Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Política

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Encuestas vs. Calle

Eliécer Calzadilla

Lunes, 10 de septiembre de 2012







   Foto: Google

País raro este, Venezuela. El gobierno y, en consecuencia, el jefe del gobierno, Hugo Chávez, no saben cuántos presos hay confinados en cada una de las cárceles del Estado venezolano, pero sí saben, casi con exactitud, los puntos de ventaja que le dan las encuestas sobre el candidato Henrique Capriles. Lo lógico y lo sensato es que contraten a las encuestadoras para que cuenten los presos que no pueden contar ni la Guardia Nacional ni el Ministerio de Prisiones ni las milicias ni nadie.

Este es un país extraño, no se sabe con certeza quiénes asesinaron al fiscal Danilo Anderson, que contaba el dinero que manejaba con máquinas (tenía una en su casa); no se sabe casi nada de la supuesta enfermedad del presidente; no se sabe (sólo se presume) por qué voló en pedazos buena parte de la refinería de Amuay; no se sabe si es cierto o mentira que 80 indígenas hubieran sido asesinados por mineros brasileños; no se sabe (se presume) quiénes son los que proveen a los presos de fusiles, ametralladoras, granadas, balas y pistolas; nadie conoce los nombres de los responsables de la exportación ilegal de combustibles, el segundo “mejor negocio” después de la droga en Venezuela; pero el presidente, el gobierno y el partido de gobierno saben, con certeza matemática, los números del resultado electoral del 7 de octubre que les dicen que Chávez ganará por paliza. Yo sugiero que a las encuestadoras, por lo menos, se les encomiende la investigación y descubran a los asesinos del fiscal y el nombre de los mafiosos que arman a los presos, sacan los combustibles y manejan la droga, todo mediante el sistema de preguntas y respuestas al público, a la gente, a los ciudadanos y le informen luego al gobierno, que tanto confía en las encuestas. Eso le ahorraría a la República una montaña de dinero que ahora se malgasta en policías, sapos, confidentes, delatores, informantes, espías, aparatos de espionaje telefónico, patrullas y otros ineficaces elementos para contener el crimen en Venezuela. Se me ocurre que si contratan a los encuestadores podríamos acabar con el insulto a la inteligencia por parte de los policías que cuando no saben ni quieren saber quién es el autor de un homicidio (casi nunca saben) hablan de “ajuste de cuentas”; creo que los encuestadores pueden averiguar (preguntando, como hacen siempre) el nombre de cada criminal en cada uno de los 150.000 homicidios que han ocurrido en los 14 años del régimen.

Hay más, ante la evidencia de que es falso (chimbo) el último censo, sugiero que las encuestadoras sean contratadas para que determine cuántos somos, cuánto vivimos, de qué morimos y los otros datos de un censo “bien hecho”. Voy más lejos, como la duda y la sospecha son los emblemas del organismo electoral venezolano propongo que, luego de un referéndum que lo apruebe, sustituyamos al CNE y a las elecciones mismas por un grupo de encuestadoras dirigidas por esos genios estadísticos: uno de apellido inglés o alemán y el otro que tiene voz de contratenor, que hablan como si fueran Dios y que por tanto, como dioses que son no se equivocan y escogerían cada seis años al presidente más conveniente para Venezuela.

Lo aparentemente serio, en este país donde nada lo es, es que el mejor argumento del presidente, del gobierno y del partido de gobierno para que voten por ellos es que las encuestas dicen que van ganando y dizque van a ganar. Se da el caso en Venezuela ¿qué raro? que el papel y la tinta se enfrentan a la realidad: la calle dice una cosa y la encuesta otra. El entusiasmo de las multitudes y las emociones que mueve Henrique Capriles huelen a victoria mientras las encuestas hieden a billetes. Es la calle con Capriles contra el laboratorio que apoya a Chávez. Son más de doscientos mítines de calle con Capriles contra diez o doce actos de coreografía oficial.

De cualquier manera el 7 de octubre es la cosa, si el pueblo sigue hablando como lo viene haciendo en la calle gana Capriles y enmudecerán los encuestadores otra vez, como cuando la reforma constitucional de 2007, como lo hicieron con los resultados de Táchira, Zulia, Carabobo, Miranda, Distrito Federal y Nueva Esparta el año 2008, y el 2010 con las elecciones parlamentarias donde “encuestaron” que la oposición sólo obtendría 45 diputados: obtuvo 67, con más votos que el chavismo. No es la encuesta, son los votantes, los ciudadanos y la calle los que hablan de Capriles.

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