La plaga más devastadora que le ha caido al país es esta última de los hambreados cubanos que nos han invadido.¿Por qué? Porque al igual que el naúfrago que se ahoga, nos agarra y nos arrastra en sus ansias de sobrevivir.
Los esbirros de la Inteligencia Cubana ya se han prácticamente adueñado del control de inteligencia de Venezuela; magnífico botín inesperado que pretende salvar el “status quo” de la arruinada isla.
Si no reaccionamos ahora, en contra de una intrusión patente a nuestra soberanía y nuestra idiosincrasia, terminaremos como las subyugadas sociedades de los tiempos stalinistas; postrados, serviles en cuerpo y alma, y despojados de nuestros bienes materiales y espirituales.
Hablar de alta traición es hablar de Chávez, que para mantener su personal y enferma actitud de poder, y al igual que el Fausto de Goethe, le vende su alma a Mefistófeles; con el agravante de que aquí está tambien vendiendo el alma de todos los venezolanos, tanto de los que estan conscientes de ello como con los que no lo estan.
Está muy equivocado este fantoche arrogante de baja categoría, caciquito de poca monta, si cree que un pueblo tan aguerrido como el de Venezuela se va a dejar someter a tales circunstancias.
La arrechera crece y crece; crece a cada minuto de ignomínia que discurre. La identificación colectiva crece y crece; crece al margen de cualquier tendencia política.
Y la por ahora tácita fuerza que nos une, crece y crece; crece haciéndose cada vez más patente, alimentada de tanta humillación.
Las ansias de echar fuera de nuestro país al incursor crece en cada minuto que constatamos la rapiña de bienes que magistralmente nos impone el invasor; y crece también, cada vez más, la necesidad de llevar ante la justicia a los vendepatria que permiten tal situación.
No es el pueblo cubano el que merece nuestra ira, es la estructura de poder cubana la que se la merece. No queremos delatores entre nuestras familias, no queremos pautas de comportamiento que no sean las acordadas democráticamente, no queremos racionamientos para salvaguardar el poder, no queremos militancias obligadas, no queremos socios autocráticos.
Queremos disfrutar de la misma libertad que siempre hemos disfrutado.
Y si cometimos errores anteriormente, como sociedad democrática, queremos subsanarlos democráticamente; no como este dictadorcillo de pacotilla “pretende” subsanar.
¿Gracias a Chávez, quienes son los amigos que tenemos hoy?
El principe de Brunei, Khadafi, el caido Sadam, el siniestro Mugabe y un sin fin de codiciosos aprovechadores como Putín, Zapatero y ahora, por supuesto, la avanzada y consciente mercachiflera dictadura china.
Esa es nuestra triste realidad actual: y de ahora en adelante querán que nos vistamos todos de azul como los chinos (aunque ya estan comprando, como Chávez, Airbus, Rolex y Kalvin Klein para salir de ese atolladero), que dejemos que nuestros hijos se bolivaricen en comunales escuelas de formación de identidad patriótica (así como si la patria fuera este fantoche de líder que tenemos hoy), que nos convertamos en delatores de los que no quieren aceptar un orden impuesto (delatando, por una cesta tiket, hasta al hermano más querido), que prescindamos de la planificación individual de nuestro futuro y el de nuestras familias. Y no quiero seguir para no llorar.
Ya pronto llega el año 2005.
Ya pronto tendremos que decidirnos, los que estamos en contra de ese nefasto futuro, a cerrar filas al margen de cualquier tendencia política que nos diferencie.
Y eso ha de pasar ahora; tengamos o no tengamos los líderes capaces de coordinar nuestras necesidades.
Liko Perez
Estocolmo, 2004-12-22