Buenos Aires (AIPE)- Pregúntele a los italianos. La cesación de pagos argentina significó que 350.000 pequeños inversores perdieron cerca de 13 mil millones de euros. Una suma equivalente al 1% del PIB de Italia.
La globalización está cambiando las cosas. Cada vez es más difícil distinguir la realidad virtual de la material. Aunque ya decía Heráclito que "nadie puede introducirse en el mismo río dos veces", que el mundo es un constante devenir gobernado por fuerzas no materiales. Además de Internet, provocando que las acciones humanas sean cada vez más virtuales, la ciencia, incluso en los temas sociales, está avanzando a pasos grandes.
Mi carnicero temblaría de terror al considerar que la nueva notebook de Toshiba, de solamente un kilo, cuesta el doble que la de dos kilos. El Padre Martín Nieto, con treinta años trabajando en las cárceles europeas, asegura que el primer paso para eliminar el delito es suprimir las "fábricas de delincuentes", ¡eliminar las cárceles! Los cobradores de impuestos están aterrorizados porque el comercio a través de Internet complicará el cobro de tributos, ya que la red permite que la naturaleza empresaria se mantenga más alejada de las ansias de los Estados coactivos.
Los artífices del curso forzoso, los bancos centrales (y casas de moneda) y los bancos privados asociados, empiezan a preocuparse por afirmaciones como la de Andy Kessler: "El dólar está respaldado, al menos sentimentalmente, por el oro de Fort Knox. Este papel de Internet... (que la gente prefiere antes que la moneda estatal) está respaldado por inteligentes empresarios que trabajan durante la noche para cambiar el mundo".
Por otro lado, la "aldea global" está resultando inversa: el avance tecnológico está permitiendo, a la vez que una profunda interrelación entre las diferentes culturas, una personalización cada vez mayor en los productos: la tecnología permite cada vez más elegir cada detalle en cada unidad, en lugar de los productos seriados que antiguamente salían de las líneas de producción. Así, cada vez más, las unidades de producción y servicios tienden a ser más pequeñas, en lugar de los grandes conglomerados multinacionales, que suelen ser el resultado de mercados interferidos por el gobierno.
El Proyecto Manhattan, empresa estatal dedicada a la construcción de la bomba atómica durante la Segunda Guerra, famoso por su ineficiencia (se le asignaron cerca de 2.000 millones de dólares, cuando los equipos privados de investigación más importantes tenían un presupuesto anual de 10 millones), fue la empresa más centralizada de su tiempo. Por el contrario, Internet, se construyó sin nadie a cargo; la gente discutía y ocasionalmente se ponía de acuerdo sobre una serie de especificaciones.
Así, el management del futuro es cada vez más descentralizado, cambiando jerarquías (autoridad coactiva) por liderazgos (autoridad moral). La empresa del futuro es cada vez menos planificada y, en cambio, se caracteriza, precisamente, por crear un orden lo suficientemente ágil y flexible, espontáneo y natural, de manera de adaptarse rápidamente a los imprevistos cambios del mercado.
Rusia, que tiene algunas de las tierras más ricas del planeta, antes de la revolución bolchevique era el principal exportador de granos del mundo. Pero la organización de tipo militarista soviética, logró que entre 1920 y 1930 murieran entre 5 y 10 millones de personas por inanición. Entretanto, en 1850 el 65% de la población de EE. UU. se dedicaba al cultivo de la tierra, pero hoy sólo el 3% de la población lo hace, aun así la cantidad de alimentos no sólo no disminuyó, sino que aumentó el consumo interno y la exportación de productos agrícolas que hoy supera los 70 mil millones de dólares.
La Rusia soviética empleaba el 25% de su fuerza laboral en la agricultura. Los líderes soviéticos autorizaron mini chacras privadas que, aun cuando totalizaban solamente el 3% de las tierras cultivables, producían el 27% de los alimentos nacionales. Así es como los chinos se están olvidando de Marx (léase la lenta pero sistemática eliminación del "orden" coercitivo), pragmatismo que no se debe a una relectura vía Internet de las memorias de Mao, sino a algo más trivial (por no decir occidental), al hecho de que, hasta ahora, ha significado que la producción industrial creciera, solamente entre 1991 y 1996, el 235%.
(*)Miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE
(Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).
(*): Artículo cortesía de AIPE©