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La Soberanía de la Gente Julio Segundo Grooscors Martes, 18 de marzo de 2008
El domingo 16 de marzo se realizó en la frontera colombo-venezolana un concierto popular, protagonizado por un grupo de cantantes, encabezados por los colombianos Juanes y Carlos Vives, el venezolano Ricardo Montaner y el ecuatoriano Juan Fernando Velasco, acompañados por el dominicano Juan Luis Guerra y los españoles Miguel Bosé y Alejandro Sanz, al cual asistieron decenas de miles de alborozados latinoamericanos, especialmente colombianos y venezolanos, que expresaron con alegría su indetenible voluntad de paz.
El concierto, precisamente, se denominó "Paz sin Fronteras". La realización de este concierto fue una respuesta contundente a la crisis continental desatada a partir del 1 de marzo, cuando fuerzas militares colombianas, en el curso de una acción de persecución a un grupo de guerrilleros de la FARC en la región fronteriza con Ecuador, incursionaron en territorio ecuatoriano, donde se hallaba un campamento de los irregulares narco-terroristas, matando, entre otros, al líder conocido con el nombre de Raúl Reyes. La crisis, en aquel momento, se agravó con la movilización militar decretada por los presidentes de Venezuela y Ecuador y la ruptura de relaciones diplomáticas de estos mismos países, más Nicaragua, con Colombia, que casi de inmediato se solucionó, tras las disculpas del Presidente Uribe por la momentánea violación de la soberanía ecuatoriana, la reunión del Consejo Permanente de la OEA y, especialmente, la del Grupo de Río en Santo Domingo, que culminó con un histórico apretón de manos. La verdad, sin embargo, es que esa crisis está muy lejos de haber sido solucionada. Aparte de todo cuanto puedan decir las investigaciones de la Comisión de la OEA sobre el incidente y de las consideraciones que hagan los Cancilleres de la región en su Reunión Extraordinaria, así como de todo cuanto salga a la luz de los datos contenidos en las computadoras rescatadas por el ejército colombiano en el campamento de los guerrilleros en Ecuador, lo cierto es que el conflicto que se libra en tierras colombianas sigue vivo y cada vez más tiene características de haberse convertido ya en un conflicto regional, que afecta directamente a países vecinos como Brasil, Ecuador, Panamá y Venezuela, e indirectamente a todo el continente. Un reciente Informe (del 07 de marzo) del Servicio Jesuita a Refugiados de América Latina y el Caribe, señala que "en los países vecinos a Colombia, las poblaciones fronterizas campesinas viven constantemente amenazadas por la presencia de los actores armados irregulares del conflicto colombiano (guerrilla FARC-EP y paramilitarismo AUC), agregando ahora la incursión unilateral del ejército colombiano a Ecuador, que ha provocado como respuesta la militarización de las fronteras por parte de países vecinos". La crisis, pues, no está determinada ni por "la incursión unilateral del ejército colombiano", ni por "la militarización de las fronteras", uno y otro hecho típicas acciones de respuesta, sino por la existencia y alargamiento de un conflicto que el gobierno colombiano ha querido enfrentar con la aplicación del "Plan Colombia", el "Plan Patriota" y el "Plan Consolidación", que los irregulares rechazan y combaten. La solución a la crisis, que es una secuela del conflicto, por eso, no está en la rabiosa defensa de la Soberanía Territorial de los Estados aparentemente afectados por dicho conflicto, sino en la imperativa protección de la Gente, de uno y otro lado, verdaderos afectados por ese conflicto, y verdaderos, también, titulares de esa Soberanía que pretenden exhibir como título algunos gobernantes de la región. El ya citado Informe del Servicio Jesuita a Refugiados enfatiza su convencimiento "de que para construir la paz en Colombia y en nuestra región, cualquier negociación tiene que poner en el centro la palabra de las víctimas de este conflicto fraticida, quienes exigen verdad, justicia y reparación". Es hora, pues, de que más allá de las formularias apelaciones a las normas del Derecho Internacional, se vaya a los orígenes mismos de éste, allá en los siglos XVI y XVII, cuando nacía el Estado moderno y cuando visionarios tan calificados como Francisco de Vitoria y Hugo Grocio lanzaron la idea del Derecho de Gentes, como un derecho "de carácter supranacional que regulase los conflictos y las relaciones entre los Estados, aún a costa de la soberanía de éstos". El pueblo, la gente, la sociedad, "el común", es el verdadero Soberano. El derecho a la Paz, el derecho a la Libertad, el derecho a la Democracia, son verdaderos Derechos Humanos, de carácter supranacional, acreedores de protección y defensa, de estímulo y promoción, más allá, mucho más allá de los circunstanciales intereses de grupos políticos y gobernantes. Esos derechos, esa soberanía de la Gente, debe ser reinvindicado, sin tardanza y sin vacilación, por la Sociedad Civil organizada del conjunto de los países latinoamericanos, afectados por este conflicto regional. |
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