AIPE- Mejor será que los anglófilos viajen pronto a Gran Bretaña, antes que ese país se convierta en una provincia oprimida de la Unión Europea.
Napoleón no pudo conquistar a Inglaterra ni tampoco Hitler, pero los burócratas socialistas en Bruselas están siendo ayudados por el Partido Laborista de Tony Blair y la indiferencia británica. La nación retrocede al reino de Carlos I, con sus tribunales secretos y arrestos sin juicio ni evidencia.
Los ingleses, quienes solían ser orgullosos e individualistas, están sufriendo la indignidad de ser colocados gradualmente bajo leyes europeas, a través de decisiones ministeriales que no son discutidas ni aprobadas por el Parlamento. Hace poco las Islas Británicas perdieron su antiguo sistema de pesos y medidas, pero ahora están a punto de perder algo mucho más importante: su sistema legal, cuyo desarrollo es en esencia la historia misma de Inglaterra.
Aunque se dejaron empujar por el camino de la integración europea, los ingleses se habían hasta ahora aferrado a su sistema judicial, por muy buenas razones. Históricamente, la ley ha sido el escudo de su gente, en dramático contraste con el Código Penal Napoleónico (Corpus Juris) que no protege al ciudadano de gobiernos que utilizan las leyes como armas en su contra.
Las leyes inglesas no permiten que la policía arreste a personas sin evidencia ni que las mantenga presas por más de 48 horas sin acusarlas ante un tribunal. El sistema legal europeo permite el arresto de ciudadanos bajo sospecha y mantenerlos en prisión indefinidamente, mientras preparan el caso en su contra.
Es más, los europeos acusados no tienen el derecho de ver la evidencia en su contra ni el derecho a un juicio con jurado y abierto al público. El caso es decidido por un juez cuya carrera y futuro profesional dependen del mismo estado iniciador del juicio.
Bajo las leyes europeas no hay presunción de inocencia ni protección contra el riesgo de ser procesado una segunda vez por el mismo delito. Los acusados están expuestos a repetidos juicios bajo los mismos cargos hasta que el estado logra el veredicto de culpable.
Los ingleses lucharon en una guerra civil para quitarse de encima ese sistema judicial opresivo y, ahora, aprovechando la histeria ocasionada por el terrorismo, el gobierno de Blair está patrocinando una ley antiterrorismo que despoja a los británicos de sus derechos ancestrales.
El proyecto de ley contra el terrorismo que se discute actualmente en el Parlamento incluye un artículo (190) que pone a un lado al Parlamento en el reemplazo de las leyes inglesas por el Corpus Juris europeo. A menos que los parlamentarios lo rechacen, el Consejo de Ministros de la Unión Europea en Bruselas, con el visto bueno del Secretario del Interior británico, pueden pasar por encima de las protecciones ciudadanas y reemplazar el fuero de Habeas Corpus por el Código Napoleónico. Además, los británicos podrían ser enjuiciados por fiscales europeos por ofensas que no son delitos en su patria.
Hace pocos días el Lord Judicial Richard Scott solicitó al gobierno revisar con más cuidado las órdenes de arresto europeas. Esas órdenes no requieren evidencia alguna y permitirían la extradición de ciudadanos británicos para ser interrogados en el continente si son sospechosos de delitos como racismo y xenofobia. Eso, claro está, sería el fin de los campeonatos de fútbol.
¿Acaso esta amenaza a la causa de la libertad logrará que los ingleses se opongan a la pérdida de soberanía requerida por la integración europea? Lord Tebbit lo expresó muy claramente el 1° de noviembre, a raíz de la ratificación del Tratado de Niza: “sería una violación tanto de la Magna Carta como del Juramento de la Coronación, basados en el convenio de 1688” que estableció la responsabilidad de las leyes.
Si los ingleses están dispuestos a ceder su soberanía deben exigir mejores condiciones. ¿Por qué no se establece una Unión Europea basada en las leyes inglesas? Esto beneficiaría inmensamente a toda Europa, al introducir por fin las libertades inglesas al continente. ¿Están los ingleses tan impresionados con Europa que permitirán reemplazar su “ley como escudo” por la “ley como arma”?
El gobierno laborista no ha sido sincero con la ciudadanía respecto a las implicaciones de la Unión Europea. Por el contrario, el engaño es que podrán seguir siendo ingleses y europeos a la vez. Ahora que los tenderos británicos están siendo arrestados por vender una pinta o una libra en lugar de un litro o un kilo, quizá se den cuenta que Europa es una amenaza a su carácter nacional y a su libertad.©
Paul Craig Roberts es Columnista del Washington Times, fue subsecretario del Tesoro y es coautor de “Chile: dos visiones. La era Allende-Pinochet” (Universidad Andrés Bello, 2000).