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Comidas tradicionales son sabrosas pero riesgosas para la salud
Evite que “gaitas y beisból” rime con “tensión alta y colesterol”
Comstat Rowland

Jueves, 22 de octubre de 2009

Sancochos, empanadas, pescado frito, picadillo criollo, carne a la llanera, mute larense, patacones, chivo en coco y pizca, son algunos de los platos más exquisitos y representativos de la gastronomía venezolana. Según es costumbre, estos platos de alto contenido calórico pueblan la mesa del venezolano en momentos de celebración en familia y con los amigos, y es muy común que esto ocurra con frecuencia al ritmo de la temporada de béisbol. Además, con la llegada de las gaitas, el pan de jamón de jamón hace aparición en nuestras panaderías, y toda suerte de platos navideños, dulces y salados, se apropian tanto de ventas de comida al aire libre como del menú de sofisticados restaurantes.

Según el cardiólogo clínico Jesús Marval, “es importante saber que los platos típicos venezolanos como el hervido de res, los sancochos o las comidas fritas, poseen altos niveles de colesterol. De hecho, cada porción de mondongo contiene, en promedio, unas 642 calorías, 45 gr de carbohidratos, 48 gr de proteínas y 30 gr de grasa. Este plato aporta alrededor de 40% del requerimiento calórico diario y alto contenido de grasas saturadas”.

El especialista explica que exceso crónico de grasas- generalmente de origen animal- es la causa principal del depósito de colesterol en el interior de los vasos sanguíneos, lo que conduce a su obstrucción, disminuyendo la circulación de la sangre que transporta oxígeno y nutrientes hacia los órganos. Dicho trastorno se denomina aterosclerosis, y es una de las causas más importantes de ataques cardíacos e infartos, así como problemas cerebrales.

“Generalmente, se recomienda que el consumo diario de productos grasos sea menor a 30% de la ingesta total de alimentos, para prevenir alteraciones en los niveles de grasa en la sangre, que conlleven una serie de condiciones patológicas en el individuo”, señala Marval.

Zonas costeras e hipertensión

Un estudio epidemiológico realizado por la Asociación Cardiovascular de la Región Centro-Occidental, encontró que el mayor índice de hipertensos en nuestro país se encuentra en las zonas costeras.

Según el cardiólogo clínico Jesús Marval, este hecho se relaciona directamente con los hábitos alimenticios de dichas regiones, que suelen incluir cantidades importantes de sal y grasas saturadas. Se estima que la prevalencia de hipertensión arterial en Venezuela se ubica entre 20 y 34 por ciento.

El sodio es el componente más importante de la sal, dicho elemento guarda relación con la hipertensión arterial. “El cloruro sódico retiene líquidos en el cuerpo humano, aumentando la cantidad de sangre, por ende, hay un aumento de la presión arterial”, dijo el cardiólogo. Es por ello que un hipertenso que reduzca sustancialmente la ingesta de sal, tiene más posibilidades de controlar su salud.

El también ecocardiografista, explicó que cuando hay cantidades excesivas de cloruro sódico en el organismo, éste activa un sistema de autorregulación que se encarga de la excreción de cantidades anormales de sodio a través de la orina; “este mecanismo se deteriora progresivamente, por ende, es necesaria mayor presión arterial para mantener el adecuado balance de las funciones del organismo”, agregó.

Patologías combinadas: riesgo elevado

Además de mantener una dieta balanceada y mantener hábitos de vida saludables, los pacientes con riesgo cardiovascular elevado, debido a hipertensión o dislipidemia, pueden recibir tratamiento farmacológico para controlar alteraciones de la presión arterial y los niveles de colesterol en la sangre, como consecuencia de una alimentación desequilibrada y sedentarismo, entre otras causas.

Respecto a los tratamientos, el doctor Marval comenta que: “La combinación terapéutica de amlodipina y atorvastatina en una sola tableta es muy eficaz en el tratamiento y control de la hipertensión y dislipidemia. A partir de los resultados del estudio Ascot, en el que se analizaron diversas terapias para la prevención de eventos cardiovasculares en más de 18 mil pacientes sin enfermedad coronaria previa, se demostró que dicha asociación farmacológica disminuyó sustancialmente la morbimortalidad en individuos que recibieron la terapia combinada”.

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