Miles de maneras de anunciar el Nacimiento de Jesús, resumidas en una: la de ofrecer un testimonio eficaz de autenticidad y compromiso. No soporta un anuncio clasificado, ni se compra o alquila. Exigente y dificil luce tomar el sendero del anuncio.
Juan retrata muy bien el difícil sendero (San Lucas 3, 10-18). El “¿qué hacemos?”, continúa interpelándonos fuertemente. Asumir responsabilidades, compartiendo bienes y esfuerzos, es señal de la llegada de Aquél, incluyendo la realización de la justicia que no se entiende sin la libertad.
El Bautista compromete toda su existencia para un recorrido de humildad. Dice que no es quien inclinarse y tocar las sandalias del que Vendrá.
La Buena Noticia es la que surge de las entrañas de un distinto compromiso con la Verdad. Hemos acumulado una experiencia al concluir el año, reiterando nuestro testimonio por la democracia y la libertad. Van juntas la emoción y la reflexión en el duro combate cívico que hemos desplegado, transitando las calles de la paz y de la concordia con terquedad. Continuaremos interpelándonos como una fórmula insustituible para decir que vivimos, sin temor a las responsabilidades que surjan de las tareas, sueños y logros compartidos. Y con la necesaria humildad debemos apuntar los éxitos y los errores, asumiendo los desafíos pendientes.
Todos los pasos que hemos dado como pueblo, al enfrentar la amenaza autoritaria, tienen también por destino la propia interpelación de nuestra personal existencia. No hay tarea, por ligera que se crea, ausente de trascendencia. Algunos esperan hacerse noticia en el recorrido, pero –creyentes o no- llegará como buena cuando ciertamente alcancemos un significativo kilometraje de distancia, superado el egoismo, la vanidad, el éxito fatuo, el juego de luces, siendo capaces de orar por el otro y por los otros a través de la acción.
Hacerse Anunciantes de la Buena Noticia, no es tan fácil como colarse en la fiesta navideña, intactas las cargas de odio. Sin embargo, la voluntad de recorrido, la asunción de nuestras responsabilidades, la disposición de realizarnos como personas en comunidad, hará posible que Jesús alumbre nuestros pasos.
Iniciativa de entendimiento histórico
Descubrimos las inmensas posibilidades del esfuerzo común por superar las amargas circunstancias actuales. Tiempo atrás, el desencanto nos llevó a la delegación voluntaria o forzada de las tareas por recuperarnos frente a un régimen de descomposición. El sacrificio era ajeno, incluyendo la aceptación desesperada de algunos por acabar violentamente con un gobierno generador de violencia, colocado el acento en la enfermiza paradoja de siempre.
Nos convoca la posibilidad constitucional de desplazar a Chávez del poder, concertando los esfuerzos. No obstante, de nada valdrá lograrlo si no asumimos la crisis con la claridad, imaginación y decisión que reclaman los tiempos. Urge un programa mínimo de gobierno que comprometa a todos los sectores políticos, con las correspondientes cuotas de sacrificios. Significa darle características definitivamente históricas para lo que será un período de transición hacia la democracia plena. Vale decir, alcanzar un entendimiento básico entre todos los partidos y las organizaciones de la sociedad civil para darle piso a la estabilidad política, generar el crecimiento económico con equidad social, aceptando un destino común con el concurso de todos, sin exclusiones.
Podemos llamarla una política o una iniciativa de entendimiento histórico que –igualmente- comporte el surgimiento, actualización y consolidación de un liderazgo capaz, ética y políticamente confiable, de convicciones profundas y de habilidades transparentes. Una etapa distinta en un mismo historial republicano que esté teñido más de presente y de futuro, ocupando el pasado su adecuado lugar. No hay otra fórmula para superar el llamado chavismo y las condiciones que lo hicieron posible, aceptándonos como parte de ese destino y rechazando el monopolio de las verdades, incluída la sinceración de los aportes que podamos dar.
Tiempos excepcionales, tiempos históricos, nos colocan en escena. El Gran Dispensador de Miraflores es apenas un dato accidental, pues, sin él, era inevitable la llegada de un período que reclamase una profunda transformación del país y de sus formas, contenidos y estilos de conducción. Probablemente, el venezolano de hoy no perciba el reto en toda su dimensión creadora y quizá, por 1811, 1859, 1936, 1945 o 1958, tampoco adivinó la hondura del compromiso hasta que transcurrió el tiempo.
La Coordinadora Democrática es un comienzo de la sinceración de nuestros esfuerzos y quienes concretamente la integran, no tienen mejor aporte que el de su sinceridad. En última instantancia, el obligado ejercicio de franqueza con las posibilidades con las que contamos.
Los militantes del humanismo cristiano anhelamos la construcción de una sociedad de derechos humanos y de calidad de vida, en libertad. No entendemos la necesidad de generar riquezas sin equidad social y viceversa. Empero, celebramos el concurso de todos los venezolanos de buena voluntad para modelar lo que es un destino común, más allá de las veleidades mediáticas que frecuentemente nos hacen olvidar que la política es una compromiso de servicio que debe palparse en el terreno de las realidades con ciudadanos, estructuración de las responsabilidades, sentido estratégico y mensaje.
Un dato de la contradicción
El gobierno ha invertido todos sus esfuerzos decembrinos por torcer la verdad de “El Reafirmazo”. Los malabaristas de palacio creyeron lograr un éxito semejante al alcanzado con la prédica del “golpismo”, en el terreno de la propaganda. No ha sido posible, aunque –por instantes- algunos sectores titubearon, víctimas del misil de la confusión.
El cinismo ha sido la materia prima de todas sus versiones o –mejor- subversiones que ha intentado de la realidad vista y compartida por todos. Los partidos políticos que son tales, sirvieron de magnífico soporte a los puntos de recolección cuando decidida, disciplinada y pacíficamente soportaron y resistieron las intenciones violentistas del régimen. Tuve ocasión de visitar a “Súmate” y ver de cerca el proceso técnico de ordenación de las firmas, llevado a cabo por ciudadanos voluntarios que merecen el agradecimiento de todos por el servicio prestado al país. Hemos alcanzado una experiencia cívica necesaria de enriquecer con los años.
La entrega de las firmas del revocatorio presidencial se hizo exitosamente, en el momento oportuno. No le fue posible al gobierno disparar todo el dispositivo de violencia y sabotaje que era un secreto a voces. La institución armada comprendió cabalmente su misión, con motivo del traslado y la recepción del material. Quienes frecuentamos el edificio parlamentario y tribunalicio del centro de la ciudad capital, fácilmente nos percatábamos de la disposición de las huestes gubernamentales paa impedir el acto. Además, de lograrlo, consumando los ejercicios de laboratorio, no hubiese sido noticia, pues, esos ataques abiertos e impunes han prosperado meses atrás, sin que el defensor del pueblo ni la fiscalía dijese algo para impedirlo o castigarlo.
El costo político del sabotaje armado era demasiado elevado para el chavismo, directamente proporcional a su desmoralización, pues, la otra materia prima, son el discurso y la praxis de la violencia, dándole sustento doctrinario. No olvidemos el dato de esa enorme e inevitable contradicción que es el gobierno.
Expediente 001
Está circulando “Expediente 001...El pueblo contra Chávez” de Nelson Chitty La Roche, con prólogo de José Rodríguez Iturbe (Esmeralda, Caracas, 2003). “Tarde pero no después”, el autor versa sobre el expediente abierto e instruído por la Fiscalía y la Policía Científica sobre el asesinato de Jesús Orlando Arellano aquél fatídico 11 de Abril de 2002, en tres vertientes.
Una, relacionando todos los hechos políticos que desembocaron en la tragedia y el posterior debate parlamentario, con la exactitud de las referencias periodísticas. Demasiados acontecimientos en tan reducido lapso, obligan a un ordenado ejercicio de la memoria con observaciones que ojalá pueda, en otro ensayo, profundizar. Pasa frecuentemente inadvertido que el oficialismo actual es una adulteración y equívoco de nuestra experiencia política, planteándose como una novedad donde no la había, pues, a Chávez “la candidatura electoral le permitió el uso de los grandes medios de comunicación que, morbosos, lo presentaban como un hallazgo contrastante con los políticos convencionales” (p. 33) e, inevitable, “una cultura emergió del poder y su entorno” dividiendo, anatematizando y satanizando a sus adversarios, disidentes e, incluso, a quienes abogaban por un cauteloso escepticismo. Empero, a nuestro entender, la “mórbida victimización social y política” (36), desaprobado todo talento de agitador o político, ha derivado en el uso de un anacrónico y pedestre dispositivo de confrontación de clases. Dispositivo que si bien ha surtido sus efectos, no cuentan con la suficiente eficacia debido, por una parte, a la ignorancia e inexperiencia política del Gran Dispensador de Miraflores, un sobreviviente perenne del poder, y, por otra, al soporte social con el que ha contado, no otro que el lumpemproletariado, por cierto, interesante motivo de reflexión para Hannah Arendt, autora que Chitty cita y conoce muy bien.
Puede decirse cultura de un lento suicidio, porque es el gobierno el que permanente y patológicamente se engaña a sí mismo cuando –otro ejemplo- dijo chavistas a gran parte de los muertos de abril, siendo desmentido por los familiares (97). Distinto a la oposición responsable que, no dejándose intimidar por la propaganda oficialista, asume adecuadamente lo ocurrido con Carmona, los medios de comunicación y la misma “oposición, confundida y aturdida por los eventos, (que) no lograba hilar una respuesta acertada” (83).
Otra vertiente, figuran en la obra dos artículos de opinión de finales de 2002, y, finalmente, un importante, coherente, profundo y convincente enfoque jurídico del trágico acaecimiento de abril, en el que también cuenta el el aporte del abogado Máximo Febres. Sin dudas, los alegatos demuestran no sólo la responsabilidad del gobierno, sino contribuyen a desmoronar los mitos que ha creado, como el de la inocencia de los pistoleros de Llaguno.
Estrategias para el desarrollo
Constantino Quero Morales es el autor de Estrategias para el desarrollo económico y social de Venezuela (Italgráfica, Caracas, 2003). Partiendo de una conceptualización del desarrollo, la obra versa sobre nuestro desequilibrio económico, un modelo para examinar el desarrollo económico y social en nuestro país, los defectos de un determinado enfoque, el carácter destructivo de la revolución chavista fundado en el propósito de “comunizar” a Venezuela y, finalmente, trata de un sumario de objetivos del programa de estrategias económicas y sociales.
Apenas un curioso en la materia, entendemos que buena parte de las propuestas forman parte de las medidas sensatas o de sentido común que deberán imponerse para la recuperación del país, aunque los argumentos a favor de la limitación del crecimiento demográfico, más que de la distribución en todo el espacio disponible, se nos antojan insuficientes. Además, parecen exageradas ls pretensiones comunistas de Chávez en el ámbito económico, aunque parezca contradictorio: es demasiado pedirle al gobierno la implantación de un modelo económico parecido al que vimos y fracasó en los países del “socialismo real”, requerido de un mínimo de aptitudes, conocimientos y destrezas, mientras que el modelo político cubano es el que mejor se presta a sus urgencias de poder. He acá una amarga y demencial contradicción, porque el chavismo es fruto de la confusión del pensamiento y, más exactamente, retrata la crisis del pensamiento político venezolano, por lo que es y no es al mismo tiempo. Por si fuera poco, expresa toda la gravedad del capitalismo rentístico vennezolano, merecedor de una profunda reflexión.
Otra nota adicional, la obra es para el escarnio. Digamos que el autor, ministro en los célebres, representativo de lo que se ha dado en llamar la “cuarta república”, condenado a vivir a escondidas para que no lo alcance la historia, es capaz de presentarse en escena, plantear un conjunto de ideas concretas, concitar la discusión, mientras los supuestos dueños de la plaza, supuesta encarnación de los nuevos tiempos, portadores de la novedad, no logran balbucear un mensaje de comprensión del país existente y el que está por existir. Estimamos, sin emitir un juicio de valor obre la responsabilidad de Quero Morales en el pasado, que la polémica sobre el porvenir pertenece a la oposición, potencialmente revolucionaria en los términos de un diferente modelo de desarrollo, a la vez que los personeros del gobierno, disimuladamente conservadores, hacen de la propaganda n jugoso negocio.
Sencillamente, los bulliciosos demandantes del cambio quedaron por debajo de las figuras que lograron cambiar. Puede afirmarse que, en el pasado denostado, las hubo de mayor estatura intelectual y probidad técnica. También se dirá de una señal dramática del cambio que hoy debe producirse.
Las dactilares de un parlamento
El parlamento de la llamada “quinta república”, que no la institución parlamentaria, ha fracasado porque no es tal. No se le entiende como un foro de la irreprimible pluralidad, sino una dependencia adicional del consejo de ministro, como señaló en una ocasión un diputado de la oposición. Y, además, una fábrica normativa, pues la tarea esencial es la de parir leyes, sobre todo aquellas que faciliten aún más las pretensiones del gobierno.
El balance de la Asamblea Nacional en el 2003, es lamentable. Las huellas dactilares quedaron estampadas en la opinión pública cuando, deseando manufacturar algunas leyes, encontró la resistencia firme y decidida de una oposición que incrementó sus filas. A la peligrosa arbitrariedad, se opuso la resistencia de una oposición perseguida, amedrentada y agredida en las interioridades del mismo palacio.
A guisa de ejemplo, amén del ambiente de violencia que privó en el hemiciclo, se evidenció el desequilibrio de las misiones esenciales de este órgano del Poder Público que puede resultar engañoso, porque –apenas- fueron aprobadas cinco nuevas leyes (Fondo para la Estabilización Macroeconómica; Silos, Almacenes y Depósitos Agrícolas; Contra la Corrupción; la forzada de Presupuesto y la de Endeudamiento para el 2004), en las que habría que ver el resultado de cada una de las correlaciones de fuerza que las hicieron posible. Podrá decirse de un bajo rendimiento que haga creer como único fin de la Asamblea, la generación automática y continua de las leyes, como se desprende del “pensamiento constitucional” de Chávez. Empero, concediéndole el carácter democrático al cuerpo, esas leyes dependían de la capacidad de diálogo de la bancada oficialista que inevitablemente ha de considerar a las otras que casi se le equiparan. Consabido, a la obstaculización sistemática de ese diálogo, el chavismo traicionó los postulados reclamados con tanta fuerza en 1999, optando por la vulgar maniobra de tildar –incluso- de traidores a sus propios disidentes, apostando por el peregrino referendum revocatorio de sus oponentes, sin el atrevimiento de buscar la disolución del parlamento para que el sufragio popular ponga orden y concierto, como otro rasgo de lo que se ha dado en llamar el neoautoritarismo.
A la deliberada contaminación del debate político, apelando descaradamente a la reiterada reforma del reglamento interior y de debates, agregamos las pésimas funciones de control. Basta con señalar el caso de la Comisión de Política Interior que fue escenario de otra bochornosa situación, donde una tristemente célebre diputada del oficialismo pretende todavía manejarla caprichosamente desde la vicepresidencia, mientras no es posible alcanzar la importancia, el número y la calidad de las interpelaciones de los funcionarios del gobierno, al menos, como lo supimos en las postrimerías del Congreso de la República. Que sepa, el Contralor General no ha rendido su informe cuando un lustro atrás lo hacían quienes lo precedieron, con la debida difusión y encendida polémica.
Finalmente, hagamos mención de una particularidad: en los más difíciles debates ha estado ausente el presidente títular de la Asamblea Nacional, evidenciando un porcentaje de inasistencias que, a lo mejor, no tiene precedentes. A la notoria carencia de las más mínimas cualidades política en quien teoricamente conduce el cuerpo, se suma la confesión de las abundantes tareas que le competen como director general del MVR, aún cuando suscribió una carta constitucional que reclamaba dedicación exclusiva a las labores parlamentarias, restándole autoridad moral. Por lo demás, sería comprensible que el diputado Gutiérrez, primer viepresidente, sincerara su situación y –junto a los privilegios- reclamase la titularidad en el nuevo período de sesiones que se abre el próximo 5 de enero.
La Juventud Demócrata Cristiana
Referirnos a los jóvenes, significa aclarar tres elementos. Uno, con Víctor Alba, aceptar que son aquellos que la sociedad tiene por tales, mostrando una variación histórica del concepto, amén del enfoque que deseemos adoptar (antropológico, sistémico, etc.). Dos, que hay una juventud histórica, anti-histórica y a-histórica, según sea hija de su tiempo, incluyendo un conducta de negación y de indiferencia. Tres, la política es el otro camino de expresión vital que puede asumir, entendida como una responsabilidad de servicio disciplinada, estratégica e inspirada por determinados principios y valores.
La Juventud Revolucionaria Copeyana fue fundada el 24 de Diciembre de 1947 y, sometida a las naturales circunstancias históricas, ha servido de escenario de servicio para las distintas generaciones socialcristianas que vivieron su tiempo e hicieron también de la polémica la mejor señal de responsabilidad de sus legítimas ocupaciones partidistas. Y, como toda obra humana, afortunadamente ha sabido de crisis y esplendores que ayudan a perfilarla como una opción válida.
Una juventud de 56 años que inició su camino gracias a Luis Herrera, Rodolfo Cárdena, Valmore Acevedo, Rafael Alfonzo y Eduardo Tamayo, dirigida en la era democrática, fruto de los comicios que ella misma se dio, por Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, Alvaro Páez Pumar, Abdón Vivas Terán, Oswaldo Alvarez Paz, José Ramón Solano, Julio César Moreno, Donald Ramírez, Agustín Berríos, César Pérez Vivas, Vladimir Petit y Gregorio Graterol, quien fuese el último títular producto del hecho eleccionario.
Actualmente, comienza otra etapa para los jóvenes militantes del humanismo cristiano, incluída la necesidad de otra denominación en razón de la contaminación, desprestigio y falsificación que a logrado inyectarle Chávez al término “revolución”. En febrero de 2004, realizará un congreso estudiantil, dándose cita todo el liderazgo joven que ha surgido en el medio universitario. Por lo pronto, se me antoja una misión estelar: la de darle forma a las inquietudes del sector juvenil en Venezuela que, a veces, luce imbuido de un conservatismo inconveniente.
El buen combate
Oremos a través de la acción para reconquistar la paz y concordia en Venezuela. Hagámoslo desde la interpelación, la emoción y la reflexión del obrar constante y decidido.
Una legítima alegría es señal de la Navidad que llega, aunque las circunstancias sean adversas. Todo asomo de optimismo es necesario para superar las más difíciles pruebas.
“Librar el buen combate con la fuerza que da la fe y la buena consciencia”, como dijera San Pablo a los Corintios, es un mandato del compromiso adquirido. El aparente confort de la falsa esperanza ganada en una apuesta, no es la fórmula necesaria.
Los niños no lo piden en sus cartas a Jesús, porque es una permanente y sobreentendida demanda: el ejemplo. Seamos dignos de imitar y de superar, sin miedo al testimonio eficaz.
Comencemos de nuevo a librar el buen combate, al finalizar el año. Y, en el otro, alcancemos a compartir con abundante amor, fe y esperanza, recordando con el mismo San Pablo que el mayor de los tres es el amor.