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Sección: Internacionales
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Lo de Chile
Eduardo Casanova
Miércoles, 20 de enero de 2010
Lo de Chile me interesa. No el resultado en sí, sino todo el proceso. Hubiera preferido, en lo personal, que ganara Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y creo que habría hecho un buen gobierno, tal como lo hicieron Patricio Aylwin, el mismo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Pero la mayoría dispuso otra cosa y eso es parte de lo interesante: a nadie se le pasó por la cabeza irrespetar la decisión de la mayoría ni amenazar con guerras apocalípticas o desastres peores que los terremotos. El discurso de aceptación de su derrota de Frei fue impecable. Y mejor aún el de Ricardo Lagos, en el que dijo que los de la Concertación se van del poder con la frente en alto, que es algo que todo el mundo entiende, porque lo hicieron muy bien. Y el del triunfador, Sebastián Piñera, no se quedo atrás en grandeza. Hasta dijo que llamaría a cargos de gobierno a los que hasta ayer fueron sus rivales, que no sus enemigos. Y un ejemplo formidable de decencia fue el diálogo telefónico que sostuvo con la Presidente Bachelet, con sonrisas en el rostro todo tipo de cortesías. Eso es la democracia: respetar la voluntad de la mayoría y respetar a los adversarios. Otro aspecto importante de todo el proceso fue la irrupción en el debate de Marco Enríquez-Ominami, hijo de Miguel Enríquez, el médico de ideas extremas, Secretario General del MIR, que luego del golpe de Pinochet se negó a asilarse y trató de continuar la lucha revolucionaria hasta que fue eliminado por la DINA el 5 de octubre de 1974. Marco (Marco Antonio), de 37 años, es hijo de Manuela Gumucio, que luego de la muerte de Enríquez se casó con el socialista Carlos Ominami, cuyo apellido agregó al propio el joven Marco, que con el tiempo se hizo licenciado en filosofía, cineasta y político. Para su irrupción es fundamental el hecho de que la selección de Frei fue hecha por pactos entre dirigentes y no por primarias, lo que generó muchas dudas. Como genera dudas el porvenir tanto de la Concertación como de Enríquez Ominami, cuya relación con la Cuba de Castro y la Venezuela de Chávez no auguraría nada bueno para Chile, que ya pasó por el espantoso trauma de Pinochet. Es cierto que la Concertación empezaba a parecer acartonada, y de allí ese extraño fenómeno de que cuando la Presidenta Bachelet tiene un 80% de aceptación, su candidato no alcanzara el 50. Ojalá que Piñera no resulte un Berlusconi, y que todo lo que ocurra sea para bien de Chile. En fin, lo de Chile me interesa mucho. Tengo familia en Chile y los quiero mucho. Y quiero y respeto al pueblo chileno, que se ha convertido en el más avanzado de toda nuestra América. Por algo será.
uno@eduardocasanova.com
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