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Opinión y análisis

¿Ilegitimidad, Ingobernabilidad, o Fracaso?
Mario H. Concha Vergara

 
Martes, 26 de diciembre de 2000

La manera de imponer criterios (¿criterios?) a la cual nos ha acostumbrado el gobierno (¿gobierno?) ya no es sorprendente. Obviamente en Venezuela se ha inaugurado un nuevo modo de hacer política y un nuevo modo de no gobernar aparentando lo contrario. ¿Será esto el postmodernismo político del que tanto se habla? – Creo que la respuesta no la tiene ni el propio Rigoberto Lanz; ¿verdad maestro?

Se nos va el años 2000, lo cual no tiene nada de extraordinario, pero que servirá de referencia histórica porque no todos los años se escriben con tres ceros, y comenzará un nuevo siglo para la era cristiana, junto a un nuevo milenio, quedando estas fechas como hitos en la historia venezolana que reseñará los cambios que nada cambiaron.

En la famosa novela “El gatopardo”, escrita en 1958 por Giuseppe Tomasi di Lampedusa y que se desarrolla en la Sicilia rural, desde el desembarco de las tropas garibaldinas hasta final del siglo XIX, nosotros encontramos a un personaje, para más reseña un noble caballero terrateniente explotador de los míseros campesinos y obreros de Sicilia, que era un terrible y fanático enemigo de la revolución emancipadora y unificadora del liberal Giuseppe Garibaldi (quien había tomado parte en la rebelión del estado de Río Grande do Sul contra Brasil y más tarde participó en la guerra civil de Uruguay), quien despreciaba a Garibaldi por sobre todas las cosas y quien no quería la unificación de la nación italiana para nada, termina por ceder a la fuerza de la realidad y promete hacer cambios profundos, revolucionarios a favor de la paupérrima masa que él explotaba, para colocarse así, obviamente, al lado de la revolución y de paso salvar el pellejo y sus propiedades. Para “El gatopardo” todo debía cambiar en apariencia, para lo cual usaba un discurso soezmente populachero para que nada cambiara. Todo debía quedar igual para él mantener el poder real, es decir el poder económico y político, y de paso, no ser molestado por los verdaderos revolucionarios.

La política intrigante, mentirosa, manipuladora obviamente no es ciencia ni arte; ésta es el resultado de la incapacidad que se siente cuando nos encontramos con el poder en las manos y no sabemos que hacer con él. Pregúntese usted amiga y amigo lector, cuántas veces usted no ha querido tener la posibilidad de poder manejar algo a su antojo, o de acuerdo a sus ideas y principios y cuando se le da la oportunidad de hacer, usted realmente no sabe como hacerlo. ¿Es eso fracaso? ¿Fracasó usted en sus intentos o sólo obtuvo malos resultados? El Presidente Chávez ha hecho todo lo que le es posible para llevar a la práctica los cambios que él ha tenido en mente. Él ha manifestado reiteradamente que si es necesario aliarse con el diablo, así lo haría para obtener buenos resultados. El problema es que la alianza con el diablo significa solo una cosa: Satanás gana, pues éste juega con trampas; esa es la particularidad intrínseca de Lucifer o como se llame el demonio. El Presidente comenzó con su jueguito con el diablo mucho antes de ser llevado a la primera magistratura. Muchas veces sus políticas huelen a azufre. Él se considera un buen lector de la Biblia y se auto califica como buen cristiano; sin embargo, se ha olvidado que estando Jesús en la Montaña por cuarenta días y cuarenta noches dialogando con Lucifer, éste, por más que trataba de tentar a Jesús, nunca consiguió que el Señor aceptara aliarse al representante del mal, por más castillos y oropeles le ofreciera. Ciertamente si Dios Hijo fue capaz de rechazar una alianza con Lucifer, uno puede preguntarse ¿cómo nuestro Presidente se cree capaz de aliarse a Satán? ¿No es acaso necesario ser un poco más modesto? El Presidente es un hombre humilde más, desgraciadamente, no es modesto y piensa que él es un ser superior y sabio. Sabio fue Jesús quien no se alió al diablo; sabio fue Sócrates quien aceptaba saber que no sabía...

El poder obnibula, marea, y talvez, emborracha. Sin embargo el poder no da sabiduría, por lo tanto no da autoridad y es allí en donde reside, creo yo, la falta de resultados positivos en la gestión del Presidente Chávez y su manía de vivir creando conflictos innecesarios y de dar pasos extraviados en el mundillo de la politiquería cuando él lo que debería hacer es preocuparse por la política. Quien puede, en su sano juicio, entender la necesidad de hacer revivir a los adecos y copeyanos, quienes están más momificados que Tutankamon, para tener una referencia que sirva de “push and ball”, o de espejo de “finteo” político. En otras palabras se inventa a un enemigo para que el populacho crea que se está gobernando y que el gobierno consiste en un juego de “ghosts hunters”.

El fracaso, como lo plantean, acertadamente, J. O’Connor y J. Seymour, “es una vía muerta”. “El fracaso no existe”, por lo tanto se equivocan quienes dicen que este gobierno ha fracasado. Este gobierno ha tenido resultados inesperados y no queridos; además, los resultados han estado a la altura de las consideraciones que hubo al tratar de implantar políticas y no considerar claramente los objetivos que tomaran en cuenta a los afectados, es decir, a la masa. Este gobierno ha trabajado de la misma forma que todos los anteriores que han sido, por cierto, tan incultamente criticados. Al gobierno de Chávez se le perdieron los objetivos, actúo sin flexibilidad y solamente ha usado la agudeza de las palabras, lo cual puede ser muy folclórico pero en demasía poco efectivo.

Como dicen los neurolinguistas, nos encontramos ante un gobierno que no gobierna pues padece de “incompetencia inconsciente” y de “incompetencia consciente” lo cual significa, al final del día, que cuando medimos el cumplimiento de objetivos encontramos que el resultado es igual a cero o muy cercano a él.

La ingobernabilidad que vivimos es producto de la filosofía del Chavo del Ocho, “lo hice sin querer queriendo”. Los errores, las equivocaciones, la falta de ponderación y sindéresis, la elección de los colaboradores, la corruptela imperante y ramplona (se roban hasta el papel higiénico de los baños), la falta de capacidad de los burócratas, la mediatización, el oportunismo, la chabacanería en las oficinas públicas, muchas de las cuales son atendidas por “damas” mascando chicle y vestidas con lycras cortas, en una exhibición de venas y várices que ya la quisieran en las escuelas de medicina, son la caracterización de la “gobernabilidad” del pueblo. La mediocridad de directores, jefes, alcaldes, concejales, da realmente pena. Se persigue a los intelectuales como nunca antes pues “no entienden al pueblo”. Es un insulto común, en algunas oficinas públicas, tildar a alguien de “intelectual” cuando sobresale del basurero cultural medio de los “compatriotas”, quienes por cierto fueron o copeyanos y adecos siendo ahora más revolucionarios que el mismísimo Comandante.

La legitimidad no solamente la dan los votos. La sabiduría, el conocimiento, la eficiencia legitiman también a los que se supone deben gobernar. Los procesos electorales han creado una suerte de mundillo del nunca jamás. El gobierno nacional, sus ministerios en general, las alcaldías en particular, están viviendo un mundo de fantasía. Están como en el cuento de “Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carrol: cuando Alicia le pregunta al gato que camino seguir, éste le contesta que dependía del lugar al cual ella quería llegar. Alicia le responde que no importaba mucho adonde ir, a lo cual el gato le contesta que entonces no importaba por donde ir. Tienen una meta pero no saben cual es. Tienen un camino pero no se atreven a usarlo. En otras palabras, no hay definición pues no hay tareas, no hay programas y en definitiva porque no hay ideología.

Se crea una nueva institucionalidad. Lo primero que se hace es irrespetarla. Se crean tantas libertades y se establece tanto respeto a los derechos humanos que hasta el “poeta” de las letras muertas, auto calificado de defensor de los derechos humanos, tiene que reconocer que le tiene miedo al cuero que significa la constitución. La democracia constitucional los hace retroceder en su cacareado amor al próximo pisándose la cola como un perro eunuco ante el temor de que los “tierrudos” lleguen a tomar conciencia pues los otros jamás la tomarán.

La clase media, sentada en sus sillones de la Asamblea Nacional, de perorata en perorata dice que el gobierno no gobierna, dice que el gobierno es antidemocrático, dice que el gobierno es malo, dice que el gobierno no camina, que la economía es nula...Ellos dicen, dicen y dicen; pero, siguen cobrando los tres milloncejos de la dieta, más las prestaciones, más los gastos de oficina , más los gastos de representación, más los gastos de asesores, más , más, más... ¿No sería más sano renunciar de una vez por todas a sus posiciones y dejar el descalabro a quienes lo manejan? - ¿No es más ético dejar que los que se creen dueños de la verdad pongan la torta solos y no mal acompañados por una oposición sumisa, mediocre, y miedosa?

El dedo postulador y el dedo nombrador ha terminado por aunar los Poderes del Estado. No es otra cosa que “el Estado soy YO”. No importa que el país se caiga a pedazos. No importa que haya desgobierno, no importa la ilegitimidad. Los errores son subsanables a medias pues el daño causado no lo es. No hay fracaso; en absoluto. Lo que hay es incapacidad y falta de objetivos. La incompetencia es remediable y para eso hay que leer a quienes nos atrevemos a criticar y tomar en cuenta nuestras opiniones. Nada es malo, nada es bueno. Todo depende del cristal con que se mire. Creo que ha llegado el tiempo de las rectificaciones pues es muy peligroso que el llamado Poder Moral sea completamente servil a quien manda. Eso es un error y se hace necesario repensar todo lo andado para evitar seguir dentro del cuento de “Alicia en el País de las Maravillas”

*Politólogo; autor de “Neoliberalismo Miseria Humana”, Vadell Hnos.
mhconchav@cantv.net

 

 

 
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