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  Sección: Medicina y Salud

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Libro ‘Mi Marido Bebe Demasiado’: Capítulo II

Abraham Genis

Martes, 1 de septiembre de 2009

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Después de su primera consulta

Estimado señor paciente;

     Este es un documento que se entrega a las personas aquejadas de un problema alcohólico la primera vez que acuden a la consulta. Su situación anímica es muy mala. No concurren por su propia voluntad. Lo hacen porque no tienen otro remedio. Se encuentran presionados por las circunstancias.

     En la mayor parte de los casos vienen por un problema familiar. Han tenido una tremenda borrachera o cualquier clase de exceso alcohólico, o un enloquecedor conflicto con su mujer.

     Este problema lo venía persiguiendo desde hace tiempo; ahora se ha extremado y la mujer ha amenazado con abandonar el hogar, llevarse a los hijos y solicitar el divorcio. Y parece que esta vez las cosas van en serio.

     Vd. se siente física y moralmente mal. Todo anda al revés en su vida. El dinero se está agotando. Se le va como agua, y las deudas siguen  creciendo. Ya no encontra amigos que le presten dinero. Tiene vencimientos con la casa, con la comida, y con todas las cuotas.

     Ha dormido algunas veces en la calle y otras no sabe donde. Ha tenido conflictos con las autoridades.

     El cerebro le funciona mal. No tiene lucidez para pensar. Se equivoca en sus responsabilidades en el trabajo y a veces padece de vómitos. 0tras, al despertar, encuentra que tiene la boca llena de una saliva pastosa y una necesidad incontenible de beber, de echarse unos palos para entonarse. Y así comienza el ciclo del nuevo maldito día.

     En un determinado momento se acumulan tantas cosas malas en su vida que, finalmente, decide consultar al médico. Llega a él con actitud desconfiada. Teme que el médico le prohiba tomar alcohol, que para Vd. es la cosa más importante en su vida. Espera que le recete algún medicamento, un tónico para que pueda seguir bebiendo regularmente. Se siente humillado, desconfiado, asustado. Ni ese médico, ni ningún otro, le inspiran confianza. Cree que posiblemente le cobren más de lo que se siente en condiciones de pagar. Y ese dinero lo quiere conservar para seguir bebiendo licor.

     La conversación ha sido lenta, difícil. Siente que tiene que confesar algunas verdades, pero también que tiene que esconder muchas otras.

     Y en esta situación confusa, emocionalmente nada clara, es que transcurre la primera entrevista.

     Se libera de algunos sentimientos interiores, pero esconde otros. Recibe cierta medicación, consejos y se elabora un plan para abandonar la bebida.

     Vd. hubiera querido otra cosa. Lo que más hubiera deseado, en la mayoría de los casos es que lo reconcilien con su mujer y que le indiquen algún medicamento. Pero no ha visto que las cosas sean como Vd. quisiera. En realidad todo le resulta demasiado confuso.

     Me dirijo a Vd. por escrito. De esta ,manera Vd. pódrá leer esto muchas veces, en la tranquilidad de su casa, sin sentir la presión de la presencia del médico. Y cuando se sienta muy decaído y ansioso podrá leerlo una vez más, para comprobar que se le comprende y se le quiere ayudar. Quizá no exactamente como Vd. lo hubiera imaginado, pero seguramente de forma eficiente.

     No todos los pacientes vienen obligados por las circunstancias. Algunos tienen conciencia de su problema.

     Lo saben por distintos motivos. Porque han tenido familiares que han padecido de lo mismo. Su padre o alguno de sus hermanos o amigos han muerto de cirrosis o de una enfermedad cardíaca producida por el alcohol, o han padecido de delirium tremens. O ha tenido conflictos públicos que han necesitado de la intervención policial. O en su estado de embriaguez ha realizado pe´simos negocios. O vive una vida  mentalmente atormentada. No tiene mujer, ni amigos, ni ninguna otra actividad qe llene su vida fuera de su trabajo y la ingestión de alcohol.

     A veces tiene un empeo que lo pone en contacto directo con la adicción. Quizá trabaje en los bares nocturnos, servidos por mesoneras donde el gran objeto de consumo es el alcohol y la prostitución. En esos casos el alcoholismo puede ser considerado una enfermedad profesional.

     Hace mucho tiempo que conoce su problema. Es sabedor que después de la primera copa tiene que seguir tomando y tomando sin cesar hasta que pierda el conocimiento.

     Padece de lagunas mentales. No recuerda nada de lo que le ha sucedido la noche anterior. Sabe que tendría que disponer de mucho dinero pero aparece con los bolsillos vacíos y no lo encuentra por ningún lado.

     Habrá tenido una experiencia médica anterior, pero no le resultó satisfactoria. No ha podido depositar confianza en el médico. Siempre le ha encontrado alguna falla a causa de la cual no ha vuelto más a la consulta. En su conciencia sabe que tiene miedo de abandonar el alcohol, que es a la vez el verdugo y el consuelo de su vida.

     Lo principal, lo que sucede en todos los casos, es su actitud defensiva de alerta, de desconfianza, de miedo, que se fundamenta en cualquier clase de argumentos; algunos válidos, razonables, otros claramente absurdos. Y a causa de su pensamiento mortificado no encuentra la manera de tomar una decisión, de someterse a un tratamiento de manera regular, permanente, para de esta manera rescatar su salud y su vida..

     Aproveche, consolide, este momento de lucidez que le ha llevado a consultar al médico y entréguese a un tratamiento. Hace más de sesenta años que está demostrado que el alcoholismo es una enfermedad, que se encuentra incrustada en su propio cuerpo y en su propia mente y que solo, con sus propios recursos, no la podrá resolver.

     Quisiera despedirme de Vd. en esta primera carta encareciéndole que no abandone la asistencia. la ciencia dispone de recursos eficientes para recuperarlo de su problema, pero eso no será posible sin su cooperacipon.

     La frase con que terminaré esta carta, que subrayo, es la siguiente;

     «El médico puede hacer muchas cosas por Vd.; puede ayudarle a recuperar su salud. Pero hay una sola cosa que él no puede hacer y es obligarle a que concurra a su consulta. No olvide esto. »

     Conserve esta carta y recurra a ella cuando se sienta mal. Buena suerte.

genisfbl@cantv.net


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