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Sección: Política
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19 de agosto
Alfredo C. Ángel
Lunes, 18 de agosto de 2003
El referendo revocatorio se había activado con fuerza, abriendo un inesperado camino colectivo de madurez y paciencia. No había sido suficiente salir de Presidentes tan inmerecedores de la primera magistratura, como aquel que recordábamos por la querida y por borrachito simpático; o el inútil ilustrado del chiripero, que gobernó como si existiera sólo en el silencio; o como el enérgico del Táchira, el de la rapaz Venezuela; o como aquel de la revolución bonita, el aprendiz de líder y de la esperanza que nunca se graduó de constructor de lo mejor. El gradual avance colectivo en la visión individual de respetabilidad, dignidad y seriedad de la Primera Oficina Pública de Venezuela, había producido finalmente resultados: elegimos como Presidente a un hombre decente, trabajador y justo, que conocía bien lo que querían los Venezolanos. Enriquecimos primero muy seriamente nuestros empobrecidos conceptos de decencia, trabajo productivo y justicia. No eran ellos realmente los que podían decidir el cambio, éramos nosotros que habíamos dejado de estar moralmente arruinados.
Ya no hablábamos de la pobreza. Nos ocupamos de cómo producir el dinero indispensable para superarla. Abandonamos la hipocresía sobre PDVSA y la acercamos al colectivo con criterio profesional y de justicia: millones de venezolanos de todos los niveles se convirtieron en verdaderos accionistas de lo que en el pasado había pertenecido, groseramente, a sólo 50 mil venezolanos privilegiados. Esta acelerada capitalización se invirtió en las empresas básicas: todas las escuelas primarias y de bachillerato del país sufrieron una gigantesca reconversión cualitativa. Los maestros y profesores se enfocaron para siempre en la enseñanza de conocimiento para la innovación, en su aplicación, en el uso de la tecnología para la productividad y la competitividad, y en el modelaje diario como formadores de líderes responsables. Y por ello, su paquete de remuneración era el mejor del hemisferio, no por otra cosa.
Disfrutábamos del funcionamiento real de las instituciones. Los jueces podían decidir sin tener que justificar sus decisiones ante los caprichos de parcelas de poder; los policías generaban en la gente una percepción de respeto, confianza y efectividad por su comportamiento profesional; los hospitales y oficinas públicas se habían convertido en núcleos de información automatizada en línea con el Centro Nacional de Estadísticas Civiles, ambas instituciones facturaban a cada persona contra sus fondos personales, familiares y/o de pensiones como pago por los muy bien prestados servicios. Mucha gente concurría como siempre, a los centros públicos de atención de asuntos ciudadanos o empresariales como alcaldías, gobernaciones, institutos oficiales y ministerios, que ahora se habían convertido en espacios para el reencuentro del respeto propio: el expedito procesamiento automatizado de los trámites había hecho de la espera un momento de disfrute colectivo, por el orgullo que sentíamos de nuestras instituciones. Por primera vez, habíamos aplicado la herramienta política más poderosa de nuestra historia: el referendo revocatorio iniciado el 19 de Agosto de 2003.
email:acaconsultores@telcel.net.ve
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