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Política - Opinión y análisis
Breve historia del chavismo-leninismo

Rafael Rattia

Lunes, 25 de junio de 2001

Si Usted, estimado lector, se toma la molestia de voltear su mirada en sentido retrospectivo y se detiene, por ejemplo, en los pródromos de la laxa década de los años ochenta no tardará en advertir el tufillo marxista-leninista que expelían las cátedras de Economía Política, Sociología, Filosofía y en general de Ciencias Sociales de los pensum de estudio de las Universidades Nacionales Públicas de nuestro país.

Nadie se ha preguntado en Venezuela ¿qué hubiera pasado si el llamado Pacto de Punto Fijo no le hubiese dejado a la Izquierda nativa esos “respiraderos” ideológicos llamados eufemísticamente “Federaciones de Centros Universitarios”?. Porque para nadie es un secreto que desde la repartición del botín que hizo el tristemente célebre binomio adeco-copeyano del país cual hacienda privada, la Izquierda revolucionaria de raigambre marxista en Venezuela optó, para sobrevivir al totalitarismo bipartidista, por refugiarse en los endebles nichos burocráticos académicos universitarios.

Haga un esfuerzo adicional, estimado lector, y revise la extracción socio-profesional de la gran mayoría del equipo ministerial y no tardará, “lo que tarda casabe en caldo caliente”, en constatar la ingente bibliografía de prolífica temática izquierdista de sus asesores en materia económica y social. Es inocultable el acento cepalista de muchos sesudos análisis macroeconómicos que sustentan las políticas asistencialitas y populistas (demagógicas) de los faraónicos planes gubernamentales; llámense éstos: Bolívar 2001, FUS, o como quiérase denominar. Tan evidente es el neokeynesianismo de izquierda estatalista que signa la política distribuiconista del chavismo como fenomenología economicista que no se puede tapar el sol con un dedo a estas alturas del devenir de “la historicidad constituida” –Sartre dixit-.

Ya es imposible revestir la deducción lógica por más tiempo: las inmensas legiones de vituperados, escarnecidos y preteridos de siempre trajeron, inexorablemente, estos fangales dialécticos de iluminismo trasnochado que ha terminado encarnando en esa entidad gaseosa y voluble llamada por politólogos y sociólogos o reflexólogos de la escena nacional “el chavismo-leninismo (pensamiento Mao Tse Tung). No os asombréis de nada que todo estaba inscrito en el polvo de las estrellas que surcan el cielo que vio nacer al “héroe nacional”. Todo, desde la colectivización forzada de las “escuelas bolivarianas”, pasando por los colectivos zamoranos y los Círculos Bolivarianos; todo está amplia y suficientemente pensado para meterle un niple a la historia enteca y amañada del hórrido y asqueroso puntofijismo andropáusico. Porque, ¿a qué se refiere monsieur Chávez cuando habla del “escualidismo es la fase superior del puntofijismo”? sino al catecismo leninista “El imperialismo fase superior del capitalismo”. La ecuación es sencilla. Infiera Usted mismo el silogismo apocalíptico que encierran estas admoniciones.

Ahora que escribo estas líneas sobre la influencia del fardo ideológico leninista en el Comandante recuerdo cómo torbellinos de arremolinadas turbas y gigantescas multitudes congregadas en Tirana, capital de Albania, desataban las esclusas de una rabia ontológica acumulada por décadas y encadenando las estatuas de los fundadores de la “revolución” lanzábanlas al mar “como cuerditas de guitarras hundiéndose” en el Océano de un pretérito que no se disuelve fácilmente en la memoria de quienes quisieron construir una Historia basada en la compulsión psicológica y en el terror ideológico de Estado.

Rafael Rattia en La BitBlioteca
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