Es bueno que vayamos preparándonos, porque este año será de "adiós, adiós,
adiós", de "muérete que chao", de despedirse a la llanera, de armarle
maleticas para un viaje sin retorno, de curarse de un mal de amores. Yo
afino la voz y le canto: "Ojalá que te vaya bonito... cuántas luces dejaste
encendidas ... yo no sé cómo voy a apagarlas... " .
Es cierto, no sabemos cómo apagar esos incendios devastadores que deja
alguien que basó su actuación en un cántico al hedonismo y la egolatría, que
embelesó al pueblo con su "... quiero que vivas sólo para mí... y que tú
vayas por donde yo voy...". Pero para decir adiós, para sacarse del corazón
un mal querer, para sanar de la perfidia, nada como recurrir a la música
latinoamericana, a ese vasto repertorio de boleros, rancheras, valsesitos,
tangos, charangas, guapangos, gaitas.
Fueron tres navidades, tres carnavales, tres semanas santas, tres años de
sinsabores y diatribas inútiles y desgastantes, de pasiones insensatas y
destructivas. Ahora es cuestión de afinar la voz, y entonar el "... te vas
porque yo quiero que te vayas...", seguido de un "... la distancia entre tú
y yo es cada día más grande... de tu amor y de mi amor no va quedando
nada... ".
La gente se encuentra en las esquinas, y se saluda con un "... a mí me pasa
lo mismo que a usted...". Compartir el despecho no lo hace más leve o menos
doloroso, pero en algo ayuda, aun cuando muchos con razón dirán que los
mochos se unen para rascarse. Y ahí salta un tercero que contribuye con "...
no tienes tú la culpa... fueron cosas de un imposible amor... ". Y el
cuarto llega para rematar con una frase lapidaria: "... no vale la pena...".
Pero algo hay dentro de nosotros, incrustado en pieles, almas y corazones
que hace que siempre encontremos espacio para la esperanza, algo que nos
hace pensar que aun cuando tengamos el corazón partío' en mil pedazos, todo
tiene remedio. Un pedacito de ilusión, un rayito de luz que nos hace elevar
una copa, y decir "... salud, que cuando nos vaya mal, nos vaya como esta
noche... ", porque al fin y al cabo, "... ya lo pasado, pasado, es que ya
no interesa ... todo quedó en el ayer, ya olvidé, ya olvidé...".
Es algo que hace que podamos cantar "... hoy te veo y no sé quién eres... ya
no eres tú... ". Es eso que llaman desamor. Y somos tan buenos que al final
de esta trágica historieta de amor y dolor, no permitiremos que nos invadan
deseos de venganza, y sólo le regalaremos un verso que reza "... de ese
bello sentimiento además de sufrimientos, desilusión nos dejó..." .
Pero buenos como somos, lo despediremos con un "... sin rencor ahora te digo
que lo nuestro ha terminado...". Nos enjugaremos la lágrimas, y le diremos
adiós con un "... ojalá que te vaya bonito... ojalá que mi amor no te duela
y te olvides de mí para siempre... que se llenen de sangre tus venas y
conozcas una vida de suerte ... ojalá ... que te vaya...bonito...".
Y miraremos hacia delante, hacia el futuro. Y con un poquito de suerte,
habremos aprendido del pasado. Sólo espero que no nos ataque la estupidez,
y seamos tan tontos como para permitirle entonar "... y volver, volver,
volver, a tus brazos otra vez...". Que sea cierto que de ese pérfido amor,
nos hemos curado.
¡Feliz 2002, año de despedidas!