El eclipse del sentido común Marcelo José Méndez Rocha
Jueves, 9 de diciembre de 2004
Sinceramente, hablar sobre temas políticos y sociales de otros países puede ser un tanto irresponsable. Suele ocurrir que historiadores, periodistas o cualquier profesional, adoptemos una idea equívoca o parcial del suceso. Por más que uno indague y se sumerja en la historia viva de un país, leyendo y analizando las distintas visiones y correntadas de un hecho, acto u circunstancia, las cuales derivan o desembocan en un océano profundo, jamás se podrá ser tan contundente si no se es un protagonista del hecho histórico.
Por mi parte, trato de opinar siguiendo un camino lógico, intentando fusionar los distintos pensamientos “brutos” para obtener una idea o producto final que demuestre que, muchas veces, dentro de un silogismo, la última proposición no se deduce necesariamente de las otras dos. Siempre, cuando en mí país ocurren eventos que dejan al pueblo mal parado y como seres irracionales (verdaderos tontos), siento una gran vergüenza. En los últimos días he visto noticias procedentes de Chile que me han dejado perplejo. Hablar de Pinochet en Chile desata opiniones ambiguas, odio y ovación, rechazo y simpatía. Conozco a mucho chilenos y la verdad, la cosa está repartida. Ambas partes cuentan con argumentos que convencen, tanto para afirmar como para negar la imagen o la gestión de Pinochet al frente del país trasandino.
Pinochet está ligado a un sector social por la explosión económica y la proyección de Chile hacia el mundo y al otro sector lo une con una cruel condición malévola y genocida. Dos sectores que se cruzan y que muestran un contraste violento. En agosto de 1973, Pinochet es nombrado Comandante en Jefe del Estado. Luego del derrocamiento de Allende, el 27 de junio de 1974 Pinochet asume como Jefe Supremo de la Nación y el 17 de diciembre de ése año, se lo designa Presidente. De ahí en más, los seguidores y opositores no se han dado tregua. A favor o en contra, la marca está vigente.
En los últimos días han trascendido noticias importantes. Desde la confirmación de que en un buque de la marina chilena se llevaron a cabo torturas durante el gobierno de Pinochet, hasta declaraciones del actual Comandante en Jefe del Ejército (Juan Emilio Cheyre) que asumen abusos ocurridos durante el régimen militar por los militares, pero que recaen en “actos individuales” y no “institucionales”. Siempre se habló del “Plan Cóndor” y poco queda por objetarlo, ya que hasta el propio Henry Kissinger (ex Secretario de Estado norteamericano) a reconocido que la CIA apoyó esta operación represiva entre las dictaduras sudamericanas, inclusive Chile.
No obstante, las declaraciones de J.E. Cheyre quitan responsabilidad al Ejército como Institución, pero el 5 de noviembre de 2004 dijo que la institución había tomado “la dura, pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que como institución le caben en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado” . Esto es contradictorio, pero más allá de una complicada o simple interpretación, surge la duda; los miembros del Ejército ¿son parte de la institución o actúan con total independencia?. Un Comandante en Jefe de las fuerzas armadas, ¿es en sí mismo la institución o la institución es en sí misma el Comandante en Jefe?. Es obvio que la infraestructura de una “Institución” no se mueve por sí sola, tiene que haber una o varias cabezas pensantes. Qué ésa o ésas cabezas pensantes no adopten o ejerzan la doctrina esencial de la Institución, no quiere decir que la cúpula emblemática de la institución quede manchada. Es claro que una puerta, unas paredes, un cuartel, una cárcel, un símbolo, un escudo, un distintivo, un rango o un arma, sin ayuda del hombre, son inofensivos.
Tal como ocurre en el Uruguay, se quiere juzgar a los actores y no al escenario. Esta bien, pero siempre los actores argumentan que sus “actos” fueron llevados a cabo porque solo ellos tenían los medios y la responsabilidad de hacerlo. ¿Porqué?. Porque para salvaguardar la nación de un “estado en guerra”, los militares eran los más indicados por ser los “Defensores de la Patria”. El Presidente del Uruguay, Jorge Batlle, dijo una vez que el Ejército debía pedir perdón por los hechos ocurridos durante el gobierno de facto. Ahí no más, el Ejército salió al cruce discrepando con semejante planteo. Entonces, ¿quién debe pedir perdón o asumir las responsabilidades?. Si por un lado los miembros del ejército dicen que la violación a los derechos humanos fueron un suceso individual “persona física” y no por una institución “persona jurídica”, ¿porqué los militares dicen que tuvieron que actuar como protectores y defensores de una nación, según así lo determina la Institución de las Fuerzas Armadas? . En síntesis, los militares no están para pensar, más sí para recibir ordenes; y las ordenes, ¿quién las dicta?, ¿la Institución o el Comandante en Jefe?, o ¿ es el Comandante en Jefe en representación de la Institución?.
También nos desayunamos con la noticia del New York Times indicando que, Pinochet recibió unos 12 millones de dólares en comisiones por servicios y viajes al extranjero desde 1974 a1997. El ex General recibió pagos desde Estados Unidos, Brasil, Paraguay, Gran Bretaña, Malasia y China. Si es cierto o no, la justicia los resolverá, pero que la CIA, Kissinger y Pinochet tenían una estrecha relación “de estado” es casi innegable. Por otra parte, es dudoso y curioso saber que Augusto Pinochet halla sido nombrado en marzo de 1998 senador vitalicio y esto puede cuadrar con los fueros de por vida. Sin embargo, al salir de Chile se fijo una orden de arresto emitida por el Juez B. Garzón, cuando Pinochet se encontraba en Londres ése mismo año. No se lo pudo enjuiciar porque la Corte Suprema entendió que no estaba apto ni en condiciones ( físicas y mentales) de ser juzgado. Cuando la C.S. sobreseyó en forma definitiva el proceso que enfrentaba por asesinatos y secuestros, Pinochet renunció al cargo de Senador Vitalicio.
Ahora se preocupan por las comisiones. Comisiones que pueden ser “indebidas y de origen dudoso”. Quizás ahora enjuicien a Pinochet por enriquecimiento ilícito. Al Capone fue a la cárcel por “evasión de impuestos” y no por las matanzas que “ordenaba” realizar, porque no se le encontró relación ni evidencia contundente. La dictadura de Chile (“dictablanda” como dirían algunos cínicos) fue una de las más crueles y sangrientas del continente. Pero la vida es así, algunos nos son juzgados por ser muy viejos (o por ser muy vivos) y otros mueren por ser muy jóvenes (o por pensar distinto). El dinero no hará la felicidad, pero tiene un poder sobrenatural.