María Dolores Rodríguez Pérez es periodista. Amiga. Inteligente. Investigadora. Trabajadora y a favor de las causas perdidas, que siempre son las mejores.
Tiene 45 años. Todavía dice la verdad porque “yo soy objetiva hasta con la edad, Roberto”. Pelo negro y largo que se mueve con la brisa, “la verdadera, y no la que le ponen a uno en un comercial de Champú”.
Y dice la Licenciada María Rodríguez Pérez —unos apellidos sospechosos de corrupción. Recuerden a Carlos Andrés y bueno, dejémoslo hasta allí que es suficiente-:
—En 1973, cuando Carlos Andrés Pérez llegó a la presidencia, y junto con Diego Arria anunció la Gran Venezuela, yo protesté, Roberto. Y cuando le regaló un barco a Bolivia, yo protesté, Roberto. Y cuando el Sierra Nevada, yo protesté, Roberto. Y pocos me acompañaron.
Respira la licenciada en periodismo y vuelve:
—Llegó Luis Herrera Campìns diciendo que él tenía la voluntad y el país tenía la riqueza, y vino el viernes negro. Y yo protesté. Y vino la corrupción que ya estaba aquí pero se levantó de pronto y hasta Jóvito Villalba dijo que “A mí deberían fusilarme por haber apoyado a Luis Herrera”. Y yo, Roberto, protesté.
La licenciada María Dolores Rodríguez Pérez se toma un sorbo de la cerveza que está en la mesa de la tasca La Cita, en la Candelaria, y vuelve.
—Y llegó Lusinchi, aquello era el acabose, Roberto, y no digo nada porque Piñerúa lo dijo todo. Y yo protesté. Y hubo amigos que salieron a las embajadas acompañados de las vacas sagradas de siempre. Y yo protesté. Y después, Simón Sáez Mérida sacó una revista que se llamó Al Margen, criticando toda aquella podredumbre, y yo protesté. Y vino el Papa y Lusinchi llevó a su señora legal a esperarlo y darle la mano en el aeropuerto, y la iglesia no dijo nada de aquella afrenta, pero yo, Roberto, yo protesté. Y en ese momento no había Nitu, ni Macky, ni Mingo, ni César, y no cuento más porque voy a vomitar.
Toma otra vez un sorbo de cerveza, la licenciada María Dolores Rodríguez Pérez – ya les dije que esos apellidos juntos meten miedo-.
—Y volvió Pérez, Carlos Andrés. Y yo protesté hasta que me cansé. Grité. Escribí. Dije de todo. Venezuela no merecía aquello. Y se habló de partida secreta, y de Cecilia Matos y los negocios con todo el mundo, y yo protesté. Y casi nadie me acompañó, Roberto.
Y la mujer, ahora con más cancha, porque está a punto de llegar a otro gobierno, dice:
—Y vino Caldera, y carajo, aquello era para salir corriendo, y yo protesté.
Le dije a Egaña, el ministro aquel de información, todo lo que se le debía decir, y le dije a Andrés Caldera más cosas, y hubo unos que lo llamaron el pimentón, y hubo más, pero bueno, yo estaba ahí protestando. Y fue Teodoro a hacer su papel de monaguillo y a callar a los periodistas y a pedirle a los anunciantes que presionaran a los medios porque ellos los pagaban, y a decirle a los médicos que dejaran el paro porque se estaban convirtiendo en asesinos, y yo protesté, como debe ser.
Y la vi venir con calma. Con punto y coma. Con esta noche la paso la contigo. Y me caí de una nube que andaba. Y dijo la licenciada:
—Y llegó Chávez, Roberto.
Ahí la detuve. Hablé de Alekos y Oriana y dije que mis chamos estaban asumiendo la vida con alegría y que cada día estaban asombrándome con sus palabras y sus cuentos de amor y...
—No me interrumpas, Roberto.
—Tienes la palabra, María.
—Ahora sucede que una de las pocas periodistas que no le ha dicho nada a Chávez soy yo. Soy virgen con Chávez. Todo el mundo le ha dicho de todo y se quejan. Y yo, que antes les decía de todo a todos los que estaban mandando, ahora sucede que a Chávez no le he dicho nada, pero los que nunca dijeron nada, ahora están diciendo de todo. ¿Qué te parece?
—Aprovecha y pídele a Chávez un Banco del Amor y vamos a hacer un depósito —le dije.
Y ella me miró fijamente. Como quien mira a un niño triste que perdió la pelota que le regaló su padrino el día de su cumpleaños, y me dijo:
—Prefiero seguir siendo virgen, que convertirme en una puta de esas que ahora gritan, cuando todas sabemos que ahora, como periodistas, es cuando están perdiendo la virginidad.