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Sección: Internacionales
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El honor militarRicardo BelloDomingo, 15 de junio de 2008
La tradición militar suele ser imponente. Basta con ir al Patio de Honor de la Academia en Fuerte Tiuna para sentir la presencia de la historia, vibrante el ejemplo de los próceres que formaron nuestra nación. El decoro y la honradez, la disciplina y la entrega de la vida, literal o metafóricamente, a principios que están por encima de intereses individuales, conforman un código de principios inviolables que nutren lo mejor de la tradición castrense. No mentir, ni engañar o robar; ser respetuoso con los oficiales superiores y subordinados; comprometerse con la institución sin el resquicio de una duda a fin de satisfacer las exigencias del honor. Tales son los altos valores que el mundo militar transmite a los cadetes que ingresan año tras año a diferentes escuelas a todo lo ancho del mundo. Annapolis, Conejo Blanco, o la Escuela General José María Córdova, todas las academias aspiran a formar íntegramente a sus futuros Oficiales. Y se preparan para la guerra, prueba definitiva del coraje y los principios que lo sustentan. Quizás no sea esta precisamente la imagen del militar venezolano que ha prosperado – literal y metafóricamente – estos últimos años, pero es el retrato de una vocación que exige mucho y muy de vez en cuando, devuelve poco. Es importante recordar esta tradición porque un Oficial de la Marina norteamericana, un piloto de guerra que voló misiones en Vietnam antes de ser derribado en octubre de 1966 por misiles SAM de fabricación soviética, mientras bombardeaba una fábrica de armamentos, podría ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. El avión de McCain, un ágil y rápido A-4 Skyhawk, fue alcanzado mientras soltaba sus bombas, a pesar de los equipos electrónicos que advertían un peligro inminente. Duró varios años prisionero, fue torturado salvajemente y obligado a confesar crímenes para satisfacer una campaña mediática. Fundamentalmente porque su padre, el Almirante John S. McCain era el Comandante en Jefe de todas las fuerzas militares norteamericanas en el Pacífico; el propio General Abrams, que coordinó las operaciones militares en Vietnam entre 1968 y 1972, era su subalterno. Como prisionero de guerra, el joven McCain era más valioso que muerto. Narró en una buena autobiografía su formación militar y la historia de su cautiverio en Hanoi. El libro, titulado Faith of my Fathers, constituye un elemento importante a ser tomado en cuenta para entender la personalidad de uno de los políticos más influyentes en Washington. De obligatoria lectura, diríamos, para la Cancillería o quienes pretenden sustituir a este gobierno por otro más sensato y competente. Su defensa de la Guerra de Irak y el análisis político de la derrota de Vietnam, explican las condiciones que a su juicio deben acompañar al descomunal esfuerzo nacional que implica una confrontación bélica. Pensar en una invasión de tropas militares americanas a Venezuela, no es sólo locura, sino una ridiculez estratégica. Una de las desventajas de McCain es su edad. Cumplirá 72 años tres días antes del inicio de la Convención Republicana. Y si bien es cierto que Winston Churchill fue Primer Ministro a los 76 años, que Charles de Gaulle era presidente a los 78 o que Mandela lo fue a los 75, nunca antes había tenido los Estados Unidos un hombre tan maduro y experimentado en la Casa Blanca. Es su debilidad y también su gran fortaleza. Además, fue diagnosticado hace unos años con un melanoma, un forma invasiva de cáncer, del cual se curó, pero justamente, esa historia médica obliga a tomar muy en serio la figura del Vice-Presidente. Es un gran candidato y Obama, de apenas 46 años, tendrá que pelear muy duro para derrotarlo. |
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