Cada vez que un personero del régimen nos encadena para transmitirnos algún
mensaje, yo siempre llego a la misma conclusión: estos señores no hablan,
pontifican. En los discursos, en tono solemne sin duda, pero cargados de
incorrecciones lingüísticas (¡que manera de destruir el idioma!), se dirigen
al soberano como si fuese una suerte de lectura solemne de encíclica papal y
como si en sus retahílas de lamentos y quejumbrosas frases, las palabras que
pronuncian fuesen valiosas por su origen, y ello las convirtiese por
derivación en inalterables e indiscutibles dogmas de fe. Y están
absolutamente persuadidos que con decir en medios radioléctricos "eso no es
así", su declaración se convierte en verdad absoluta, sin posibilidad alguna
de ser controvertida. Creen en definitiva que ante una cámara y un micrófono
su voz se torna en santa, y su discurso adquiere característica de
infalibilidad.
El Ministro de Educación, Cultura y Deporte nos agasajó con una cadenita. Y
creyó firme y categóricamente que con el batir de sus largas pestañas, su
tono sacrificado y sus palabritas almibaradas cargadas de la victimización
que siempre exhibe, podía anular todo lo ocurrido, y convencernos que sus
torpezas - abundantes, variadas y crecientes - nunca existieron.
No me sorprendería que mañana o pasado, del mismísimo despacho ministerial,
se originara una Gaceta Oficial sustitutiva de aquella en la que fuera
publicado el ya famoso Decreto 1.011. En un país con tres Constituciones,
¿por qué no puede haber varias versiones de un decreto? Pero al menos para
beneficio de inventario, es bueno que los lectores de esta escribidora de
oficio hagan caso al ciudadano ministro, y lean el texto original del
decreto en cuestión. En este texto que copio de seguidas, puede observarse
clara y diáfanamente que por ninguna parte dice que los Supervisores
Intinerantes - suerte de ornitorrinco docente que nos obsequia el régimen
como regalito de navidad y que satisfará los apetitos clientelares del partido oficialista - serán seleccionados por concurso de credenciales, como tan
descaradamente tuvo el tupé el Ministro Navarro de afirmar en cadena
nacional. Como cantarían los gaiteros, "¡Y dice...!": REFORMA DEL REGLAMENTO
DEL EJERCICIO DE LA PROFESION DOCENTE: Artículo 1°: Se modifica el artículo
32, agregándosele en la Categoría 6, una Cuarta Jerarquía en los términos
siguientes: "Cuarta Jerarquía: SUPERVISORES ITINERANTES NACIONALES". Para
Ingresar a la jerarquía de Supervisores Itinerarios Nacionales, es
necesario: 1. Ser venezolano 2. Ser o haber sido docente 3. Ser de
reconocida solvencia moral y con méritos académicos suficientes que
acrediten su eficiencia profesional. 4. Ser nombrado por el Ministro de
Educación, Cultura y Deportes, a proposición del Viceministro de Asuntos
Educativos. El Cuerpo de Supervisores Itinerantes Nacionales estará
conformado por los docentes que fueren necesarios, a proposición del
Viceministro de Asuntos Educativos, del cual dependerán jerárquicamente.
Dichos supervisores integrales en todos los planteles establecidos a nivel
nacional. Si el informe final de la supervisión integral de cada plantel
así lo recomienda, éste se intervendrá y podrá suspenderse a todos o a
algunos de los miembros del cuerpo directivo, caso en el cual se designará
el personal directivo interino correspondiente". (tomado de Presidencia de
la república , Decreto N° 1.011, 04 de octubre de 2000).
Ciudadano ministro, los venezolanos no somos estúpidos. Goebels no tenía la
razón. Una mentira repetida mil veces sigue siendo mentira, y ni la magia de
la televisión, ni su trágica carita de víctima, ni el aleteo de sus pestañas
va a cambiar el error cometido. Las equivocaciones se arreglan aceptándolas
y corrigiéndolas, no pretendiendo convertirlas en dogmas de fe.
Y no me explayo en hacerle una larga lista de los errores en su alocución,
lista muy abundante por cierto, porque esto que escribo dejaría de ser un
artículo para tornarse en un tratado sobre el virus la falacia que sufre
este régimen.