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La memoria del Zulia la mataron
Roberto Simanca

Jueves, 5 de noviembre de 2009

Hace un quinquenio atisbé a un hombre anciano en la antigua librería de la calle la Tradición de la ciudad de Maracaibo; el hombre cansado por los años, parecìa siempre dormir; seguí en mis ojeadas y hojeadas de libros; salí y creí que el personaje jamàs lo vería, como no se ven muchos transeùntes que pasan a nuestro lado en cualquier urbe. Pasò poco tiempo y fui a una conferencia del difunto Estanislado Barboza de la Torre sobre Bolívar en la casa de la Capitulación en la Tierra del Sol Amada; y el anciano referido sentado al lado del orador dormìa segùn mi criterio, la sorpresa fui que cuando finalizò el ensayista, la mente del viejo refutò con fechas y otras ideas lo que para mi era un pieza magistral, comencè a tener respeto por quien todavìa no conocía. Seguìa en mi función de gerente público y en la prensa local se promocionaba por un club pirvado un curso sobre Valores Literarios Zulianos; pensè que era lo que buscaba, desde hacìa tiempo quería darle sistematicidad a algunas lecturas sobre nuestros escritores; para sorpresa el viejito aparentemente dormilòn era Don Luis Guillermo Hernàndez, el memorizador zuliano, como bien lo calificó el periodista Alexis Blanco.

Una de las caracterìsticas del hoy difunto Luis era su prodigioso memoria. No habìa dato, fecha, recorrido y sintesis sobre el Zulia y Maracaibo, que el hombre no integrara en su haber. La pasiòn de la zulianidfad se le calò muy hondo, en esos recorridos que hacìamos despuès de la clases a la fuente de soda Palmarejo de la calle citada, pude palpar toda una informaciòn prodigiosa para mi intento de novela Venecia Aindiada: Entre el poder y la alevosìa. En confianza con el anciano, muy dado a la ironìa y al chiste cruel, caracterìsticas que defendìa con aquello de que asì somos los zulianos; Luis supo sistemizar la investigaciòn sobre la historia de la literatura zuliana, aunque su obra fundamental junto al abogado Jesùs Parra, sea el Diccionario General del Zuilia. La familiaridad con este hombre se hizo fuerte en sus ùltimos años, pues, en mi funciòn de taxista religiosamente recalaba en su vieja casona, donde llevàndole los periòdicos del dìa, se los cobraba con las maratònicas conversaciones, con que las que creo muchas veces lo fastidiaba; asì pude tener acceso a su bliblioteca, leer algunos originales de sus obras y oirle el comentario sobre algunas en mente, caso de la Historia del Teatro en el Zulia, El cacique Nigale, Historia de Ondas del Lago, Escritores de la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia y tantos proyectos que no pudo realizar; pero que eran su razòn de ser de vida. Me decìa que su familia se caracterizaba por la longevidad y èl deseaba morir escribiendo; estoy seguro que los criminales que le dieron muerte lo consiguieron frente a su antiguo comuputador dàndole forma escrita a su ùltimo trabajo, encomendado por el decano de letra de nuestra alma mater.

La ironìa para Luis Guillermo Hernàndez coincide con la compra por los paracos del edificio Sansòn de la plaza Baralt de Maracaibo; es decir, mientras los paramilitares colombianos y sus sicarios se apoderan de la fuerza otrora de la zulianidad, el memorizador de la entidad federal se le da muerte. El Zulia como he venido diciendo lanzò su identidad local al olvido, somos una carpa fenicia flotando sobre el lago; y sin resistencia en lo propio cabamos nuestra tumba como la muerte por la delincuencia de este varòn del gentilicio zuliano. De verdad el tìtulo de la ùltima obra de Don Domingo Alberto Rangel: Aquì gobierna la delincuencia, que parafraseàndolo dirìamos En el Zulia gobierna de verdaita la delincuencia.

robertosimancas@gmail.com

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