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Opinión y Análisis

África en el olvido
Adolfo Miranda Brogueras

 
Jueves, 29 de noviembre de 2001

Desde que Afganistán pasó a ser portada de los periódicos de medio mundo África ha vuelto al ostracismo informativo más o menos habitual, del que sólo sale en caso de epidemias, guerras, matanzas, desastres naturales o esclavitud consumada.

La falta de financiación del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que necesita 100.000 toneladas de alimentos para abastecer a un millón de personas en África Occidental - concretamente en Sierra Leona, Guinea Conakry y Liberia -, es insostenible. Refugiados de guerra, desplazados que regresan a sus hogares y niños desnutridos dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir en la región.

En Liberia miles de desplazados por la lucha entre el Gobierno y las fuerzas rebeldes caminan por el frágil hilo de la supervivencia porque no han recibido raciones de comida. Los sierraleoneses también se enfrentan al hambre y a la guerra, a pesar de que ahora, por fin, se comienza a vislumbrar el fin de una década de violencia con el inicio del desarme del Frente Revolucionario Unido (FRU). En Guinea Conakry sólo se han recibido 8 de los 35 millones de dólares requeridos por los programas de ayuda humanitaria, y las inundaciones han devastado una gran parta del país. En Senegal los desplazados internos son víctimas de un conflicto que ya dura 19 años. En Guinea Bissau peligra la seguridad alimentaria de un millón de personas por la caída del precio del anacardo, que intercambian por arroz. Y en Níger, la prolongada sequía ha echado a perder las cosechas, al igual que en Burkina Faso.

El Programa Mundial de Alimentos trabaja en 12 países del Africa Occidental, y proporciona comida a casi 5 millones de personas. Los cooperantes de ONG colaboran sobre el terreno para que África alcance algún día una independencia real, al margen de gobiernos corruptos, elites, multinacionales y traficantes de armas que se aprovechan del sufrimiento humano.

Como el limes del Imperio Romano, todo lo que está más allá de las fronteras económicas y de los intereses de los países ricos no existe. África permanece excluida del bienestar pero colonizada por Occidente como granero de materias primas para que las corporaciones del Primer Mundo obtengan beneficios escandalosos en un halo de normalidad cotidiana.

Se plantea que la globalización y su buque insignia, Internet, son la llave para que África se una a las economías de mercado y logre un desarrollo duradero a largo plazo. Si primero no se logran alimentos, sanidad y educación para toda la población esto no es más que una falacia.

Cada día 35.000 niños son condenados a morir de hambre en una sociedad global con ciudadanos de primera, y otros que no están invitados a la fiesta del consumo global. No hay voluntad política de acabar con la miseria cuando los porcentajes de ayuda oficial al desarrollo se reducen cada vez más y la deuda externa impide avanzar las economías de los Estados pobres. El Banco Mundial ha comunicado a sus países integrantes que es necesario doblar la ayuda al desarrollo si se quiere reducir la pobreza antes de 2015. Para ello, sería necesario lograr una ayuda superior a los 100.000 millones de dólares. Sin embargo, los países ricos han reducido un 24% la ayuda humanitaria desde 1992, aunque los mercados financieros de Europa y EEUU hayan crecido un 70% en los últimos tres años.

Esta situación, según Kofi Annan, amenaza el futuro inmediato de 12 millones de personas en África. Por ejemplo no se cuenta con el dinero necesario para atender a los dos millones de angoleños afectados por los combates entre el Ejército y la guerrilla, ni al millón de somalíes afectados por la hambruna después de seis años de malas cosechas y la guerra civil. La mayoría de los países africanos sólo han recibido un pequeño tanto por ciento de la ayuda prometida.

Mientras la comunidad internacional se centra en la edificación del futuro Estado de Afganistán y en la reconstrucción del país, los pueblos de África ven como la ayuda humanitaria se recorta y cómo su continente se difumina de los mapas internacionales. A veces la peor muerte es la del olvido.

Artículo del Centro de Colaboraciones Solidarias para Venezuela Analítica

 

 

 
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