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Política - Opinión y análisis
Despedidas

Soledad Morillo Belloso

Miércoles, 26 de diciembre de 2001

Es bueno que vayamos preparándonos, porque este año será de "adiós, adiós, adiós", de "muérete que chao", de despedirse a la llanera, de armarle maleticas para un viaje sin retorno, de curarse de un mal de amores. Yo afino la voz y le canto: "Ojalá que te vaya bonito... cuántas luces dejaste encendidas ... yo no sé cómo voy a apagarlas... " .

Es cierto, no sabemos cómo apagar esos incendios devastadores que deja alguien que basó su actuación en un cántico al hedonismo y la egolatría, que embelesó al pueblo con su "... quiero que vivas sólo para mí... y que tú vayas por donde yo voy...". Pero para decir adiós, para sacarse del corazón un mal querer, para sanar de la perfidia, nada como recurrir a la música latinoamericana, a ese vasto repertorio de boleros, rancheras, valsesitos, tangos, charangas, guapangos, gaitas.

Fueron tres navidades, tres carnavales, tres semanas santas, tres años de sinsabores y diatribas inútiles y desgastantes, de pasiones insensatas y destructivas. Ahora es cuestión de afinar la voz, y entonar el "... te vas porque yo quiero que te vayas...", seguido de un "... la distancia entre tú y yo es cada día más grande... de tu amor y de mi amor no va quedando nada... ".

La gente se encuentra en las esquinas, y se saluda con un "... a mí me pasa lo mismo que a usted...". Compartir el despecho no lo hace más leve o menos doloroso, pero en algo ayuda, aun cuando muchos con razón dirán que los mochos se unen para rascarse. Y ahí salta un tercero que contribuye con "...

no tienes tú la culpa... fueron cosas de un imposible amor... ". Y el cuarto llega para rematar con una frase lapidaria: "... no vale la pena...".

Pero algo hay dentro de nosotros, incrustado en pieles, almas y corazones que hace que siempre encontremos espacio para la esperanza, algo que nos hace pensar que aun cuando tengamos el corazón partío' en mil pedazos, todo tiene remedio. Un pedacito de ilusión, un rayito de luz que nos hace elevar una copa, y decir "... salud, que cuando nos vaya mal, nos vaya como esta noche... ", porque al fin y al cabo, "... ya lo pasado, pasado, es que ya no interesa ... todo quedó en el ayer, ya olvidé, ya olvidé...".

Es algo que hace que podamos cantar "... hoy te veo y no sé quién eres... ya no eres tú... ". Es eso que llaman desamor. Y somos tan buenos que al final de esta trágica historieta de amor y dolor, no permitiremos que nos invadan deseos de venganza, y sólo le regalaremos un verso que reza "... de ese bello sentimiento además de sufrimientos, desilusión nos dejó..." .

Pero buenos como somos, lo despediremos con un "... sin rencor ahora te digo que lo nuestro ha terminado...". Nos enjugaremos la lágrimas, y le diremos adiós con un "... ojalá que te vaya bonito... ojalá que mi amor no te duela y te olvides de mí para siempre... que se llenen de sangre tus venas y conozcas una vida de suerte ... ojalá ... que te vaya...bonito...".

Y miraremos hacia delante, hacia el futuro. Y con un poquito de suerte, habremos aprendido del pasado. Sólo espero que no nos ataque la estupidez, y seamos tan tontos como para permitirle entonar "... y volver, volver, volver, a tus brazos otra vez...". Que sea cierto que de ese pérfido amor, nos hemos curado.

¡Feliz 2002, año de despedidas!
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