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Opinión y Análisis

Los eventos geopolíticos más trascendentes del año
Roberto Palmitesta D.

 
Jueves, 27 de diciembre de 2001

El primer año del siglo XXI ha destruido muchas expectativas de que el nuevo milenio iba a ser más pacífico y próspero que los anteriores, a juzgar por la guerra mundial contra el terrorismo y la fuerte recesión global. A esto se suma las persistentes guerras civiles en Africa y Colombia, la inestabilidad política en el Oriente asiático y Latinoamérica, junto con fuertes tensiones en el Mediano Oriente. Como en años anteriores, ofrecemos a continuación un resumen de la decena de hechos que consideramos más relevantes en el plano geopolítico.

Sin duda el evento más dramático del año lo constituye el espectacular y brutal ataque terrorista contra EEUU, con un saldo de miles de víctimas inocentes y la destrucción de edificaciones emblemáticas del comercio y la defensa. Como se sospechaba, detrás del mismo estuvo la red terrorista islámica, liderada por el grupo terrorista Al Qaeda, con la evidente connivencia del gobierno Talibán de Afganistán. Todos los indicios apuntan al elusivo Bin Laden, quizás la persona más buscada del momento, con 25 millones de dólares sobre su cabeza, y que sigue como fugitivo en las montañas afganas u oculto en un país vecino. Mientras tanto el terror ha seguido azotando varias ciudades norteamericanas a través de misteriosas cartas con funestas esporas de ántrax, cuyo origen todavía es un misterio, pero que por la coincidencia con los ataques suicidas se suponen parte del mismo plan de extremistas islámicos. La economía norteamericana ha sufrido un fuerte golpe con este hecho, alejando el turismo no sólo del país sino en muchas otras partes del mundo, y contribuyendo en forma significativa a la recesión económica que sufre prácticamente todo el planeta, un hecho muy relevante en sí mismo ya que se trata de la mayor crisis económica global desde mediados de los años 70.

El derrocamiento del régimen Talibán en represalia de los ataques, constituye un hecho trascendente, ya que se sabía que este grupo radical -que tomó el poder en 1996- , cobijaba a grupos terroristas que operaban en el Cáucaso, el Mediano Oriente y el Subcontinente indio, además de financiarse mediante el cultivo de plantas estupefacientes, así como el tráfico de drogas y armas. Al mismo tiempo representaba uno de los regímenes más represivos y oscurantistas del mundo, por su peculiar interpretación de las enseñanzas del Corán, y mantenía una fuerte discriminación contra las mujeres del país. Después de recibir la virtual declaración de guerra de Bush, una coalición anglo-norteamericana se dirigió al Océano Indico, a Pakistán y a las repúblicas al norte de Afganistán, para rodear a este último país y apoyar las fuerzas insurgentes de la Alianza del Norte con nutridos bombardeos, acciones que finalmente hicieron rendir a los ejércitos Talibanes. Con el auspicio de las potencias occidentales, se formó un gobierno provisional de ancha base, con la promesa de ayuda económica para su reconstrucción, esperándose que este cambio traerá una disminución del terrorismo en todo el mundo y se inicie una época de modernización en la atribulada nación asiática, casi totalmente destruida después de las recientes guerras civiles e invasiones foráneas.

La intensificación de las hostilidades en la zona de Palestina ha ocupado diariamente los titulares de la prensa, debido no sólo a los sangrientos atentados terroristas contra Israel sino a las represalias que éstos provocaron contra objetivos palestinos y de organizaciones extremistas que operan desde ciudades controladas por la Autoridad Palestina. La reciente Intifada ha causado más de un millar de muertos, la mayoría palestinos, mientras las violentas protestas cotidianas enrarecían el ambiente y dificultaban el reinicio de las conversaciones de paz, suspendidas desde septiembre del 2000. El gobierno derechista de Sharon, ha respondido enérgicamente a los sangrientos ataques suicidas en centros poblados de Israel, que causaron un apoyo creciente de la población judía hacia su línea dura, según la cual se pretende seguir controlando Cisjordania y Gaza para resguardar la seguridad del país. La autoridad de Arafat se vio disminuida durante este período, pues los grupos terroristas han aumentado su popularidad ante la fuerte reacción militar de Israel, lo cual ha llevado a un ciclo de desconfianza y violencia que hace pronosticar la radicalización del conflicto. Asimismo, se prevé una creciente inestabilidad política en todo el Mediano Oriente, potenciada ahora por la guerra al terrorismo declarada por EE.UU., que amenaza con involucrar a países que han apoyado el terrorismo en el pasado, como Iraq, Siria, Libano, Irán, Sudán, Somalia, Libia y Yemen. Todo esto, mientras la superpotencia mundial se apresta a mejorar sus relaciones con los países árabes moderados para facilitar la solución de la crisis palestina, la más persistente durante el último medio siglo.

La guerra civil colombiana ha seguido su nefasto curso en el año que finaliza, con sus usuales enfrentamientos y atentados terroristas , causados tanto por grupos guerrilleros como por los paramilitares. Mientras tanto el narcotráfico ha recibido fuertes golpes por la intensificación de la parte militar del Plan Colombia, que cuenta ahora con el apoyo político -además de financiero y táctico- de EE.UU. en vista de la guerra antiterrorista global lanzada por esta potencia, que ha calificado convenientemente a los tres grupos irregulares como “terroristas” a la luz de las continuas masacres y secuestros protagonizados por estos grupos. Los intentos de conciliación están en un punto crucial debido a que se acerca el final del gobierno de Pastrana, que ha insistido en el diálogo y la incorporación al proceso democrático de los insurgentes, mientras la opinión pública y la oposición parecen favorecer una posición más enérgica, en vista del fracaso de las concesiones –como la zona de distensión- hechas por el presente gobierno para facilitar la pacificación.

Dos países suramericanos cambian de régimen cediendo a las presiones populares. El regreso de la democracia en Perú ha sido otro evento significativo, después de una década del polémico gobierno de Fujimori, signado por la arbitrariedad, el autoritarismo y la corrupción, a pesar de su relativo éxito en la lucha antiguerrillera y la economía. La detención y posterior extradición de Montesinos ha revelado la extensión de esas irregularidades, que han hecho volcar al electorado hacia la oposición liderada por Toledo. Éste se ha impuesto por estrecho margen en los nuevos comicios convocados después de la deserción y destitución de Fujimori, enfrentándose al populista Alan García, el cual ha explotado en forma oportunista la frustración que sufre la ciudadanía a raíz de los graves problemas económicos que atraviesa el país, difíciles de resolver y que amenazan con desestabilizar nuevamente al gobierno a mediano plazo. A finales de año empeora la crisis económica argentina, iniciada por los peronistas e intensificada por sus sucesores en el gobierno,.que finalmente obliga a la renuncia primero del ministro Cavallo y luego del presidente De la Rúa, tras una violenta convulsión social, lo cual catapulta al país austral a un futuro incierto en el 2002. Los dos hechos demuestran como la intriga política y la irresponsabilidad administrativa de sus líderes puede arruinar a la nación, además del poder demostrado por la sociedad civil de forzar cambios políticos fuera de los canales institucionales. Sucesos que seguramente tendrán repercusiones en el resto del continente, plagado de síntomas muy similares a los de Argentina y Perú.

Similarmente, en el oriente asiático dos naciones insulares reemplazaron el mandatario nacional a raíz de su incapacidad y corrupción. Nos referimos a Estrada en Filipinas y a Wahid en Indonesia, que tuvieron que renunciar a la presidencia debido a las fuertes manifestaciones populares en su contra, siendo sustituidos en ambos casos por sus respectivos vicepresidentes Arroyo y Sukarnoputri, coincidentalmente dos mujeres avezadas en materia política, que –sin embargo- están encarando sin mucho éxito los complejos problemas de sus países, aquejados de largas crisis económicas e institucionales, junto con problemas de terrorismo, separatismo e insurgencia.

El acercamiento entre EE.UU. y Rusia, en el último trimestre del año, ha constituido una agradable sorpresa, después de las ambigüedades de la opaca era de Yeltsin y la persistencia del sentimiento anti-norteamericano entre vastos sectores de la población rusa, que no ha podido asimilarse fácilmente al sistema capitalista, mientras el estamento militar desconfía del cerco que se le presenta ante la incorporación a la OTAN de países europeos anteriormente dentro de órbita soviética. La identificación de ambos países ante el acoso del terrorismo ha generado una coincidencia de intereses que ha sido aprovechado por Bush y Putin para fomentar una interesante diplomacia personal, que puede contribuir a iniciativas tendientes a la virtual incorporación de Rusia al pacto defensivo atlántico y un mayor acercamiento a Occidente. La cooperación efectiva de Rusia a la guerra en Afganistán , ha acelerado el derrocamiento del régimen Talibán y promete una fructífera acción conjunta para desarticular los grupos terroristas que operan en el Cáucaso y el Mediano Oriente. Sin embargo, el reciente anuncio de Bush de retirarse del acuerdo ABM de 1972, y su insistencia en implementar unilateralmente el controvertido escudo antimisilístico, en contra de la opinión de diversas potencias mundiales, ha enfriado un poco el ambiente cordial que imperaba hasta hace poco entre ambos países, aunque se espera que sigan colaborando estrechamente en la lucha antiterrorista.

La inestabilidad política en África occidental y central también llamó ocasionalmente la atención a lo largo del 2002, pues siguen sin resolverse los recurrentes antagonismos entre las facciones en pugna en países como Argelia, Congo, Sierra Leona, Liberia, Angola, Nigeria, Rwanda y Zimbabwe, complicados a veces por las usuales fricciones tribales y religiosas. Acostumbrados como estamos a las luchas por el poder que han plagado al continente desde la descolonización, quizás ya éstas no nos sorprenden tanto, en un continente demasiado inmaduro para la democracia y que prefiere resolver sus diferencias recurriendo a las armas, a veces instigados por los consabidos “perros de la guerra” y ciertos grupos transnacionales que buscan ventajas en la explotación sus recursos minerales.

La aparente resolución del conflicto en Irlanda del Norte, mediante la entrega de las armas de parte de los grupos irregulares, ha sido otro suceso significativo, y aunque tiene relevancia sólo en el Reino Unido e Irlanda, demuestra que es posible llegar a acuerdos políticos en beneficio mutuo. No sucedió lo mismo en España, que sigue sufriendo frecuentes actos de terrorismo de parte de la organización ETA, que cada vez tiene menos simpatías dentro de la opinión pública, tanto en el País Vasco como a escala nacional y mundial.

La presentación de la moneda única, el Euro, dentro de la mayoría de los países de la Unión Europea, es un hecho de gran trascendencia internacional y un paso más hacia la unificación política y militar del viejo continente, que durante siglos ha estado enfrascado en continuas luchas entre vecinos por la supremacía de un país sobre los demás. Aunque es un evento de relevancia mayormente económica, tiene fuertes implicaciones geopolíticas ya que es el fruto de un notable esfuerzo cooperativo entre naciones con variadas etnias, idiomas y religiones, por lo que representa un ejemplo de integración constructiva para el mundo que debería ser imitado en otras regiones.

En fin, un año bastante agitado y que ha decepcionado a gran parte de la población mundial, que creía empezar un nuevo siglo y milenio con la esperanza de vencer o reducir ciertas lamentables lacras del pasado, o sea las guerras, la pobreza, la corrupción y la violencia irracional, demostrando que el mundo puede modernizarse y globalizarse, pero las tradicionales fallas humanas siguen tan campantes en todas las sociedades.

 

 

 
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