Mientras la dispersión de los factores de oposición tiende a fortalecer el régimen "revolucionario", las contradicciones internas del chavismo, cada vez más visibles, lo pueden debilitar.
En vísperas del 2005, el estado de la oposición política es un factor positivo para tablero de poder de la supuesta "revolución bolivariana". Eso puede cambiar, es cierto, pero hoy día el "coco" parece estar más adentro que afuera.
Entre muchas razones, porque el tamaño de la piñata estimula las ambiciones y los apetitos. El "moñoco, como decía un ex-gobernador de Anzoátegui, ya lo tienen completo y ahora la pelea no es para alcanzarlo sino para repartirlo y aprovecharlo.
La disputa entre Diosdado Cabello y José Vicente Rangel, por ejemplo, pica y se extiende. Hasta los entretelones de la investigación del caso Danilo Anderson lucen salpicados por esta sórdida lucha de poder.
En casi todos los escenarios "institucionales" el conflicto interno por el control político es lo que predomina. En el CNE la guerra es frontal para suceder a Francisco Carrasquero. Tanto Jorge Rodríguez, más vinculado con el vice-Rangel, como Esther Gautier, del núcleo original del MVR, batallan por el cargo.
En el TSJ ni se diga. Su actual presidente, Iván Rincón, alega que ni renuncia ni se jubila: "me quedan 8 años"; pero uno de sus colegas, Omar Mora Díaz, piensa que ya está bueno y que ahora le toca a él. Los magistrados sacan cuentas y se preparan para las respectivas cuadraturas.
Algo similar sucede en la Asamblea Nacional. El capitán Ameliach ya no da para más, aunque a decir verdad nunca dio para mucho. Los diputados Pedro Carreño y Nicolás Maduro aspiran sustituirle, y hasta Willian Lara no pierde las esperanzas.
Al PPT le mueven la mata de los cambures. En el caso de Alí Rodríguez, no es lo mismo la Cancillería que Pdvsa. Vladimir Villegas acaba de salir de VTV, "en espera de nuevos destinos", tal y como expresó su sustituto interino y aparente verdugo, el ministro Andrés Izarra. Un sector del PPT busca asimilarse en el MVR y otro prefiere mantener su propia tolda.
Los voceros de Podemos también se quejan del ninguneo. Argumentan que con 4 gobernaciones, cerca de 30 alcaldías y su modesta fracción parlamentaria los deberían tomar más en cuenta.
En el MVR las tensiones se agudizan. Hasta la dedocracia tiene un límite cuando los chances se multiplican. Dejar las elecciones de la Asamblea Nacional para diciembre, parece ser una decisión ajustada a la necesidad de manejar la pelea campal.
En fin, el lema de la "revolución en la revolución" está cobrando un sentido mucho más realista que publicitario. Desde luego que el ensamble chavista ha tenido hasta ahora una ventaja práctica: quien pone y dispone es el señor Chávez y punto final.
Pero incluso eso puede convertirse en desventaja si lo que está en juego no es la supervivencia del "proceso" sino el reparto de las mieles.