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Sección: Política
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Las monjas y el ejércitoRicardo BelloMartes, 5 de mayo de 2009
No existe mejor manera de evaluar la política agrícola del gobierno que medir la seguridad agroalimentaria a través del valor de las importaciones de alimentos, mostradas en cifras oficiales del INE. En 2002, antes de comenzar la oleada de invasiones a las fincas en Yaracuy, el país importó azúcar por un valor de $55 millones y en 2007: $98 millones, casi el doble. Leche completa: importaciones por el orden de los $66 millones en el año 2002 y $169 millones en el 2007; el balance preliminar para el 2008 supera los $640 millones. No importamos carne de pollo en el 2002, pero importamos $125 millones en el 2007. Resumiendo, el total de las importaciones agrícolas en el año 2002 sumaron la cantidad de $1.502 millones y en el 2007 importamos alimentos por un total de $4.187 millones. El año pasado superamos con creces la barrera de los $7.500 millones. No importa que los agricultores norteamericanos, de donde provienen buena parte de nuestros alimentos, se enriquezcan con las compras venezolanas. Lo que no puede tolerarse es que seamos productivos, o que hagamos dinero con nuestro trabajo. Eso sería una aberración para el proyecto del Presidente. Nadie tiene derecho a hacer dinero, a menos que sea un regalo del Estado. La razón de fondo, sin embargo, podría ser otra: los chavistas no están interesados en la recuperación del agro. Si se recupera, sus empresas no importarían nada. Las 49 fincas expropiadas el pasado lunes tuvieron el efecto de un cuchillo asestado al cuello de los agricultores. Pero hay un detalle sombrío, oscuro, que no corresponde a la tradición que legaron las tropas libertadoras. El Ejército tomó posesión el pasado lunes 20 de la Hacienda Monte Sacro en Chirgua e intentó expulsar a unas monjas Carmelitas que viven rezando en un claustro cedido por sus propietarios desde hace años; casi terminan el día en un galpón de cochinos y gallinas. Finalmente los militares les dieron un plazo de un mes para que desalojaran los animales y se mudaran. Quizás tampoco las dejen permanecer en el galpón, el INTI está considerando la medida. Eso no es política agraria: eso es vileza, la orden refleja un resentimiento que no logramos ubicar. Lo sostenía en una reunión familiar: los venezolanos no tiene esa maldad, pero mi tío me corrigió, y él siempre tiene la razón: los venezolanos no profesaban antes tanta maldad. Quizás la presencia de los comisarios cubanos tenga algo que ver al respecto. Las monjas estarán rezando por las almas de estos soldados que en vez de dedicarse a combatir el secuestro o el narcotráfico, amenazan a los agricultores y hostigan a las religiosas. Recordemos que Bolívar enfrentó tres grandes retos: derrotar militarmente a los españoles, controlar la insubordinación entre sus oficiales y por último, impedir una guerra de razas o de pobres contra ricos, a fin de consolidar la unión del país. Por eso fusiló a Piar y se escandalizó cuando sus tropas ocuparon en el año 1817 varios poblados administrados por sacerdotes catalanes, de los cuales 14 murieron en cautiverio y 20 más ejecutados con machetes. Transformar la guerra de independencia en un enfrentamiento entre pardos y esclavos contra blancos hubiera sido traicionar el futuro del país, condenándolo a una guerra fratricida e inútil. Reivindicar estos episodios, y son los que saltan a la mente cuando presenciamos la toma militar de un Monasterio de Carmelitas Descalzas, provoca una fuerte señal de alarma en la sociedad, sobre todos entre aquellos que tenemos pasión por la historia y honramos el rol que muchos oficiales venezolanos jugaron para defender la Constitución, oponiéndose a las arbitrariedades de los tiranos. |
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