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Opinión y análisis

¡Sigo siendo virgen!
Roberto Malaver

 
Martes, 20 de marzo de 2001

María Dolores Rodríguez Pérez es periodista. Amiga. Inteligente. Investigadora. Trabajadora y a favor de las causas perdidas, que siempre son las mejores.

Tiene 45 años. Todavía dice la verdad porque “yo soy objetiva hasta con la edad, Roberto”. Pelo negro y largo que se mueve con la brisa, “la verdadera, y no la que le ponen a uno en un comercial de Champú”.

Y dice la Licenciada María Rodríguez Pérez —unos apellidos sospechosos de corrupción. Recuerden a Carlos Andrés y bueno, dejémoslo hasta allí que es suficiente-:

—En 1973, cuando Carlos Andrés Pérez llegó a la presidencia, y junto con Diego Arria anunció la Gran Venezuela, yo protesté, Roberto. Y cuando le regaló un barco a Bolivia, yo protesté, Roberto. Y cuando el Sierra Nevada, yo protesté, Roberto. Y pocos me acompañaron.

Respira la licenciada en periodismo y vuelve:

—Llegó Luis Herrera Campìns diciendo que él tenía la voluntad y el país tenía la riqueza, y vino el viernes negro. Y yo protesté. Y vino la corrupción que ya estaba aquí pero se levantó de pronto y hasta Jóvito Villalba dijo que “A mí deberían fusilarme por haber apoyado a Luis Herrera”. Y yo, Roberto, protesté.

La licenciada María Dolores Rodríguez Pérez se toma un sorbo de la cerveza que está en la mesa de la tasca La Cita, en la Candelaria, y vuelve.

—Y llegó Lusinchi, aquello era el acabose, Roberto, y no digo nada porque Piñerúa lo dijo todo. Y yo protesté. Y hubo amigos que salieron a las embajadas acompañados de las vacas sagradas de siempre. Y yo protesté. Y después, Simón Sáez Mérida sacó una revista que se llamó Al Margen, criticando toda aquella podredumbre, y yo protesté. Y vino el Papa y Lusinchi llevó a su señora legal a esperarlo y darle la mano en el aeropuerto, y la iglesia no dijo nada de aquella afrenta, pero yo, Roberto, yo protesté. Y en ese momento no había Nitu, ni Macky, ni Mingo, ni César, y no cuento más porque voy a vomitar.

Toma otra vez un sorbo de cerveza, la licenciada María Dolores Rodríguez Pérez – ya les dije que esos apellidos juntos meten miedo-.

—Y volvió Pérez, Carlos Andrés. Y yo protesté hasta que me cansé. Grité. Escribí. Dije de todo. Venezuela no merecía aquello. Y se habló de partida secreta, y de Cecilia Matos y los negocios con todo el mundo, y yo protesté. Y casi nadie me acompañó, Roberto.

Y la mujer, ahora con más cancha, porque está a punto de llegar a otro gobierno, dice:

—Y vino Caldera, y carajo, aquello era para salir corriendo, y yo protesté.

Le dije a Egaña, el ministro aquel de información, todo lo que se le debía decir, y le dije a Andrés Caldera más cosas, y hubo unos que lo llamaron el pimentón, y hubo más, pero bueno, yo estaba ahí protestando. Y fue Teodoro a hacer su papel de monaguillo y a callar a los periodistas y a pedirle a los anunciantes que presionaran a los medios porque ellos los pagaban, y a decirle a los médicos que dejaran el paro porque se estaban convirtiendo en asesinos, y yo protesté, como debe ser.

Y la vi venir con calma. Con punto y coma. Con esta noche la paso la contigo. Y me caí de una nube que andaba. Y dijo la licenciada:

—Y llegó Chávez, Roberto.

Ahí la detuve. Hablé de Alekos y Oriana y dije que mis chamos estaban asumiendo la vida con alegría y que cada día estaban asombrándome con sus palabras y sus cuentos de amor y...

—No me interrumpas, Roberto.

—Tienes la palabra, María.

—Ahora sucede que una de las pocas periodistas que no le ha dicho nada a Chávez soy yo. Soy virgen con Chávez. Todo el mundo le ha dicho de todo y se quejan. Y yo, que antes les decía de todo a todos los que estaban mandando, ahora sucede que a Chávez no le he dicho nada, pero los que nunca dijeron nada, ahora están diciendo de todo. ¿Qué te parece?

—Aprovecha y pídele a Chávez un Banco del Amor y vamos a hacer un depósito —le dije.

Y ella me miró fijamente. Como quien mira a un niño triste que perdió la pelota que le regaló su padrino el día de su cumpleaños, y me dijo:

—Prefiero seguir siendo virgen, que convertirme en una puta de esas que ahora gritan, cuando todas sabemos que ahora, como periodistas, es cuando están perdiendo la virginidad.

Tomado de El Nacional
Roberto Malaver en La BitBlioteca

 

 

 
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