Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y análisis

Imbecilidad tonal
Roberto Hernández Montoya

 
Jueves, 7 de diciembre de 2000

Roberto Hernández Zambrano, mi padre, llegó a la Penitenciaría General de Venezuela, en San Juan de los Morros, junto con Alberto Carnevalli. Alguien los delató y los capturaron en una casa en Chapellín, donde conspiraban contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Cuando cayeron, Carnevalli se entregó al jefe de la comisión de la Seguridad Nacional. Ambos caballeros se estrecharon la mano. Entonces había caballeros en la policía.

Otra ceremonia ocurrió al llegar a la Penitenciaría. El que los presos habían nombrado jefe entregó el “mando” a Carnevalli, pues este, como dirigente nacional, era preso de mayor jerarquía. Y eso que ahí estaban Antonio Lauro y Jesús Faría. Apenas terminó la ceremonia, Carnevalli fue al excusado. Salió indignado.

—Unos dirigentes populares no deben tener un excusado en este estado de inmundicia —dijo—. Háganme el favor de conseguirme un balde de agua, jabón y un trapo.

Él mismo se puso a limpiar. A los demás no quedó más que seguirlo, avergonzados. Desde entonces el retrete brilló. También brilló el conocimiento. Carnevalli organizó una suerte de academia platónica sin platonismo, donde mi padre aprendió inglés, italiano, marxismo, literatura. No aprendió música porque Lauro lo desahució:

—Usted padece de imbecilidad tonal, Hernández.

Tenía razón, lo que no impedía que mi padre tuviera el detallado gusto musical que me dejó en herencia. La realidad es compleja.

Allí lo visitábamos mi madre y yo. Ella iba musitando el Himno Nacional por el largo y soleado camino, tan bajito que yo no la oía. En una de esas visitas, mi padre me regaló una moneda de cinco bolívares y unos mapas de Europa, de esos de estación de gasolina, que aún conservo. Siempre me conmovió, entonces y ahora, el gesto de un preso rebuscando cinco bolívares para dar algo a su hijo de cinco años en un Año Nuevo.

No conocí a Carnevalli; tal vez ya había muerto en prisión, de cáncer. Eran tiempos de tristeza y dignidad.

Mientras Carnevalli conspiraba en Chapellín, Rómulo Betancourt lo hacía en Washington para evitar que los volvieran a derrocar como en 1948. Cuando regresó al poder en 1959 evitó que lo depusieran matando y torturando gente popular con más crueldad que Pérez Jiménez. Las comisiones policiales ya no estrechaban la mano de los detenidos, sino que desgarraban colchones y despanzurraban la jaula del loro buscando papeles disimulados. Las torturas se refinaron en Panamá, donde el democrático gobierno estadounidense enseñaba técnicas científicas.

Algo muy malo pasó con aquellos políticos que entrenaron a los que hoy han conducido al desastre a Acción Democrática y a la Confederación de Trabajadores de Venezuela. No parecen dirigentes con experiencia, su competencia profesional está en entredicho. César Pérez Vivas dice que Chávez fue derrotado el 3 de diciembre. Con razón Néstor Francia habla de estupidez. Hoy, salvo Miquilena, la política la dirigen unos novatos: Chávez, Arias, Primero Justicia. Ninguno ha matado, ninguno ha torturado y nadie menciona la palabra robo junto a sus nombres. De ellos depende seguir el ejemplo de Carnevalli y no de Betancourt; de Leonardo Ruiz Pineda y no de David Morales Bello. Y de nosotros, que votamos por unos o por otros.

http://www.analitica.com/bitblio/rhernand/

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.