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  Sección: Política

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Pólvora sucia y sísmica

Luis Barragán

Lunes, 14 de septiembre de 2009

El fortísimo, reciente y consabido temblor, infundió pánico. Y, digamos que no el que naturalmente se desprende del imprevisto fenómeno natural, sino – luego – de la multiplicación silenciada del desastre que la ineptitud y demagogia oficial puede provocar. Un acontecimiento real, objetivo y compartido, siempre constituye una oportunidad para arremeter contra la más elemental inquietud y opinión opositora, propinándole literalmente un golpe a la sensatez como si bastará para deshacer mágicamente las nefastas consecuencias que provoca. Silenciador que se intenta cuando un medio diferente procura informar y orientar a la población, cuando el Estado tarda y falla. Huelga recordar el anterior temblor caraqueño y la inmensa imbecilidad de sancionar a una emisora privada de televisión que, por cierto, en horas de la madrugada no halló respuesta telefónica de los funcionarios competentes. Sin embargo, no sobra insistir sobre la tragedia de Vargas, la que no impidió la consulta referendaria de 1999, en la que hubo grandes, nobles y espontáneas demostraciones de solidaridad ciudadana que encontró el valladar de un régimen que todavía no ha rendido cuenta alguna de los recursos que administró, incluyendo numerosas donaciones.

Después del temblor, Caracas colapsó y la tormenta devino lodazal que licuó el miedo ante el apagón que quiere hacerse la costumbre que legítimamente rechazamos, mientras que el muy presidencial se pasea por un festival de cine, incurriendo en un gasto enorme de los dólares que hacen falta a otros venezolanos, vibrando de emoción porque dispondremos de energía nuclear. La vapuleada alcaldía metropolitana poco puede hacer en el caso de un desastre, a sabiendas que la menor y esa usurpadora jefatura de gobierno del Distrito Capital conforman un aparato más del gentil arco presupuestario bañado de consignas revolucionarias. El inmenso miedo desborda y anega la ciudad, porque la solidaridad ni siquiera podría presentar sus más auténticas cartas credenciales, como – imaginamos – tampoco podría hacerlo en la Cuba silenciada, en nombre de una irresponsable, impune e interminable transformación política que aplasta el sentido y el sentimiento desesperadamente humano que pueda manifestarse. Y no es casualidad que, hacia el occidente del país, Lluvane Álvarez, un alcalde socialcristiano, sea abaleado, como un día lo fue el vicepresidente regional y un ex – secretario juvenil nacional, en Apure y en el Zulia, ambos de COPEI, sin que jamás se haya sabido nada porque el sicariato mismo dice relevarnos de toda explicación. De temblor, lodazal y pólvora nos estamos haciendo. Y, permítanme citar, el texto de un correo electrónico recibido inmediatamente después de conocerse la noticia del alcalde recientemente abaleado, suscrito por la tachirense Nayibe Labrador, a quien le agradecemos la confianza: “Hola te escribo porque me siento impotente ante tanta división política que hay en mi país y además tanto odio, te cuento que soy de un pueblo andino llamado COLONCITO EDO TÁCHIRA y hoy lamentablemente perdimos a un buen alcalde electo por la oposición el pasado año, fue candidato por la unidad y copeyano. Pues al parecer lo mandaron a matar por sicarios, queriendo apagar la lucecita y la esperanza que había puesto en la buenas funciones de este señor (…) solo quiero que esto no se quede callado ante la luz pública, el pueblo salió a las calles para protestar esta muerte injusta y está muy conmovido por este hecho de sangre. Y la gente de Chávez se fue a tomar la alcaldía de una buena vez, sin importar el dolor por el sé que está pasando, eso me parece una falta de respeto, y una carencia de todo valor.... a donde hemos llegado con esta gente.... ¿cuánto más tendremos que ver?”. Sobran las palabras, pues algo grave ocurre: a la división se suma la pérdida de solidaridad, y – como hemos visto – el socialismo campamental pretende encaramarse sobre los escombros que va dejando. Lo que ocurre nunca puede aceptarse como algo normal, así lo crean los infames que intentaron tomar la alcaldía en nombre de una revolución que ya los ha degradado.

luisbarragan@gmail.com


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