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Se ríe, se llora
Paulina Gamus

Viernes, 5 de diciembre de 2003

“Lo importante no es ganar sino competir”, así se suele consolar a los niños y jóvenes deportistas derrotados en alguna competencia. No sé qué pasa por la mente de esos llorosos y muchas veces furiosos muchachos, cuando algún adulto les suelta esa frase: ¿Ganas de estrangularlo? ¿De insultarlo? ¿De mandarlo a la porra? Más pedagógico sería hacerles ver con anticipación, que quien participa en cualquier clase de certamen, rifa, concurso o elección, tiene tantas posibilidades de ganar como de ser derrotado y debe estar preparado para asumir, con racionalidad, cualquiera de las dos situaciones. Si este aprendizaje no sirve para evitar la rabia, la frustración y la tristeza que nacen de la derrota, al menos ayudan a que el o los derrotados se comporten con dignidad. Y a que no hagan el ridículo con pataletas y con descalificaciones del adversario, de los árbitros o de ambos Es simple y llanamente un asunto de educación y de madurez.

Cuando el derrotado es alguien que se las sabe todas, que tiene una evidente superioridad física, numérica o de recursos y que se ha acostumbrado a cantar victoria una y otra vez; su caída no solo llena de euforia al competidor que le ha ganado la partida; esa alegría alcanza a sus propios partidarios que han sido humillados, vejados, usados o atropellados por el ahora caído. Y se extiende hasta todos los que se colocan automáticamente del lado de los vencedores, por cálculos oportunistas o por simple simpatía.

Es lo que se suele resumir en la muy conocida sentencia: ¡La victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana!

De la orfandad de Chávez y de su escuálido combo se ha dicho mucho en estos días. Demostraron carecer de un átomo de madurez para aceptar este primer golpe y pensar en la manera racional de reponerse, sin descalificar al adversario, a los árbitros, a los observadores internacionales y a su propia gente: sus testigos y a la Fuerza Armada que se creía rendida a los pies del Comandante en Jefe. Su reacción terminó siendo una de las representaciones más patéticas que hayamos presenciado en la escena política. ¿Puede haber algo más lamentable que ver y oír a Goliat (miles de billones destinados a la compra de conciencias, cañones, tanques, aviones y misiles para repeler la contrarrevolución y todas las instituciones públicas encerradas en su puño) denunciar que la honda con que de David lo derribó tenía oculta una bomba nuclear?

Allá ellos con su escaso o ningún temor por el ridículo; por primera vez después de los sucesos del 11, 12 y 13 de abril de 2002, tienen el sol a sus espaldas. Si aquella vez pudieron voltear la tortilla y pasar de asesinos de inocentes a víctimas de una conspiración; esta del Reafirmazo no deja lugar a dudas, ni sus seguidores les creen. Ya estamos viendo de qué y de quiénes se valdrán para meter miedo: de esos vagos, drogadictos, ladrones, “churriosos” y pedigüeños con los que han pretendido hacer una revolución, como denunciara el periodista cubano ahora disidente, Uberto Mario Hernández Gato (El Nacional, 29-11-03)

¿Los padres y madres de la victoria? El Tribunal Supremo de Justicia que más allá de la ubicación política de sus miembros y de supuestas intenciones ocultas, designó un Consejo Nacional Electoral para que llevara a cabo este proceso. El Consejo Nacional Electoral, que por encima de las motivaciones de la mayoría de sus miembros, del escabroso Reglamento y de la negativa a autorizar el voto de los venezolanos en el Exterior, cumplió con el deber de realizarlo. La Coordinadora Democrática, que resistió estoicamente las embestidas, más de los críticos de la Oposición que del gobierno. Súmate, una demostración de los prodigios que pueden lograr el talento y el valor de los venezolanos. Los medios de comunicación que soportaron sin amilanarse, las amenazas, ataques e insultos del Presidente y de su camarilla. Los Veedores, que registraron y reportaron todos los intentos oficialistas de sabotear el Reafirmazo. El Secretario General de la OEA, César Gaviria, quien desplegó nuevamente su genio diplomático y su entereza para no caer en la trampa de las provocaciones chavistas. Los militares de diferente rango que constituyeron el Plan República y que, en su mayoría, fueron garantes del orden y del respeto a la voluntad popular. Los miembros y testigos de mesa y los observadores, que defendieron a toda costa las planillas con las firmas de la Oposición. El pueblo venezolano: hombres, mujeres, negros, blancos, mestizos, mulatos, indígenas, ricos, pobres, clase media, ancianos, jóvenes, inválidos y venezolanos por adopción, que formaron largas colas para expresar su voluntad desde las primeras horas del viernes 28 de noviembre hasta las últimas del lunes 1º de diciembre. El pueblo chavista: sus testigos, observadores y gente en la calle, que mostró su vocación democrática con el respeto por los opositores que participaban en el Reafirmazo. Los organizadores del Reafirmazo (por ahora simbólico) de los venezolanos en los cinco continentes: 10.000 o más en distintas ciudades de EEUU; 3 mil en España; 1500 hasta en las más frías y apartadas de Canadá: 40 en algunas de Australia, siete en los Emiratos Árabes; 18 en Estocolmo; 100 en Israel; 185 en Panamá; 1000 o 2000 en México; 20 en Roma; 12 en Viena; 20 en Suiza; 200 0 300 en París, 25 o 30 en Bélgica, autores estos últimos de un hermoso audiovisual con música de la Billo’s, y así en Argentina, Brasil, en El Caribe, en Egipto, en Eslovenia y Eslovaquia, todos vistiendo camisas o gorras con los colores de nuestra bandera, para hacernos reír y también llorar.

paugamus@cantv.net

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