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Opinión y análisis

Lo que hace falta
William E. Izarra

 
Lunes, 8 de diciembre de 2003

A veces nos damos cuenta que hace falta la reflexión teórica. Detenerse a indagar los asuntos abstractos del pensamiento para ubicarnos en la realidad del pragmatismo. Ejercicio que nos permite identificar las causas que originan las inconsecuencias de lo que difundimos con palabras, pero que no materializamos con hechos. Práctica necesaria para apreciar el significado, por ejemplo, de la trascendencia del revocatorio y del valor de la lucha por la revolución.

Comencemos, pues, este trance del intelecto, válido para los pensadores de arriba y para los de abajo. Válido también para los radicales de aquí, como para escuálidos de allá. Válido para manifestar que lo que nos hace falta es la ideología.

Me adentro en esta reflexión señalando que el conjunto de ideas, racionalmente estructuradas con base en la lógica del pensamiento, es el método para establecer la ideología. Elaboración indispensable para concretar los fines de la revolución.

La construcción de las ideas es lo que motoriza la evolución del mundo. Es lo que permitirá la emancipación del pueblo venezolano. Nada puede impedir ni neutralizar la capacidad de la producción intelectual. Ni la globalización, ni la postmodernidad, ni siquiera el dominio hegemónico del imperio, pueden agotar la creación de las ideas. Nunca se acabará el conocimiento, ni se destruirán las representaciones que se hacen de los objetos que se estudian. Mientras el hombre piense, prevalecerá el talento para conceptualizar la realidad. El marco de referencia teórico que posee cada uno de los seres vivos, se comporta como el instrumento que explica los objetos que observamos. Los objetos son datos a nivel del pensamiento abstracto; pero, al ser procesados y relacionados dejan de ser inconcretos, convirtiéndose en juicios. Al expresar los juicios de manera verbal o simbólica, se forma la representación de la realidad. La representación se convierte en modelo; y, los modelos, como representaciones simplificadas, sintetizan el modo de pensar del individuo. Punto de partida para generar la ideología. Primera conclusión que nos conduce a emitir un juicio conceptual para definirla: la ideología es el sistema de ideas, creencias y valores, procesado por cada ser pensante, para explicar, legitimar y perfeccionar el orden social de nuestra realidad político-social, común a un conjunto de personas que conviven dentro de la sociedad nacional. La ideología es la arista teórica del Proceso, ausente en casi la totalidad del universo revolucionario venezolano. La ideología es el factor de poder que nos falta para sostener, de manera inequívoca, la revolución bolivariana.

La ideología sirve de referencia para sustentar la moral y la ética humanas.

Es la base para concebir el desarrollo histórico de la humanidad. Es el fundamento que orienta las posturas políticas ante los cambios existenciales y las definiciones sobre el uso de los medios de producción. La ideología es el molde que le da forma a los principios rectores de la virtud humana, como lo son: la honestidad, la justicia, la dignidad, el honor, la lealtad, la solidaridad, la camaradería y la perseverancia, entre otros. Virtudes necesarias para contrarrestar el efecto fascinante del poder y así no claudicar ante sus tentaciones ilícitas.

La Revolución Bolivariana, sistema político que comienza a instaurarse en Venezuela, en sustitución de la democracia representativa, es el nuevo modelo político para la dirección de la sociedad nacional. Ideológicamente, tiene por meta la transformación de las relaciones de poder, las relaciones sociales y las relaciones de producción. En contraposición a la democracia representativa que se expresa en la manutención estructural; valga decir, perpetuar de manera inalterable las relaciones de dominio que ejercen las cúpulas sobre el colectivo. Condición perecedera, circunstancial y aberrante a la que se le identifica como reforma.

Por lo tanto, los dos sistemas políticos que se confrontan en este momento tienen conceptualizaciones ideológicas radicalmente opuestas. Un modelo es revolucionario y el otro es reformista. La confrontación de ellos nos exige detenernos a pensar. Nos obliga a definir nuestro marco de referencia individual para relacionar lo que observamos; y, así, estar en capacidad de emitir nuestros juicios. Saber lo qué queremos y por qué lo queremos. Esto significa darle forma al pensamiento elaborado e iniciar la concepción ideológica.

El reto de ahora, de los luchadores revolucionarios, de quienes se identifican con el Proceso Revolucionario y están resteados de por vida por alcanzar las metas de los cambios estructurales, es procesar la ideología de la revolución. Su ausencia es un flanco de debilidad, mientras que su elaboración es un gesto de conciencia para profundizarla. Posesionarse de la ideología revolucionaria, por medio de su difusión y de la formación política, es lo que nos hace falta.

email:izarraw@cantv.net

 

 

 
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