La nueva columna publicada en “El Mundo” por Alvaro Agudelo, tiene un estilo tan similar al que utilizó José Vicente Rangel en sus tiempos de periodista, que ya todos conocemos que el que escribe es, sin lugar a dudas, el propio ministro de la Defensa. Igual que en el pasado, trata de hacer política a través de la mentira y de la ofensa. No le importa dañar la reputación de cualquier persona honorable con tal de satisfacer los odios acumulados por una vida de permanentes fracasos. El complejo le viene desde joven. No ha podido olvidar su pasado gomecista y el dinero familiar mal habido. Mucho menos el juicio por peculado que hicieron a su padre los vencedores el 18 de Octubre. En ese caso no hubo injusticia, como si ocurrió con los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita y mucho más con el inolvidable Arturo Uslar Pietri. Otro aspecto sorprendente de su vida, es su título de doctor. Sus compañeros de generación lo acusan, con razón, de sólo haberse graduado de bachiller.
El aludido fablistán mantuvo en su columna, el lunes 3 de diciembre, que yo era “pataruco”. Es más que conocido, que el único que demostró cobardía, el 4 de Febrero, al permanecer sin combatir en el Museo Militar fue el jefe de esta revolución de mentirijillas y a su vez caudillo, en adoración perpetua, de este ministrejo, que no sólo es rechazado por la mayoría institucional de las Fuerzas Armadas, sino que causa vergüenza entre sus colegas periodistas. De mí, sólo puedo decir, que nadie me vio perder la serenidad en los momentos tan complejos que tuve que enfrentar, tanto ese día, como el 27 de Noviembre. Arrodillarse, como afirmó, para lograr el diálogo con Fedecámaras, no le causó ningún esfuerzo. Desde que forma parte del gabinete ministerial esa es su forma natural de andar. De su valor personal no puedo decir nada, pero todos conocemos su falta de carácter, tanto en su vida pública como privada.
También trató de enlodar en su artículo la honesta reputación del vicealmirante Rafael Huizi Clavier, al tratar de mezclarlo en una supuesta negociación con DIANCA y la CVG. Además, creyéndose Fouché, buscó sembrar inquina en el Frente Institucional Militar presentando unos inexistentes problemas internos. Sencillamente, pierde su tiempo. Nuestro liderazgo no tiene nada que ver con los grados militares, sino con el ascendiente logrado por el esfuerzo en la lucha que nos hemos impuesto de defender la institucionalidad de las Fuerzas Armadas. Es importante entender, que estos ataques los realiza el ministro Rangel, para tratar de disminuir el creciente prestigio que el Frente Institucional Militar ha logrado en las Fuerzas Armadas. No debe preocuparse. Nosotros no conspiramos. Hugo Chávez saldrá del gobierno por sus propios errores. No será necesario derrocarlo...
Con relación a los tanques AMX-30, debo recordarle que apenas tuve conocimiento de las irregularidades administrativas existentes ordené abrir el juicio militar correspondiente, dictándosele posteriormente un auto de detención a los hermanos Van Dam. Es imposible, si fuera cierto que yo le pedía dinero a estos industriales, que no lo hubieran señalado durante su defensa judicial. Además, sólo con preguntarles, en este momento, se podría aclarar cualquier duda. Mi intachable actuación en este caso, fue defendida por la honesta diputada Lelis Páez que, después de haber profundizado hasta en el detalle de dicha negociación, apoyó en un discurso público ante la Comisión Investigadora del Congreso Nacional, las acciones que tomé para evitarle daños a la República. También ordené la apertura del juicio sobre el caso Turpial e hice la investigación de la escandalosa venta de municiones de Gardenia Martínez. Una verdadera trayectoria en contra de la corrupción.
No creo que José Vicente Rangel pueda decir lo mismo de su actuación como Ministro de la Defensa. Los rumores existentes sobre su particular interés en la absurda compra de material ruso; sus vinculaciones con Oscar Martínez, conocido perro de la guerra; su falta de integridad al aceptar el indebido comportamiento de los generales Víctor Cruz Weffer y Melvin López Hidalgo y tantos otros hechos que la opinión pública señala, comprometen totalmente su lamentable gestión y su honestidad como funcionario público.. Su falta de dignidad ha quedado más que demostrada en el silencio que ha mantenido ante los inmerecidos ataques y presiones que han recibido las valientes periodistas Patricia Poleo, Ibéyise Pacheco, Marta Colomina y Mariánela Salazar por parte de esos generales de montoneras. Este hecho no me sorprende, ya que como fablistán de poca monta, siempre, se le acusó de utilizar el chantaje periodístico para vender unos monigotes, que de estatua sólo tienen el bronce.
Una de las pocas cosas buenas que dejará el chavismo es haber podido desenmascarar a más de un farsante. En verdad, José Vicente Rangel, a través de la mentira y la calumnia, logró un prestigio de hombre honesto que no merecía. No tengo la menor duda que, a partir de ahora, los venezolanos sólo sentiremos por él lastima y vergüenza.
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