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Sección: Medicina y Salud
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Libro ‘Mi Marido Bebe Demasiado’: Índice - PrólogoAbraham GenisMartes, 25 de agosto de 2009
EXPLICACIÓN DEL TÍTULO El título de este libro está dirigido a la esposa de la persona que tiene un problema alcohólico. Claro está que en una mayoría son los hombres los que beben en exceso y, tratándose de adultos, en la mayoría de los casos es su esposa la que padece de los sufrimientos originados en la enfermedad. Pero no se tome este título como absoluto y excluyente. Este enfermo alcohólico hace sufrir, sin duda, a las restantes mujeres de la familia; madres, hijas, novias hermanas y otras familiares. Y como los problemas alcohólicos, cada vez más, han dejado de afectar exclusivamente al sexo masculino, también pueden afectar a maridos, padres y hermanos. Por eso ese título, que se dirige mayormente a la esposa del alcohólico puede serlo también a cualquier otra persona a quien el problema afecte.
ÍNDICE
Prólogo del autor Prologo de un Alcohólico Anónimo. 1. A la esposa del enfermo alcohólico. 2. Después de su primera consulta. 3. El nombre de su problema 4..Insinceridad.y colapso personal 5. El bebedor social 6.Los problemas físicos del alcoholico. 7. La personalidad del paciente alcoholico. 8. La enfermedad alcohólica 9. El dinero y el alcohol. La mente alcohólica. 10. Lo positivo y lo negativo del alcohol. 11. El alcohol en los problemas de pareja. 12.Secuencia de las etapas de la adicción al alcohol. 13. Los medicamentos en el tratamiento del alcoholismo. 14. La posesión alcohólica. 15.Los valores y la mente alcohólica. 16.Lo dejaré mañana. 17 ¿ Cual es el rol de su médico ? 18. La cultura alcohólica. 19. Alcohólicos Anónimos. 20. Críticas a Alcoholicos anónimos. 21. Psicoterapia del alcoholismo. 22. Las relaciones humanas del alcoholista. 23. Disritmia cerebral y alcoholismo. 24. Alcohólico (cuento del libro «El único lugar en el mundo» 25. Historia de un alcoholista pobre (del libro «Psiquiatría para profanos)
PRÓLOGO DE UN ENFERMO ALCOHÓLICO. Experimenté sorpresa y satisfacción, cuando el Dr. Genis me solicitó que le prolongara su libro. Después llegué a la convicción de que la elección fué acertada. No por mi persona sino porque estoy convencido que nadie podrá presentarse mejor a quien padezca de un problema alcohólico que el que lo haya padecido en sí mismo. Y voy a iniciar este prólogo hablando de mi propia persona. Creo que la mejor manera de hacerlo es contando mi historia, la triste historia de mi enfermedad. Comenzaré con la fórmula con que lo hacemos en nuestras reuniones de AA. «Me llamo Carlos y soy un enfermo alcohólico.» Debo reconocer que siempre tuve una especial habilidad para el manejo de la palabra y del pensamiento. Mis composiciones en primaria eran excelentes y las maestras me felicitaban. A partir de la adolescencia escribía versos a las muchachas, que a menudo no les entregaba. Llegada la edad de ingreso a la Universidad era indudable que tenía que decidirme por una carrera en el campo de las letras. Comencé por estudiar literatura pero después, por circunstancias de la vida, me dediqué al periodismo. Ser periodista significó para mi andar por la calle, en lugares concurridos y cultivar una inevitable sociabilidad. Y esa sociabilidad está inexorablemente impregnada de alcohol. En mi casa nadie bebìa. Alguna vez, los domingos, junto a las pastas se abría una botella de vino. Se bebía, la gente se alegraba, se charlaba, y todo quedaba allí. Desgraciadamente para mi, el alcohol me hacía sentir muy buen. Siempre fuí una persona introvertida, y gracias al alcohol me sentía desenvuelto, locuaz y simpático. Junto a esa disposición personal, el ambiente del periodismo me facilitó un acceso demasiado frecuente al alcohol. Y así me encontré poco después de los primeros años de la veintena, convertido en un bebedor habitual. Las barras de los boliches, los amigos, la vida inquieta de la juventud y del periodismo me llevaron a ingerir cantidades cada vez mayores de eso que el tango describe, con toda verdad como ese maldito veneno.. La noviecita de mis dieciocho años, aconsejada por su familia, decidió abandonar las relaciones con un hombre que bebía demasiado. Tuvo razón, lo que confirmaron mis dos fracasos matrimoniales posteriores con mujeres que al principio no fueron tan sensatas. Tomé ese primer abandono como excusa y me dediqué cada vez más al alcohol. Perdí numerosos trabajos y si todavía conseguía alguno era gracias a mi capacidad profesional. Siempre negué mi condición de alcohólico. Repetía la consabida frasecita que después escuché en tantas otras bocas. A mi el alcohol no me domina. Yo lo dejo cuando quiero. Hasta que, un día, en estado de ebriedad y manejando el auto me fuí de frente contra un comercio. Los daños materiales fueron enormes. Por suerte para mi, solamente experimenté heridas superficiales. Apareció la policía, me llevaron a un peritaje psiquiátrico y fuí sometido compulsivamente a una hospitalización. Allí conocí al Dr. Genis. Tanto él como yo teníamos afinidad literaria. Había escrito varios libros, tanto de su especialidad como sobre literatura. Le conté las desgracias de mi vida, que son muchas más que las que acabo de describir y él me sugirió que escribiera mi historia. Había atendido varios pacientes, con diferentes diagnósticos, en los cuales el desarrollo de su creatividad los había mejorado. Me dediqué a ello en las largas y vacías horas del internamiento. No tenía con quien hablar. Los enfermos psiquiátricos vivían cada uno su propio mundo aislado y con los demás alcohólicos, la mayoría gente de poca instrucción, yo no tenía comunicación. La única persona con la cual podía conversar era con mi médico. Corrían los años sesenta. Era conocido, ya desde mediados de los años treinta el trabajo de Jellinek que había establecido el concepto del alcoholismo como enfermedad. Y de un Congreso Mundial de Psiquiatría, celebrado en Madrid en 1966, el Dr. Genis trajo dos novedades. La primera fué un librito, del profesor francés Pierre Fouquet, titulado «Una terapeútica del alcoholismo. » Y el otro fué el desarrollo que teía en el mundo entero un movimiento novedoso, denominado Alcohólicos Anónimos, que permitía mantener sobrios a los alcohólicos. Traía abundante literatura sobre el tema. La leímos y yo me enteré que el movimiento había nacido en los Estados Unidos donde había comenzado lentamente, hasta que un día un periodista, como yo, publicó sobre el tema un artículo en un periódico de gran difusión. El movimiento se desarrolló vertiginosamente y cuando llegó a nuestro conocimiento era ya de alcance mundial. En la clínica que dirigía el Dr. Genis comenzamos a hacer reuniones con los alcohólicos hospitalizados. La tarea fué fácil. Habían numerosos enfermos, la mayoría eran funcionarios estatales, que vagaban todo el día por el Sanatorio, sin saber lo que hacer. Bastó que comenzáramos a aplicar el programa de AA para que el éxito fuera inmediato. Y concurrían, interesados a las reuniones. El Dr. Genis señaló que gracias a esos grupos tomábamos conciencia de nosotros mismos y de nuestro problema, que podíamos liberar nuestro mundo interior en un ambiente afin, y que la amplia literatura de AA permitía estructurar nuestro tiempo y nuestras relaciones transformando una hospitalización de tipo custodial en en un verdadero centro de rehabilitación y aprendizaje. Así nació AA en el Uruguay. Rápidamente se difundió por todo el país. El movimiento llega hoy a cientos de alcohólicos recuperados y progresa dia a día.. Es necesario que diga unas palabras referentes a la personalidad profesional del Dr. Genis. Es un hombre consagrado a su profesión con devoción y creatividad. Me ha dicho que la psiquiatría tiene demasiados problemas sin resolver y que junto al maravilloso desafío de la exploración científica AA brinda el aliciente de una verdadera acción de servicio para nuestro país y para el mundo entero. Simultáneamente con nuestros grupos de Alcohólicos el Dr. Genis ha organizado en la Clínica unas charlas sobre religión a cargo de un pastor protestante. Afirma que hasta que no lleguemos a conocer los misterios de la religión no podremos comprender al hombre en su totalidad. Concurrimos a ellas los alcohólicos también, aunque no nos convencen mucho. Pero él está convencido de que la religión juega un papel trascendente en la vida de los seres humanos, aunque probablemente tenga que asumir formas diferentes y quizá contrastantes con las de las Iglesias establecidas. Hemos llegado a la conclusión de que AA es una religión más, aunque no se preocupe demasiado por dar una determinada visión del mundo, de su creación ni de la moral del ser humano, fuera del campo de la enfermedad alcohólica. De su entrevista con el Dr. Fouquet le surgió la idea de escrbir un libro paralelo, adaptado a nuestra mentalidad latino-americana. Concluiré este prólogo con las palabras con que cada uno de nosotros termina sus presentaciones en nuestros grupos. Soy un enfermo alcohólico que gracias a AA me mantengo sobrio y sé que en las próximas 24 horas no beberé. Carlos A. Montevideo, Uruguay.
PRÓLOGO DEL DR. FRANKLIN PADILLA Conocía de vista al Dr. Abraham Genis por encuentros fortuitos en Congresos y Jornadas relacionadas con nuestra especialidad , la Psiquiatría. También había tenido la oportunidad de leer artículos suyos en las páginas de Suplementos Culturales de la Prensa local , así como tener la grata sorpresa de encontrarme con un poemario suyo en la biblioteca de un colega , de modo que la versatilidad de Genis me era familiar. Sin embargo, la ocasión de conocernos personalmente “de vista y trato ”, como se diseño ocurrió hasta que nos descubrimos como víctimas de la misma adicción: el cine. Ambos frecuentábamos (y frecuentamos) en calidad de “Amigos de la Cinemateca Nacional ”(y valga la cuña gratuita) la vieja sala de proyección fundada en los sesenta por Margot Benacerraf y sostenida con altos niveles de calidad por Rodolfo Izaguirre, Ildemaro Torres y otros tantos que han contribuido en ofrendarnos a los caraqueños (natos o adoptivos) un oasis de buen cine en el desierto de la cartelera cinematográfica comercial. Allí, en ese recinto, bordeando los hermosos espacios de la Galería de Arte Nacional (¡milagro de Villanueva!) ha fructificado, entre Abraham y yo, un diálogo algo peripatético (por la caminata),siempre ameno, pero nunca académico, que entre el acuerdo y el desacuerdo ha permitido tejer una suerte de complicidad devenida en amistad. Supongo que este último aspecto explica, al menos en parte, que el Dr. Genis me haya pedido prologar este libro suyo y que quien esto escribe haya aceptado escribir este “Envío ”al autor que acomete un asunto tan grave como el del alcoholismo. No quiero entrar en tecnicismos en estas palabras introductorias de talante más bien afectivo. Pero quisiera destacar la pertinencia de su publicación al mencionar, por ejemplo cómo la tercera causa de muerte de jóvenes en Venezuela la constituyen los accidentes de tránsito, y, aunque la constatación forense es sumamente difícil, hay más que presunciones e hipótesis para afirmar que el consumo y el abuso del alcohol juega un papel preponderante en este holocausto semanal de la prensa amarilla. También es útil dar a conocer el cambio que han experimentado en los últimos años los motivos de consulta en las emergencias de instituciones como el Hospital Psiquiátrico de Caracas: allí la balanza se ha inclinado al abuso y dependencia de sustancias lícitas e ilícitas, e incluso en las afecciones “tradicionales ”,como las psicosis, las depresiones, etcétera, el alcohol y las “otras ” drogas hacen acto de presencia. Creo que estas dos acotaciones son suficientes para justificar la aparición de un libro como éste que el Dr. Genis nos ofrece hoy. Con un lenguaje ameno, dirigido a un público no especializado, abarca un amplio temario sin sacrificar la calidad científica de su contenido. Con este envío, pues, deseo y auguro el mayor éxito al Dr. Genis en este aporte a la bibliografía divulgativa de la lucha antialcohólica en Venezuela, que, con Razzetti a la cabeza, hoy se convierte en una urgente misión en la labor preventiva en Salud Mental. Dr.Franklin Padilla. Vicepresidente de la Sociedad Psiquiátrica Venezolana
genisfbl@cantv.net |
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