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Sección: Internacionales
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Europa es un mal ejemplo, USA no, vean a ChinaCarlos Eduardo RuizViernes, 22 de enero de 2010
Sin retractarme ni ser descarado ni ambivalente, puedo decir que Europa ha producido muchos buenos ejemplos a seguir. Como su arquitectura, su literatura su pintura, sus filósofos y científicos—pero es en política, religión y economía donde desde hace milenios; y aún lo sigue haciendo, casi siempre ha metido la pata—y aquellos que no lo acepten respondan: ¿Porqué aún existen reyes y otros “nobles”, quienes aunque mayormente simbólicos, son todavía amados y respetados por sus pueblos?; ¿Porqué pasó el Vaticano de Juan Pablo Segundo a Benedicto Décimo Sexto? y ¿Porqué lleva Europa 90 años; a golpe y porrazo—y sin ningún éxito resonante—tratando de emular el éxito de la revolución de las 13 colonias británicas que crearon a los Estados Unidos de América?. Crearon el Euro; pero aún existen la libra esterlina y el rublo; y si algo es preeminente por toda Europa es la intolerancia de todo tipo imaginable; y no sólo en forma de xenofobia, sino también dentro de cada nación—a pesar de que ya está más que claro que la globalización y la paz mundial, son el camino correcto; simple y llanamente, porque la humanidad es una sola y habita en un único planeta: la Tierra. Y el camino correcto no significa ni regresar a una especie de Imperio Romano global, ni convertir a la ONU en una especie de democracia parlamentaria global, sino la coexistencia pacífica, armoniosa y unida por el libre mercado, de todas las naciones de la tierra manteniendo las diversidades étnicas, religiosas y culturales. Decir eso último es sumamente fácil; pero lograrlo, es extremadamente peliagudo—pero no imposible. Los pilares fundamentales de esa peliaguda meta existen desde hace tiempo—y los descubrieron los europeos: se llaman separación del poder público en tres ramas distintas (ejecutiva, legislativa y judicial) igualmente poderosas y financieramente autónomas; el liberalismo, que puede resumirse en la frase: dejar a cada quien llegar a ser todo lo que es capaz de ser; separar nítidamente a la religión del estado; impedir que los gobiernos se conviertan en empresarios; y alternar permanentemente a las personas que ocupan todos los cargos públicos de alto nivel mediante procesos democráticos fundamentados en el voto universal, directo y secreto. Pero los europeos no han hallado formas pragmáticas de convertir esas ideas en realidad. Todo lo contrario; cada nación europea ha escogido un puñado de sus tradiciones arcaicas y las ha convertido en “sagradas” e intentado imponérselas a los demás. Y usado la mentira descarada para lograr sus absurdos propósitos—los más patéticos ejemplos recientes, es culpar al ser humano y al CO2 del “calentamiento global” y acuñar el término “neoliberal”. La realidad es que el término neoliberal no significa lo que dicen los socialistas marxistas, sino que es un insulto inventado por ellos para intentar recuperar a aquellos que han abandonado sus filas para aceptar el liberalismo que nunca ha dejado de existir; como la Unión Soviética, para abrazar la a verdadera democracia y el libre mercado, al internalizar que el socialismo; no sólo es una irrealizable utopía inventada por las mentes enfermas de los pensadores alemanes; Karl Marx y Friedrich Engels, sino la receta perfecta para el colapso económico y la pauperización de cualquier nación que crea en el socialismo. Para muestra un botón; vean a China: Mao Zedong era más marxista que Lenin, Trostky y Stalin juntos y por ello más de 20 millones de campesinos chinos murieron de hambre bajo su dictadura. Ahora, China está a punto de convertirse en la segunda mayor economía del mundo, gracias a Deng Xiao Ping, quien a partir de la muerte de Mao en 1976, lanzó al cesto de la basura todas las supercherías económicas que escribieron Marx y Engels para abrazar progresivamente el libre mercado. China aún es políticamente comunista y su famosa y muy antigua sabiduría cultural, algún día la llevará inevitablemente hacia el liberalismo, porque sus gobernantes más recientes han demostrado con hechos que realmente desean la prosperidad de su pueblo—y negarles el liberalismo lo convierte en un débil competidor de las naciones que han aceptado al liberalismo, como forma de organización social. |
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