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Sección: Política
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¿Hay vida después de Chávez?Samuel Sotillo HermosoJueves, 19 de diciembre de 2002
Obviamente, sí. Y esto es algo que debemos entender todos, tanto oficialistas como opositores, tanto chavistas como escuálidos. Algo que debemos considerar detenidamente, sobre lo cual debemos reflexionar con absoluta y fría objetividad. Si bien es cierto que la conflictividad es alta, que el abismo entre nosotros pareciera insuperable, existe aún mucho terreno común; todos amamos al país y todos estamos preocupados por el bienestar de nuestras familias y el futuro de nuestros hijos. Todos queremos a Venezuela; todos admiramos a Bolívar, pero en una dimensión real y práctica, ajustada a nuestra vida diaria y cotidiana. Todos queremos que el país progrese y que nuestros hijos disfruten de la paz y la tranquilidad con la cual la mayoría de nosotros crecimos (porque aún somos un país joven y lleno de energía). Todos queremos más y mejor Democracia, que brinde "igualdad" pero constructivamente, sin quitar a unos para dar a otros, sino dando a todos las mismas oportunidades para proveer nuestras necesidades y satisfacer nuestras aspiraciones. Todos queremos acceso a la riqueza del país, pero no destruyéndola como parásitos, sino engrandeciéndola y haciéndola abundante para todos. Todos queremos que cese la corrupción y el despilafarro, y disfrutar de un país donde el Estado sea para el pueblo y por el pueblo, donde los gobernantes sean honestos servidores públicos, sin importar su partido o ideología, y donde la justicia sea realmente ciega e implacable. Como ven, aún hay mucho que tenemos en común. Hay mucho espacio donde negociar, mucho que construir. Es absurdo que nos neguemos esa oportunidad de encontrar espacios comunes, de dialogar como hermanos, de levantar el país que soñamos unidos, y así dejarnos consumir en esta vorágine de odio y rencor en apariencia indetenible. La verdad, mucho hemos logrado unidos hasta ahora. En 1998, con el asombro del mundo entero, los venezolanos rompimos el bipartidismo parasitario que nos consumía desde hacía un cuarto de siglo, y reafirmamos nuestro deseo y resolución a reformar y mejorar nuestra democracia. No fue la victoria de nadie, sino nuestra, de todo un país. Desde entonces, aún seguimos siendo mayoría; quienes, queremos un mejor país; quienes aspiramos construir una mejor democracia; quienes soñamos con un futuro promisorio para Venezuela. Si antes pudimos enfrentar unidos a bandas y cenáculos que controlaban y asfixiaban las intituciones democráticas, cómo no vamos a poder ahora hacerlo contra las aspiraciones totalitarias de un solitario alucinado? Nuestras sueños no son propiedad de nadie, y nadie tiene el derecho de arrebatárnoslos o privarnos de ellos. He escrito esta nota lleno de esperanzas. Es un mensaje dirijido a los corazones de aquellos que tienen en sus manos instrumentos que podrían ayudar a resolver nuestra terrible situación. Es un mensaje para reafirmar una realidad, que hoy pareciera imposible para algunos. Compatriotas, SI, hay vida después de Chávez; como la hubo después de AD y Copei, y después de Pérez Jiménez o JV Gómez; como la hubo después de la caida del Imperio Español y de la disolución de la Colombia del Libertador. Nuestro futuro no lo determina nadie en particular, sino la contribución y la unidad de todos. Ha sido siempre así en doscientos años de historia republicana, y hoy no hay razones para pensar que pudiera ser diferente. No podemos sacrificar tanto, no podemos negarnos a reconocer ese oceano inmenso de sueños y deseos que compartimos en común para Venezuela, por el delirio obstinado y hambriento de sangre de un solo hombre. Recordemos esa frase bíblica del Libertador que al Sr. Chávez tanto le gustaba mencionar: él es sólo una brizna de paja arrastrada por el viento de una tormenta fastidiosa y momentanea; pues bien, dejemos que esa brizna de paja siga su curso errante y garuoso, y unamos fuerzas nuevamente para retomar nuestro camino de construir en paz y unidad esa patria mejor que merecemos. |
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