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Política - Opinión y análisis
Demócrata ajuro

Carlos Fernández Cuesta

Martes, 11 de diciembre de 2001

En el pasado el desgaste institucional y la erosión en la credibilidad en las promesas rotas, avanzó lentamente sostenidas esas expectativas falsas por la envidiable abundancia de recursos fiscales. La credibilidad en el liderazgo -dentro de las circunstancias populistas que imperaban en Venezuela- estaba mucho más en función de los recursos y no de la capacidad efectiva de los gobernantes.

Paradójicamente, Hugo Chávez el más regresivo de los líderes políticos venezolanos de todas las épocas, ya en las postrimerías del siglo XX produjo en el fervor popular la convicción, de que no sólo estaba comprometido con cambios profundos para la transformación de las frágiles estructuras del Estado, sino que poseía la fortaleza y la iluminación divina y terrena para técnicamente lograr enrumbar al país de una sociedad desigual, de una economía ficticia, de una justicia corrupta y de gobiernos incompetentes, hacia las metas de un desarrollo equilibrado y con equidad, con restauración de la honestidad política y la respetabilidad internacional. Su desafío- para mayores señas de su cinismo- en la conquista para superar la crisis de la "falsa" democracia y alcanzar la prosperidad, se haría sin sacrificar la libertad.

La farsa por fortuna está siendo detenida en seco, y lo que no parece tener marcha atrás luego del exitoso paro del 10D, es que Chávez o se democratiza sometiéndose a la ley y a la Constitución o corre o termina por encaramarse. Tienen razón los que argumentan que el no va a cambiar, pero exigen mucho los que piden tanto, es suficiente obligarlo a ser el que no quiere ser, y eso puede lograrse, pues el enorme mérito -que sería una injusticia inexcusable saboteársela-, es que la extravagancia chavista ha fortificado como un milagro inimaginable, a las virtudes cívicas de los ciudadanos como el factor crucial de nuestro desarrollo sociopolítico actual.

"Cuanto es sublime en política", fundamentada en auténticos valores bolivarianos y republicanos cuya identidad se reconoce en el ejercicio de la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta arraigadas como banderas de lucha en la conciencia civil venezolana, va a ser un hueso muy duro de roer para las pretensiones decimonónicas de una revolución cada día más fofa, de objetivos colectivistas imposibles, y con un líder con plomo en el ala de su verbo para convencer al mentir.

El método de manejar el país subordinando la razón a los instintos, ha sido derrotado. De no entender Chávez, como seguramente no lo va a entender, pero alguien tendrá que decírselo, es que "el paro" le indica, que debe abandonar la idea de la política como conflicto ideológico y pugna de intereses, y debe centrarse en una política de compromiso con la convivencia, declinando someter al país a los caprichos de su voluntad cumpliendo las reglas del juego. De no hacerlo quedará expulsado del juego, así de simple.

E-mail:ferprie@lycos.com
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