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Capítulo I - Contrato sobre asesoramiento a parejas en conflicto Abraham Genis Martes, 17 de abril de 2007
Cuando comenzamos a sistematizar el consejo de pareja, observamos que los pacientes hacían preguntas que se solían >> de repetir << en la mayoría de los casos.
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Preguntas respecto al rol del médico, a las responsabilidades de los participantes, a la sucesión de las sesiones, a los valores implícitos en el proceso. Reunimos muchas afirmaciones válidas para casi todos los casos, a las cuales denominamos aforismos. En cierto momento pensamos que la suma de ellos, podía configurar un acuerdo de forma jurídica al cual resolvimos denominar contrato. Y de acuerdo al modelo de los contratos legales, elaboramos un texto, que en el momento actual consta de 31 aforismos o cláusulas, que presentamos a los pacientes durante la terapia. Este recurso, que nos ha sido muy útil, aclara muchos puntos e introduce un clima de transparencia, sinceridad y legalidad, que facilita el proceso. Transforma el conflicto en problema y el clima emocional, en clima racional. EL CONTRATO El médico, la pareja y sus allegados declaran estar informados sobre las siguientes cláusulas y después de leídas y discutidas se comprometen a aceptarlas y cumplirlas. Se divide en cuatro partes, concernientes a: 1.- Los valores y conceptos 1-1.- El consejo de pareja tiene su tabla de valores propios. Estos son, en este orden: a. la mayor felicidad posible de cada uno de los miembros de la pareja. b. La conservación del vínculo. Esta escala de valores se opone a la imposición eclesiástica de la conservación del vínculo a cualquier precio y defiende la felicidad individual por encima de cualquier otra clase de valores. Pero, siendo la familia una institución humana que es clave para la felicidad individual y la crianza de los hijos, su conservación debe ser considerada una prioridad esencial. 1-2.- Ambos sexos son diferentes en su anatomía, fisiología, psicología y mundo interior. Aceptarlo es imprescindible para comprender y resolver conflictos. Para comprender y tratar los rasgos normales y los problemas de la relación de pareja, hay que conocer los atributos propios a cada sexo, lo que hombres y mujeres tienen en común y lo que tienen de diferente. Esto arrojará luz tanto sobre los procesos de integración como sobre los de conflicto. 1-3.- La pareja deberá estar informada que la verdad en psicología y en relaciones humanas, es diferente a la verdad en ciencia y en filosofía. La verdad de una persona no es igual a la de otra persona. Siempre son diferentes y pueden ser aún incompatibles. En relaciones humanas no existe “la” verdad, sino “mi” verdad. La tarea del consejo de pareja es la de construir, en la unión de “mi” verdad y “tu” verdad, “nuestra” verdad. Este aforismo es de particular importancia ya que enseña a cada miembro a respetar la independencia del otro. Enseña también, a través del término “construir” la importancia de la labor personal en el consejo de pareja. 1-4.- Hay que tratar de transformar al conflicto (que significa disputa, guerra, emoción) en problema (que significa dialogo, negociación, razón). Y luego dividir este problema en el mayor número de partes simples que puedan brindar soluciones independientes. Razón tiene el dicho: ”Divide y vencerás” 1-5.- Como todo en la vida, todos estos aforismos no son absolutos. Pero una larga experiencia ha demostrado que son casi siempre eficaces. 1-6.- Uno de los objetivos fundamentales del consejo de pareja es fortalecer la personalidad de cada uno de los sus miembros, para ayudar a la solución del conflicto así como para toda relación de ellos mismos en cualquier otro ámbito. SEGUNDA PARTE. SOBRE LOS CONSULTANTES Y ALLEGADOS 2-1.- El primer requisito para que tenga lugar el consejo de pareja es la salud psíquica de los miembros. Si existe cualquier problema psiquiátrico: psicótico, orgánico o neurótico, su asistencia es previa o por lo menos simultánea al consejo de pareja. Aún cuando no lleguen a configurar una enfermedad, existen rasgos de personalidad y de carácter que influirían en el conflicto. 2-2.- Cuando uno de los miembros de la pareja haya sido diagnosticado como enfermo, el otro tiene la responsabilidad moral de prestarle apoyo mientras dure la asistencia, fijando él o ella mismo el plazo de tiempo de la espera. También él o ella debe recibir información, apoyo y aún psicoterapia. 2-3.- Debe informarse la verdad lo más completa posible en lo que se refiere a los hechos. Ocultar o deformar los hechos prolonga o dificulta la asistencia. Los secretos dañan la terapia de pareja. A menudo algunos pacientes no buscan una solución común, sino imponer al otro su voluntad. En ese caso con frecuencia aparecen la mentira, la desfiguración consciente de los hechos y las manipulaciones. 2-4.- La actitud que debe asumir cada interesado es: a.- Tomar conciencia de las propias dificultades. b.- Descripción lo más completa posible, sin queja ni acusación, de los problemas del otro. La descripción solicitada de los problemas del otro, invita a una actitud fría y racional de ambos miembros de la pareja. Tiende a sustituir las emociones negativas por las emociones positivas, a través de la comprensión racional de los hechos. 2-5.- Los costos asistenciales para ser comprendidos y aceptados por los consultantes deben compararse con: a.- El sufrimiento de un fracaso amoroso. 2-6.- Para el mejor resultado del consejo, los participantes se comprometerán: a.- A cumplir con todas las citas 2-7.- Los consultantes deben comprometerse a no utilizar a los hijos como armas el uno contra el otro en el conflicto. Evidentemente, el daño producido en este caso pudiera sobrepasar mucho en tiempo al del conflicto en sí. 2-8.- Con cierta frecuencia uno de los miembros de la pareja se niega al consejo. A pesar de ello se puede continuar el proceso a través de uno solo de ambos, pudiéndose lograr de esta manera resultados favorables para la familia. 2-9.- También se requerirá colaboración, concesiones y esfuerzos, en caso de necesidad, a los restantes familiares y allegados. A veces las parejas se perturban por intervención de los familiares. En estos casos se hace indispensable involucrar a terceros en la solución del conflicto. TERCERA PARTE. SOBRE EL MÉDICO 3-1.- Los consultantes suelen considerar al médico como una especie de juez, que debería fallar a favor de una u otra parte. Esta idea es equivocada y debe ser rechazada. El rol del médico puede ser descrito como el de un comunicador que busca un lenguaje común para dos personas que hasta el momento hayan carecido de él, o que lo tengan distorsionado. También puede ser descrito como un puente que une dos orillas de un río hasta entonces incomunicadas. El médico puede ser denominado un “tercero neutral.” 3-2.- El médico se abstendrá de dar consejos y directivas decisivas. Cada uno de los miembros de la pareja deberá asumirse como adulto, sano y responsable. La función del médico será la de brindar información, enseñanza y sugerir las medidas útiles para ayudar a los interesados a asumir sus propias decisiones. Asimismo el médico se abstendrá de comunicar personalmente a cada uno de los participantes las reclamaciones y quejas de otro. Estas informaciones deberán ser brindadas cuando los tres estén juntos. 3-3.- En ciertos casos, el médico puede considerar útil proponer una medicación sedante. La confrontación racional es más efectiva cuando no hay perturbaciones de tipo emocional. Las dosis serán pequeñas y se tomarán por tiempo limitado. Cumpliendo con las instrucciones médicas no hay riesgo de adicción. Libremente, el paciente puede o no aceptar la medicación. 3-4.- El médico asume el derecho de comunicarse con la pareja si ésta deja de concurrir a la consulta. Los malentendidos, los olvidos, los problemas extra-asistenciales, suelen ser frecuentes y siempre deben ser aclarados. El compromiso demostrado con el proceso es en cierto modo pronóstico del compromiso a futuro con la pareja. CUARTA PARTE. SOBRE EL PROCESO DE ASESORAMIENTO 4-1.- Las sesiones tendrán lugar de acuerdo al siguiente cronograma: a.- Reunión del médico con los interesados en pareja para obtener una visión global de la situación. 4-2.- Un primer momento en la solución del problema es tomar aquellas medidas concretas y objetivas que no afecten directamente al uno o al otro. Por ejemplo: salud, descanso, comunicación, comprensión. Comenzar por tomar medidas sencillas, que no afecten muy personalmente a ninguno de los miembros de la pareja, dá cierta confianza y una buena base de comunicación para los puntos más difíciles. 4-3.- Un segundo momento es tomar aquellas medidas que signifiquen alguna forma de esfuerzo, molestias, y hasta sacrificios. 4-4.- Cada uno de los miembros de la pareja deberá poner empeño: a.- En ayudar al otro. 4-5.- Uno de los dos deberá estar a cargo de la máxima responsabilidad en las soluciones, de acuerdo con sus conocimientos y aptitudes, según el dicho que reza: «de cada cual según sus posibilidades y a cada cual según sus necesidades» 4-6.- Es ilusorio pretender que el consejo se resuelva demasiado rápidamente. Es necesario conocer la personalidad de cada uno de los interesados, su biografía, identificar el conflicto y sus mecanismos y dialogar y negociar para obtener fórmulas comunes. Suspender prematuramente el consejo significa recaer en los mismos problemas confirmando aquello de que ”el humano es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra.” La mayoría de los fracasos se dan por la suspensión prematura de la asistencia. 4-7.- Vivimos en un país sometido a leyes. Cada uno de los miembros de la pareja debe aceptarlas y no presionar para que las leyes se sometan a su voluntad e intereses. En el estado actual de nuestro poder judicial, hacer intervenir a la justicia en el conflicto es largo, caro y lamentablemente sometido a toda clase de incertidumbres. En defensa del secreto profesional, el médico se negará, dentro del marco legal, a declarar en cualquier tipo de proceso. 4-8.- Es difícil prever cuales serán los resultados de consejo de pareja. Las soluciones paradojales, a veces inesperadas, son muy frecuentes. Cuando todo hace prever un resultado se da el opuesto. Esta afirmación no debe desalentar el proceso sino, por el contrario, obliga a perseverar y perseverar. 4-9.- Estos aforismos son los fundamentos de un diálogo entre el médico y la pareja. Todos deben llegar a un acuerdo consensual. No pueden ser utilizados aisladamente por uno solo de ellos para defender su posición personal. 4-10.-Hay que concederle al conflicto de pareja la máxima prioridad. Está demostrado que las situaciones más estresantes en la existencia dependen de ésta área. Las tres primeras son: la viudez, el divorcio y la separación. 4-11.-Las metas del consejo de pareja pueden ser tres o cuatro: a.- La ideal es conservar la pareja y la familia con satisfacción personal y común. 4-12.-La mayor parte de los fracasos del consejo de pareja (metas “b” y “c” en lugar de la meta óptima “a” ) se deben a : a.- No decir toda la verdad. 4-13. Algunos consultantes se desaniman puesto que, según su versión, han hecho todo lo posible para resolver el conflicto. Se señala que la situación es diferente cuando interviene un experto, que ha estudiado y que tiene experiencia en estos problemas. Resolver estos casos es una tarea profesional y no para aficionados o personas demasiado involucradas en el problema. 4-14. En el consultorio psiquiátrico no se trabaja con el concepto de culpas o culpables. En cambio sí se trabaja con el concepto de víctimas. Y si uno de los miembros de la pareja aparece como agresor se considerará a su vez como víctima de: a.- alguna enfermedad En lugar del concepto de culpa es útil el concepto de responsabilidad, la cual varía de acuerdo a las siguientes condiciones. a.- la edad 4-15. Una metáfora para comprender el consejo de pareja es la de suponer que la familia ha experimentado una modificación. Se ha integrado en ella un nuevo miembro, profesional, en general mayor, con experiencia sobre el tema, cuya función es orientar a los miembros naturales para resolver el problema. Una vez cumplida con su función se retirará, dejando a la familia mejor integrada. 4-16. La pareja podrá elegir, para su nuevo funcionamiento dos fórmulas. Un tipo tradicional o conservador, en la cual el hombre mantiene la casa y la mujer atiende a los niños y a las tareas del hogar. Un tipo contemporáneo, en la cual la mujer también trabaja y el hombre se presta, de común acuerdo, en colaborar a las tareas del hogar. Esta fórmula se adecua más a la situación social y económica contemporánea de nuestra sociedad.
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