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Horno de leña: ¿Cuáles oligarcas temblarán? Mientras salen aprobadas poco a poco las fusiones bancarias, se prepara calladamente la próxima batalla sindical y el gobierno sigue dando tumbos Basilio Plaza Lunes, 18 de diciembre de 2000 Fusiones bancarias, paso a pasoSegún Gaceta Oficial la Superintendencia de Bancos autorizó la fusión por absorción de los bancos Mercantil e Interbank, la cual deberá estar lista a más tardar en el primer trimestre de 2001. No ha salido en Gaceta, pero estaría ya lista y aprobada la fusión entre Fondo Común y Banco República.
Entretanto, el gobierno no ha olvidado su convicción de que las tasas pasivas deben aumentar y las activas disminuir; este tema seguirá dentro de las prioridades gubernamentales –económicas y políticas- en 2001, no hay que olvidarlo Los sindicalistas tradicionales y los chavistas, afinan sus estrategias de combate
La brutal abstención que, en el caso específico del referendum sindical, muerde el 90 %, fue una llamada de atención: los sindicalistas de Hugo Chávez, no pudieron convocar a una masa siquiera razonablemente importante para ir a decidir en un tema que no sólo le incumbe directamente, sino que implicaba un llamado y un compromiso personal del caudillo revolucionario. En el desolado proceso electoral de este 3 de diciembre de 2000 se vio de todo, desde boletas para el referendum que nunca llegaron a las mesas electorales, hasta boletas que algunos de los escasos votantes simplemente se guardaban sin depositar en las urnas, sin que hubiese reclamos por parte de los miembros de mesas (quienes rompieron públicamente sus boletas fueron mas bien pocos); se vió de todo, excepto interés popular. Las renuncias a sus cargos de altos dirigentes del sindicalismo tradicional no significan la desaparición de la CTV, Codesa, etc. Simplemente, dejan terreno al enemigo en preparación de mejores posiciones, parte de una estrategia de combate que está en planificado desarrollo. Las renuncias no son más que una retirada estratégica. Insistimos en que la cuestión sindical va a seguir siendo uno de los grandes problemas del gobierno, y no hay que imaginarse que todo se solucionará con la derrota de determinadas individualidades. El problema es mucho más amplio y profundo y conlleva la aceptación o no de Hugo Chávez, su oferta y sus exigencias, por parte de una amplia y bien preparada estructura de liderazgo arraigado y bien entrenado. Es difícil que el sindicalismo internacional tome acciones efectivas en los puertos y aeropuertos, por ejemplo; sus acciones serán más probablemente políticas, acciones de presión ante gobiernos y algunas grandes empresas multinacionales. La guerra real deberá ser librada por el sindicalismo venezolano tradicional, y el sindicalismo chavista, si es que éste realmente existe. La simple verdad es que el gobierno tiene seis meses para lograrlo. Chávez ganó una primera aunque muy menguada batalla, casi por forfeit. En seis meses deberíamos presenciar la siguiente. Y seis meses, en política como en la guerra, igual pueden ser un relámpago, que una eternidad. ¿Cuáles oligarcas temblarán?El desastre electoral del 3 de diciembre –y una obvia disminución de su poder de convocatoria, eso es lo que significa la enorme abstención- está tratando de taparlo el presidente con su pleito innecesario con los colombianos y con este nuevo y mítico enemgo llamado “la oligarquía”.
Buen enemigo, práctico, justamente por inexistente. Oligarca será quien le convenga al Presidente. Difícil es tachar de oligarcas a García Márquez y a Giusti, difícl señalar como oligarcas a personas tan diferentes en lo social, lo cultural y lo económico, aunque trabajen en lo mismo, como Miguel Henrique Otero, Andrés Mata, los hermanos De Armas, los hermanos Capriles, Rafael Poleo, Carlos Croes, Aníbal Latuff y Pablo López Ulacio, para sólo citar editores de diarios en Caracas. La oligarquía, aclara el diccionario, es un gobierno en el cual todos sus miembros pertenecen a la misma clase social. En Venezuela los posibles integrantes de una oligarquía –tomada como los miembros de una misma clase- murieron en los campos de batalla y en los diversos movimientos, tomas, huidas, asaltos, etc. de nuestra larga y feroz Guerra de Independencia. Algunos pocos pudieron huir a las islas del Caribe, a los Estados Unidos y a Europa, arruinados, para nunca mas volver. Los otros pocos que quedaron vivos, fueron muriéndose a lo largo de la azarosa vida republicana criolla y fueron asesinados o huyeron del país en la Guerra Federal. Ricos, nueva sociedad, fueron haciéndose generales y caudillos militares que, hasta comienzos de la segunda década del siglo XX, fueron apareciendo y muriendo sin parar hasta que se estableció a rajatabla la dura pero eficiente paz de Gómez. A partir de ese momento, empezaron a aparecer nuevos empresarios, nuevos ricos sin apellidos tradicionales y muchos de ellos producto de la mezcla de razas. Así, el núcleo de los aristocráticos creadores del movimiento independentista venezolano –porque en su mayoría eran ricos, de amplio apellido y por eso mismo ilustrados-, pereció casi en su totalidad. No somos historiadores y no nos atrevemos a decir cómo ni cuándo desapareció la oligarquía colombiana, pero es un hecho cierto que hoy en día no existen oligarcas como tales mas allá de alguno que otro individuo de apellidos impresionantes y cartera poco surtida. No porque Colombia padezca esa tragedia heredada que es la guerrilla, significa que la oligarquía bogotana denunciada por el presidente Chávez siga existiendo. Hablar de oligarquías en el continente americano de hoy en día es simplemente desconocer la realidad en estos países de cambios profundos, de clases medias que se expanden y se encogen como nerviosos acordeones y en los cuales los grandes ricos difícilmente tienen más de una generación como tales; ricos que, en general, han evitado meterse en políticas y gobiernos para dedicarse a la caza del dólar. Ahí, quizás, ha estado uno de sus grandes errores. Muchos de ellos han comprado la política, pero jamás la entendieron. De manera que para Hugo Chávez, quien se convierte cada día mas en un buen ejemplo de realismo mágico, esto de la oligarquía no es más que un argumento para mantener viva la banderita del poderoso enemigo que su revolución tiene que vencer para poder responderle al pueblo, y por cuya culpa las cosas siguen estancadas. Pero esa respuesta y esas soluciones tantas veces prometidas, no se están dando, cuando siempre con el pretexto de enemigos poderosos y de necesidades de transformación política, lleva dos años de continuo fracaso económico, inventando sobremarchas que nadie siente, dejando la calle abandonada, enfrentándose innecesariamente a poderes respetados por la población y el ya largo etcétera de las dificultades chavistas. Y eso es mucho más grave y más difícil y riesgoso de pagar, porque afecta, decepciona y desespera a su base política natural, ese conclomerado socioeconómico absolutamente depauperado y que necesita los milagros ahora mismo, que ha apoyado a Chávez justamente porque estaba harto de esperar y de promesas políticas; y arrincona cada día más a la base intermedia de comerciantes, industriales medianos y pequeños, agricultores, etc.; es decir, justamente quien puede hacer realidad la prosperidad. Moral y luces económicas son nuestras primeras necesidadesUna de las más graves maldiciones venezolanas es que, al menos desde la muerte de Juan Vicente Gómez, ninguno de sus presidentes ha sido conocedor siquiera razonable de la cuestión económica. Gómez tampoco sabía, pero tenía ese espíritu de capataz de hacienda, de bodeguero rural con firme instinto de pagar las deudas, asegurar la propiedad y guardar dinero. Unos pocos, como Pérez Jiménez, Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, tuvieron la inteligencia de escoger como Ministros de Economía a hombres expertos, y dejarlos hacer. La otra parte de la maldición es que los dirigentes partidistas tampoco entienden la economía más allá de como un elemento de poder y de negociación a su favor. Caldera en sus dos gobiernos, Lusinchi, Luis Herrera Campins, fueron ignorantes económicos que encabezaron, permitieron y defendieron grandes errores, mientras sus partidos se limitaban a aprovechar lo que podían y a cometer, ellos mismos, errores incluso peores.
Ahora, en una nueva época de vacas gordas, cuando hay más dinero que nunca, cuando los precios del petróleo han escalado niveles escalofriantes, cuando toda América avanza firmemente hacia la integración y el dinámico intercambio comerciales y económicos, Venezuela finaliza su siglo XX e inicia su siglo XXI con un gobierno que antepone recursos populistas al análisis y ejercicio de la economía real y práctica, y que aumenta la deuda del estado sin conseguir mejorar la estabilidad económica de sus ciudadanos. Entretanto, hay una realidad dramática. Mientras el resto de América Latina –exceptuada Cuba, como siempre, aunque ahora con características especiales de turismo salvaje que enriquece a empresarios extranjeros y al Estado, pero se niega a los cubanos- se mueve hacia los líderes económicos, Estados Unidos, Mercado Común Europeo, Mercosur, principalmente, y ocupa posiciones en función de desarrollo, Venezuela reelabora su estratregia y se abre políticamente a los grandes fracasados de la economía. Chávez parece jugar a un vano liderazgo tercermundista a cuenta de petróleo y facilidades financieras mientras el péndulo del interés norteamericano se mueve hacia Colombia y se refuerza en Brasil y Argentina –además naturalmente de México. El Presidente pretende que se le juzgue por lo bueno que hace y no por lo enloquecido que dice, pero es que lo que hace va en un ritmo mucho más lento que lo que dice; y esto que dice suena habitualmente a peligro, a retroceso a fórmulas sociales, políticas y económicas fracasadas y superadas décadas atrás, a intervención en los asuntos internos de otras naciones, a asociaciones y amistades incomprensibles con tabúes históricos. El Presidente no termina de entender que cada vez que habla y se emociona quizás galvanice a las masas populares y enriquezca su peculiar liderazgo entre ellas, pero al mismo tiempo asusta a los inversionistas nacionales e internacionales que sólo pueden juzgar en base a lo que escuchan y a lo que le transmiten los medios de comunicación y las agencias internacionales que no tienen la estrategia hipocrita e inamistosa que Chávez les achaca, sino que simplemente les basta reproducir lo que él mismo proclama. En pocos años, el liderazgo latinoamericano será compartido entre México y su presidente Fox, y como siempre Brasil –a menos que por esas volteretas de los pueblos, Cardoso sea sustituido por Lula Da Silva, habrá que estudiar a fondo ese nuevo escenario. Chávez no termina de entender el riesgo terrible que corre –y hace correr al país- al ser presentado como posible intervencionista en Ecuador, Bolivia y Colombia, apoyando a movimientos indigenistas, golpistas y guerrilleros de izquierda extrema. Lamentable problemática para Venezuela y para quienes vivimos en este país donde la inflación baja, no por la críptica política económica del señor Giordani, sino porque cada día hay menos gente con capacidad de comprar. Otra vez el Ministro de Educación: lo que dijimos no fue lo que quisimos decir, o sea...
Ya ha pasado antes con textos escolares de preeducación militar y de historia, con los ensalzamientos al Che Guevara, con el rechazo a la educación religiosa. El Ministerio de Educación y Cultura pareciera estar actuando en base a ensayo y error, a suéltalo a ver que pasa, si pasa pasó y si reclaman decimos que es falso y a otra cosa. El hecho peligroso es que la educación privada es el otro frente que se le está complicando al gobierno, y como el sindicalismo, la Iglesia, la seguridad civil y militar del Estado en manos de la Disip, las relaciones con Colombia y especialmente con la guerrilla, la aversión a lo norteamericano y la variedad de promesas al pueblo cargadas de imposible inmediatismo, es un frente problemático. múltiple y de difícil manejo que fácilmente puede írsele de las manos al Estado.
Idos ya Don Dimas Graterol y Miguelina Payares hacia desconocidos lugares en los llanos venezolanos, terminamos con éste nuestros Hornos de Leña de 2000. De ser necesario, prepararemos informes especiales, tomando en cuenta que es posible que el gobierno aproveche las ausencias vacacionales para hacer algunos nombramientos y sacar algunos decretos y leyes conflictivos. Nuestros mejores deseos para todos y prepárense para un 2001 conflictivo, azaroso y con calles agitadas. Y, Dios nos aparte este cáliz, con un baja de los precios petroleros.
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