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Opinión y Análisis

Un foro con orejas de lobo
Plinio Apuleyo Mendoza

 
Jueves, 14 de septiembre de 2000

El Foro de São Paulo agrupa a 52 organizaciones unidas por su fobia común al “neoliberalismo” y a la globalización, su apoyo al régimen cubano y a nuevas alternativas socialistas por cualquier vía que sea.

Sin mucha bulla, el Foro de São Paulo cumplió en julio sus diez años de vida. Muy pocos saben lo que hay detrás de esta organización. Algunos ni siquiera han oído hablar de ella. Y es, a mi modo de ver, un error porque allí quizás está la clave de situaciones y políticas que comprometen el porvenir del continente latinoamericano. Por lo pronto, el Foro tiene mucho que ver con lo que está ocurriendo en Venezuela, Colombia y Ecuador. Y lo que hierve en estos fogones no es para reír.

A primera vista, su fachada no es tan alarmante. Se presenta tan sólo como una asociación de movimientos de izquierda, bastante plural, equivalente a las que reúnen de vez en cuando a los socialdemócratas, a los liberales o a los demócratas cristianos. Creo, sin embargo, que ésta es tan sólo la cofia que disfraza de abuelita al lobo del cuento.

Reunido por primera vez en 1990, en la ciudad de São Paulo, a él asistieron fuerzas políticas radicales de 22 países latinoamericanos y caribeños. No todas muy santas, por cierto, pues al lado del Partido de Cuauhtémoc Cárdenas o del Frente Amplio del Uruguay, estaban sentados allí representantes de las FARC y del ELN de Colombia y del Ejército Zapatista de México. Aunque oficialmente fue convocado por Luis Ignacio (Lula) da Silva, dirigente del Partido de los Trabajadores de Brasil, su verdadero promotor fue Fidel Castro.

¿Qué movía al barbudo líder cubano? Algo muy suyo: demostrar que con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, el socialismo no había muerto. Seguía siendo una opción vigente en el continente latinoamericano. Por algo mandó a São Paulo, como representante suyo, a Manuel Piñeiro, alias Barbarroja. Fundador de la seguridad cubana, hoy fallecido, Barbarroja había metido su mano en casi todos los países del continente como secreto instigador y patrocinador de movimientos armados. No, no era Caperucita Roja. Y si allí estuvo, no fue sólo para darles palmaditas en la espalda a sus amigos.

Desde entonces, el Foro de São Paulo ha sostenido nueve encuentros, uno cada año y en ciudades distintas. Hoy agrupa 52 organizaciones miembros, unidas por su fobia común al “neoliberalismo” y a la globalización, su apoyo al régimen cubano y a nuevas alternativas socialistas por cualquier vía que sea, electoral o armada. La reunión de 1995 tuvo lugar en Montevideo y contó con un nuevo socio: nadie menos que Hugo Chávez y su “Movimiento Revolucionario Bolivariano 2000”. Allí, el hoy presidente venezolano encontró al representante de las FARC, Raúl Reyes. No es un secreto. El propio Reyes lo confirmó así en una declaración concedida el pasado 22 de junio al diario caraqueño El Universal.

Es de suponer que entre organizaciones que comulgan con las mismas ideas y propósitos existe una solidaridad. No es extraño, pues, que el presidente Chávez (el primer miembro del Foro que llega al poder, exceptuando a Castro) haya dado la bienvenida (5 de mayo de 2000) al Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, brazo político de las FARC. Y que los dirigentes guerrilleros le expresen, a su turno, su simpatía y aprecio. Tampoco es extraño que en la reciente cumbre de presidentes latinoamericanos, reunida en Brasilia, y en la Cumbre del Milenio, Chávez haya expresado estridentes reparos al Plan Colombia presentándolo como un riesgo de escalada militar y de “vietnamización” del conflicto colombiano. Es un favor que le presta a la propia guerrilla y a los demás miembros del Foro de São Paulo.

Otros socios de esta empresa política continental se movilizan en la misma dirección. En el Ecuador, la protesta indígena del pasado 4 de septiembre no sólo tiene el carácter de un pronunciamiento ante la grave crisis económica y social del país. Es también una respuesta al Plan Colombia, orquestada por organizaciones inscritas en el Foro y por militares insurrectos como Lucio Guerrero, quien se ha declarado inspirado por Chávez. Un golpe dado en aquel país por estos oficiales ligados a la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) suministraría zonas de alivio a las FARC y al ELN, en caso de operaciones militares de Colombia en la zona fronteriza.

Vistos en la perspectiva del Foro de São Paulo, todos estos fenómenos políticos o insurreccionales pierden su carácter local y se engranan en una estrategia continental encaminada a cumplir los viejos sueños de Castro. ¿Fábulas de reaccionarios que ven en todas partes el espantajo comunista? ¿O, como yo lo creo, una realidad que sólo ahora deja ver sus orejas? Mejor sería que tuviésemos el ojo abierto.

 

 

 
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