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¿Una democracia sin oposición? Víctor Manuel Pérez Martínez Sábado, 10 de diciembre de 2005
El tiempo será el mejor juez para determinar si la retirada (aunque no formal ante el CNE) de los candidatos de oposición para designar a los integrantes de la Asamblea Nacional fue la más adecuada. Hay quienes señalan que no fue una estrategia política correcta, en especial, porque esa decisión se tenía que haber tomado cuando se designó el Consejo Nacional Electoral, en el referéndum revocatorio o en las elecciones de alcaldes y gobernadores. ¿Por qué ahora? Si se aceptaron las reglas de juego anteriores, ¿por qué en esta oportunidad no? Hay preguntas que la oposición debe tratar de responder a los electores, entre ellas, si la finalidad de esta retirada es parte de una propuesta política para asistir unidos y con un plan de gobierno alternativo al de Hugo Chávez en las elecciones presidenciales. Si no es así, el haber perdido los pocos espacios de poder político constitucionales puede aumentar la incertidumbre en sectores de la población.
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No obstante, esta mayoría “legítima” del oficialismo, en medio de una abstención alrededor del 74%, no es para tranquilizarse, al contrario, es importante cuestionarse desde el oficialismo y desde la oposición los efectos que puede traer para nuestra democracia. Una democracia sin oposición constitucional no puede considerarse democracia. Un parlamento en el cual solamente está presente una tendencia política, sea de la mayoría o de la minoría, no es un signo positivo de una democracia que quiere promover cambios sociales en el ámbito de la libertad y de la participación. Los actores políticos no están midiendo la responsabilidad de los actos que están asumiendo, entre ellos, dejar sin voz a sectores de la sociedad venezolana en el espacio por excelencia de la vida democrática: el parlamento. El CNE puede decir que actuó correctamente, el oficialismo que fue un éxito de la revolución y la oposición que no habían garantías para participar en el proceso, pero la realidad es que en Venezuela, cada día, los políticos y los sectores de poder están destruyendo la vida democrática del país. Los ciudadanos, en general, no confían en los partidos políticos, ni en el gobierno, ni en las instituciones, ni siquiera en que exista un futuro de cambio en la sociedad. Si la revolución bolivariana está planteando un desarrollo de Venezuela en democracia, no hay indicios de que ese mensaje esté llegando a los ciudadanos. Si la oposición quiere democracia, tampoco hay indicios de que estén pensando en un plan de gobierno alternativo al del oficialismo. La democracia no es solo ganar elecciones, sino que todos los ciudadanos seamos libres de crecer como personas en un ambiente de libertad y de paz. Democracia no es “socialismo” ni “revolución bolivariana”. El “socialismo” y la “revolución bolivariana” deben tener un lugar en un gobierno democrático. No confundamos. |
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Carmen Cristina Wolf
Trino Márquez
Germán Gil Rico |
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