. El derrocamiento por medio de la fuerza del presidente Allende y la instauración de una dictadura feroz por 17 años barriendo al traste la ejemplar y larga tradición democrática en Chile. Sin menoscabo al éxito que tuvo la dictadura en materia económica. La supuesta promoción y asistencia al reciente fallido golpe de Estado en Venezuela. La complicidad con los corruptos ex presidentes mexicanos. Tampoco podemos olvidar el sostén de las dictaduras sangrientas de Guatemala. La acogida de presidentes corruptos latinoamericanos en suelo
estadounidense. Imposible de borrar de la memoria la creación y el sostén económico y material al movimiento subversivo de los contra-nicaragüenses que dio origen a una guerra civil sin proporciones en un pequeño país. Esto nos trae a acolar el caso Irán-Contra que destapó el pudrimiento ético del gobierno de
turno. O cuando leemos en la revista Foreign Affairs “que es necesario desestabilizar a un gobierno libremente electo nacionalista para conseguir la estabilidad”. Etc., etc., etc.. Me imagino que habrá que ser muy inteligente para comprender la lógica de este razonamiento.
Si lográramos descomponer las actuaciones de los gobiernos estadounidenses veremos entonces la diferencia que existe entre el país que sus ciudadanos creen tener y el verdadero país. Pongamos como ejemplo los estupefacientes. El gobierno
hábilmente ha convencido al pueblo que el problema de la droga ilícita yace en los países productores y por tanto hay que combatir esta maldad fuera de sus fronteras. Siguiendo esta lógica entonces nos lleva irremediablemente en la búsqueda de unos culpables y quienes son éstos: los colombianos. Éstos son
los malvados, los traficantes, los sucios, los dañinos. Eso sí, los estadounidenses son la gente buena, los que hay que salvar de las garras de estos malvados. Por tanto, los mayores consumidores de drogas ilícitas del mundo y los que demandan
sus dosis diarias de artificialidad no son culpables de sus propios actos.
Entonces debemos preguntarnos: ¿por qué en vez de combatir este mal en su propio país tienen que trasladar este combate a otros países para solucionar sus problemas? Esta pregunta nos lleva necesariamente al tema económico de la droga.
Primero está en garantizarse la venta masiva de armamentos y otros
productos estadounidenses. Luego en lograr una influencia suficientemente permisiva que lograría con esto una disminuida independencia política y de soberanía colombiana cuyo efecto tendría beneficios geopolíticos para los EE.UU. Si mañana hubiere un incremento en el sentimiento antiyanqui en Colombia espero que esto no cause sorpresa en los EE.UU. También, no tenemos que ir muy lejos para encontrar otra respuesta. Al transitar por la avenida financiera de la ciudad de Miami, a título de ejemplo, avispamos decenas de edificios lujosos y en cada uno de ellos se abrigan a decenas de bancos, tantos de primer piso como de segundo piso, que sirven y están al servicio, en su mayoría a servicios bancarios legítimos, pero
otros tantos al lavado del dinero de la droga y de la corrupción.
No sólo son estos minúsculos bancos o los bancos de papel, sino también lo son los grandes bancos que ayudan a muchos de éstos con artimañas financieras. ¿Por qué no ha habido castigo? Pues debido a que el concepto dominante en la moral
estadounidense es el dinero. Estos bancos generan mucho dinero que se invierten en los EE.UU. en bienes raíces, en bonos del gobierno estadounidenses y exportaciones entre otras inversiones
Ahora el tema de actualidad: Irak y el terrorismo. Resulta que ahora Irak es el responsable de todos los males estadounidenses. Los estadounidenses realmente se han creído el cuento del lejano oeste, pues el fracaso evidente de la lucha
contra el terrorismo, el cual ha resultado un enemigo elusivo y difícil de roer, depende ahora de un nuevo enemigo y quién más sino el viejo enemigo Irak. Por amor a Dios, ¿qué persona pensante se puede creer esto? Resulta que fuera de la revancha que el hijo quiere hacer por su padre, lo que está en juego es el
petróleo. Irak es el segundo país con las mayores reservas petroleras del mundo y por tanto el tesoro a obtener es sustancioso. Una victoria decisiva en Irak implicaría poder enfrentarse y deslastrarse de Arabia Saudita que ha resultado
un enemigo de los EE.UU.,pues las evidencias de sauditas en la
financiación a Bin Laden es cada vez más clara.
Así puedo continuar enumerando caso por caso hasta llegar a las alianzas internacionales. Por ejemplo, ¿quiénes son los mejores aliados de los EE.UU. en el Medio Oriente? Primero en la lista, Israel cuyo gobierno practica la limpieza étnica con su política de colonización y destrucción programada de la humildes casas palestinas, y el sustento ciego que éste recibe por parte de los EE.UU., tanto en lo moral, en lo diplomático como en los auxilios financieros militares. Apoyo que genera un rechazo mundial y que ante los ojos del mundo son vistos como
un país sin principios nobles. Quizá habría que hurgar aquí para encontrar otra de las causas del por qué del 11 de septiembre.
Luego está Mubarak, un dictador con más de veinte años ejerciendo su dominio en Egipto. Le sigue Arabia Saudita, uno de los países más corruptos del mundo con su libertad al estilo del Talibán y con una extraña alianza con Al Qaeda que
hábilmente niegan con subterfugio. Y por último está Pakistán, el aliado en la lucha antiterrorista, Pervez Musharraf, dictador militar. Aunque éste decida quitar el gobierno, pues como jefe militar de Pakistán siempre será a quien se deba consultar.
Todo esto nos lleva a preguntarnos:¿Cuáles son entonces los ideales de la libertad y moralidad que pregonan los EE.UU.?
Para terminar es imposible de obviar en concluir que los EE.UU. mantienen un discurso de doble moralidad. Veamos la postura de total displicencia que manifiestan hacia las instituciones internacionales tales y como: la Corte Penal Internacional, el Tratado de Kioto y el Convenio contra la Tortura. Ninguno de
estos, hasta dónde llega mi información, han sido suscritos o ratificados en todo su contenido por los EE.UU. Todo esto aunado a los cientos de prisioneros que mantienen en el campo de concentración de Guantánamo y a los cuales se les han
negado todos los derechos humanos, inclusive los más básicos como son los derechos de la Convención de Ginebra.¿Podemos dignamente entonces gritar como en otrora, viva la libertad estadounidense?
Con respecto a la constitución y sus cambios o el número de ellas o si la hay o no. Eso no es de importancia para catalogar a un país el grado de éxito que tiene o no como país. En Francia han habido muchas constituciones y eso no ha traído
desprestigio a Francia. En el Reino Unido no existe una constitución escrita y esto no ha sido tampoco un impedimento para el desarrollo del país.
Para finalizar debo decir que siento un vacío sentimental sobre lo que había sido hasta hace poco un país que había aprendido a querer y que tenía como ejemplo a seguir desde mi juventud, pues allá me había educado. No hace poco éste había sido un país que contribuía a la paz mundial y que actuaba con sinceridad en la búsqueda de un bienestar para todos los habitantes del planeta. Un país que se enfrentó y combatió con seriedad a las ideas totalitarias. Pero ahora se ha convertido en todo lo contrario. Es decir, en un país que es un impedimento
para la libertad y paz mundial. Hasta la legitimidad del país como fuerza ética que rige el mundo en su condición de potencia ha sido perdida quedando como un imperio que utiliza su fuerza con el propósito de la búsqueda de su bienestar y seguridad propia a coste de los demás. Y parafraseando a Emmanuel
Todd, conocido ensayista francés, “los EE.UU. fueron los garantes de la libertad política y económica durante los últimos cincuenta años y que eran la instancia para la búsqueda de soluciones, pero hoy en día se han convertido más bien un
factor perturbador en el orden internacional.”
Bueno mi queridos amigos, que pena que no estemos más cerca
los unos de los otros, pues me encantaría conversar con ustedes en estos momentos cuando la situación mundial está tan conmocionada que aparenta que estuviéramos al filo de un acontecimiento de grandes proporciones. Por cierto con respecto a las estatuas y la no reverencia de los estadounidenses a
éstas, no se olviden de visitar la ciudad de Washington con sus monumentos majestuosos a Lincoln y Jefferson. Quizá sería entonces prudente pedirle al pueblo estadounidenses y a sus actuales líderes ciegos de visión futurista humanista un poco más de reverencias a éstas. Pues de lo contrario, quizá estemos viviendo el principio del fin del imperio.
Epílogo
Quizás peco de ingenuidad en no querer ver el mundo bajo la óptica acostumbrada y que sea un hombre cuyos principios de libertad pertenezcan a la ideología de Adam Smith del siglo XVIII o a una utopía propia en todo caso. De ser así entonces me confieso culpable de esto pues ver la realidad plasmada y tener la valentía de expresarla me libera de mis compromisos ante la humanidad. Lo contrario sería callar y esto sería insoportable.
Para algunos seré un soñador empedernido, para otros un iluso, pero en todo caso la corriente del pensamiento único nos están llevando a un mundo de robots, tengan o carezcan éstos de espíritu, y permitir esto sin siquiera alzar una tenue voz me haría cómplice de un pensamiento ideológico equivocado que está llevando al mundo por un camino sin libertad. Es entonces imperativo que los amantes de la libertad trabajemos por un futuro donde la libertad individual sea el motor de la nueva sociedad que se está gestando en los albores del siglo XXI y
que no permitamos que sea secuestrada por un puñado de personas amantes de la guerra que manifiestan ideologías extremistas que son peligrosas para la paz mundial y las libertades individuales.
Paris, 20 de noviembre de 2002
Alejandro López de Haro R. es ensayista, poeta y fotógrafo artístico.
Notas Finales
“Normally things in life are not as simple as choosing between black and white. On one extreme we have the gloomy world of Charles Orwell’s 1984 novel. On the other extreme we have the high ideals of Adam Smith. As we all know, between these two extremes there are an infinity gradations of grays. But, in matters of freedom there aren’t middle grays. The choices are only between these
two extremes. I know which path I have chosen to follow. These are the new old challenges for the new generation”. De Alejandro López de Haro R.
« Soit il y a liberté…, soit il n’y a pas. Croire ou faire croire qu’il y a une troisième possibilité à cette alternative es un leurre. » De Jacques Amalric. Editorial del diario Libération. París, 4 de octubre de 2002
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