¿Fuerza Armada Nacional (FAN) o Banda Armada Nacional (BAN)? José Rafael Ramírez
Domingo, 22 de diciembre de 2002
A las Fuerzas Armadas no sólo les han cambiado el nombre que tenían desde su fundación, Chávez las tituló Fuerza Armada, singularizándolas, sino que también las ha transformado en una extraña mezcla de ejército regular con los irregulares Tupamaros, Carapaica y Círculos Violentos. Ya se sabe que instalaciones militares están siendo utilizadas para entrenar a estos guerrilleros urbanos a los que además se les ha suministrado armamentos y equipos bélicos. Oficiales nuestros se reúnen con estos grupos político-terroristas como es el caso del general Raúl Isaías Baduel, quien incluso les ha servido como orador de orden en un acto de neto corte partidista en La Vega (Caracas); el general Luis Felipe Acosta Carlés, quien incluso bautizó con su apellido unos de estos Círculos en Valencia; el general Jorge Luís García Carneiro, quien puso a la disposición las instalaciones del ejército para reuniones con Iris Varela, Lina Ron, Nicolás Maduro, Luis Tascón, Darío Vivas y otros talibanes guerreristas; el coronel Alcalá Cordones, quien carajea a sus superiores en nombre del Presidente de la República, obrando como lo hacía la GESTAPO, sobrepasando la autoridad jerárquica.
La Policía Militar fue primeramente utilizada para reprimir a las mujeres que protestaban en el Paseo Los Próceres, luego se ha estado lanzando a la Guardia Nacional como perro de presa contra múltiples manifestaciones pacíficas y, recientemente, se ha puesto al propio ejército y a la marina de guerra a ejecutar actos odiosos contra los ciudadanos que están luchando pacífica, pero firmemente contra este desastroso gobierno que está destruyendo a nuestro país.
Ya no se respetan los grados ni las jerarquías. Capitanes chavistas pasan por encima de sus superiores para ejecutar órdenes políticas. Para ascender lo que vale es el compromiso con eso que mal llaman “la revolución”. Hemos visto generales metiéndose por la fuerza en galpones privados para salir conduciendo camiones arrebatados a sus dueños, y coroneles amparados en tanques y fusiles invadiendo las instalaciones de la Policía Metropolitana e impidiéndole guapetonamente el acceso a sus autoridades legítimas, incluido el Alcalde Metropolitano de Caracas, en un grosero irrespeto a la Constitución y a las leyes. Igualmente se ha presenciado el abusivo desacato por parte del general García Carneiro a órdenes legalmente expedidas por los tribunales.
Los Altos Oficiales no están para eso, el profesionalismo les impide el abuso. Ellos son depositarios de nuestras armas, las cuales sólo deben servir para reforzar la ley, no para cometer arbitrariedades, y en la medida en que se exceden, se adultera la esencia de lo que es el ejército de un país democrático donde la fuerza radica no en esas armas, sino en la ley.
Ha postrado tanto Chávez al ejército que se atreve a decir en televisión que él les ha ordenado a los jefes de guarnición que desobedezcan las decisiones judiciales que contravengan sus designios. Eso es una humillación para la oficialidad, para la tropa, para la milicia toda, y nadie se le para a contradecirlo. Aquí Baduel simplemente se hizo el loco. “Yo no he recibido esa orden” -dijo-, cuando estaba obligado a ratificar ante el país su respeto a la institucionalidad. Y los demás, el Alto Mando incluido, han guardado un cobarde silencio, indignidad que se elevó en grado superlativo con la triste exposición que hizo el general Julio García Montoya, y que Comandante General del Ejército, utilizando el mismo lenguaje de Chávez contra quienes valientemente libran una esforzada lucha desde las trincheras de la civilidad, para ponerle fin a esta pesadilla castro comunista que tiene sitiada a nuestra patria.
Ese ejército que peleó en Carabobo y que fue masacrado en Cararabo, no es el mismo que tenemos hoy. Ni siquiera es su heredero. Esto es simple instrumento de un proyecto político que quiere imponerse por la fuerza en Venezuela. Muchos oficiales están disfrutando de los beneficios económicos que les brinda el gobierno para mantenerlos bozaleados. Muchos otros están deploradamente asustados. Para cerrar este artículo, a estos que están adentro, descontentos pero acobardados, les voy a narrar una anécdota propia: Siendo niño, una noche tenía muchas ganas de ir al baño, que quedaba afuera, en el patio. Y me daba miedo ir solo, por lo que le pedí a mi abuelo, un recio coriano, que me acompañara. Él me contestó: “No. Yo no lo voy a acompañar porque se va a acostumbrar al culillo. Póngase mis alpargatas, y vaya solo”.
¡Pónganse el uniforme carajo, y pónganle un parao a este loco que los veja, los humilla y los acaba! ¡Las Fuerzas Armadas Nacionales no pueden seguir siendo convertidas en una Banda Armada Nacional!