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Declaraciones de Chávez confirman su posición antidemocrática e inconstitucional y su intención de perpetuarse en el poder.
Grupo Ávila

Miércoles, 18 de abril de 2007

El Presidente Chávez, recientemente, ha dicho decir lo siguiente: “en el mundo militar, patria, socialismo o muerte es el nuevo toque de diana…llegó la hora de que la Fuerza Armada Nacional (FAN) conforme un ejército industrial como parte de la implementación de la propiedad social”. “Es falso que el militar sea apolítico. La institucionalidad fue una manera de asumir una posición contraria al mandato del pueblo. … los oficiales están obligados a levantar la bandera de socialismo o muerte, sin complejos, sin ambigüedades…si alguno se siente incómodo puede tramitar su baja, no tiene cabida en la FAN. La FAN nunca ha sido apolítica, inodora, incolora e insípida”.

Esta declaración es evidentemente violatoria de la Constitución nacional,, que establece al respecto: “La FAN constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política…está al servicio de la nación y en ningún caso de persona o parcialidad política…”. Además, según el Presidente Chávez la condición de institución apolítica, obediente y no deliberante, que tradicionalmente tienen las fuerzas armadas de todos los países democráticos, las convierte en “inodoras, incoloras e insípidas”. Estas expresiones de Chávez constituyen evidentemente un insulto a las Fuerzas Armadas institucionales y profesionales de todas las democracias existentes.

En democracia, las Fuerzas Armadas necesariamente deben ser institucionales, profesionales y sobretodo apolíticas, porque tienen en custodia las armas de la totalidad de la nación, constituyen el brazo armado del Estado, que tiene el monopolio de la violencia legítima. Por tanto, no deben intervenir en la lucha política ya que se convertirían en un partido armado y/o en guardias pretorianas del gobernante de turno. El pretorianismo militar es una característica típica de sociedades no democráticas. Es por ello que la Constitución Nacional establece expresamente que si bien los integrantes de las fuerzas armadas tienen derecho al sufragio, no les está permitido “optar a cargo de elección popular, ni participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político (CN Art. 330) En otra declaración, el Presidente Chávez dijo: “Llamo a los venezolanos a radicalizar nuestra revolución. Debemos alejarnos de las ideas de que la política es el arte de lo posible, o que hay que buscar el consenso, que si es posible hay que llegar a acuerdos. Nunca nos aceptarán. no hay caminos de entendimiento.” Con esta declaración, Chávez evidencia que su visión de la democracia carece de elementos esenciales de la misma. La democracia además de elecciones limpias y periódicas, la separación y la autonomía de los poderes públicos, y el respeto de las libertades fundamentales, de manera particular las que garantizan los derechos de expresión, reunión y organización, requiere la existencia del Estado de derecho, donde las voluntades del gobernante y del pueblo están limitadas por el “imperio de la ley”. En democracia, la mayoría no puede desconocer los derechos, las libertades civiles y las garantías que protegen a las minorías y a los individuos. La democracia para funcionar razonablemente, debe asentarse en una “cultura política” en la cual: “diálogo”, “tolerancia”, “negociación” y “consenso”, sean recursos para lograr la convivencia, promover la inclusión y poner fin a la polarización. La lucha política democrática es agonal, no existencial, porque hay competencia de opciones político-programáticas, adversarios que superar, no enemigos que aniquilar, como erróneamente afirma el teórico nazi Karl Schmitt. Las críticas deben ser “ad argumentum” y no “ad personam”, en otras palabras, se atacan las opiniones, pero se respeta la persona del adversario. La democracia no se reduce a la voluntad de la mayoría, es igualmente, respeto de las minorías y de la pluralidad ideológica.

Hitler, Mussolini y Napoleón III, “el pequeño”, fueron elegidos y capturaron durante mucho tiempo, el apoyo de la mayoría de sus pueblos. Pero esos regímenes no fueron democráticos sino dictaduras plebiscitarias. Desafortunadamente, la concepción que el Presidente Chávez tiene de la democracia “participativa”, recuerda demasiado la participación “regimentada” de los movimientos nazi-fascistas. La relación, sin intermediarios, del Caudillo con “su pueblo”, la presidencia vitalicia, el irrespeto y la exclusión total de la oposición completan un cuadro claramente antidemocrático. La comunidad internacional democrática debe tomar nota de esta conducta antidemocrática y permanecer alerta ante la situación que confrontan la democracia venezolana y los derechos fundamentales de sus ciudadanos Caracas, abril 2007.

sadiogta@cantv.net



 
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