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Opinión y análisis

Creadores, intelectuales y profesionales de la cultura ante el país
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Lunes, 10 de diciembre de 2001

Creadores, intelectuales y profesionales de la cultura ante el país

Intelectuales y creadores venezolanos, Voces por la paz [martes 12 de noviembre de 2002]
Mariana Hernández, ¿Nos tratamos como intelectuales o como lo que somos? [jueves 3 de enero de 2002]

La mayoría de los venezolanos depositó y ratificó sucesivamente, en 1998, 1999 y 2000, un claro mandato en los gobernantes que eligió. Ello expresaba y expresa el convencimiento de que Venezuela puede llegar a ser el país en el que siempre hemos querido vivir y superar el índice 80% de la población que todavía se encuentra condenada a condiciones de sobrevivencia.

El país votó por la Constitución de 1999 con la finalidad de refundar la República para establecer una democracia participativa que consolidara los valores de la libertad, la justicia, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien colectivo, la integridad territorial, la convivencia, el imperio de la ley para asegurar el derecho a la vida, a la cultura, al trabajo, la educación, a la justicia social sin discriminación ni enajenación. La realización de estos objetivos pasa, necesariamente, por suprimir las denigrantes desigualdades sociales, los envilecidos mecanismos de los pactos políticos entre los grupos que ostentaban el poder y los privilegios, a expensas del tesoro público, las tierras y riquezas patrimoniales y las instituciones democráticas. De todo ello se desprende un cambio democrático radical en la forma y sentido de concebir y organizar la vida política, económica, cultural y social del país.

Una minoría de ciudadanos, cuyos privilegios creen vulnerados o afectados por las autoridades elegidas por más de la mitad de los venezolanos, ha emprendido, ejerciendo los derechos establecidos por la Constitución, una abierta oposición a la gestión del presidente Hugo Chávez. Esto no sólo es lícito sino conveniente en el espacio de un pluralismo que lejos de debilitar la democracia, la fortalece. No se trata de negar a nadie el derecho constitucional a profesar las ideas y simpatías o antipatías que escoja. Lo que sí debe quedar explícito es que cualquier idea exige responsabilidad y ética en su ejercicio, venga de donde venga.

Lo que no puede arrogarse como derecho esa minoría, a riesgo de colocarse no sólo contra la voluntad popular sino también contra la ley misma, es convertir la disidencia en campaña desestabilizadora, o en descarada incitación al golpe de Estado y al magnicidio, que pretende doblegar, someter o simplemente chantajear a un gobierno fruto de la voluntad popular.

Hay que decirlo con claridad: muchos de estos grupos minoritarios fueron notoriamente favorecidos por los gobiernos anteriores, contra toda prudencia y sensatez republicanas, a través de monopolios empresariales, mediáticos, educativos, culturales y de salud, entre otros. Ahora esos grupos utilizan esos monopolios descaradamente para intentar impedir las transformaciones que los venezolanos emprendimos.

Son estos sectores privilegiados los que han levantado una cortina de humo mediática que se propone ocultar el verdadero fondo del problema. Su discurso no ha querido pasar de las cacerolas al argumento racional; esto nos obliga y compromete, en nombre de una responsabilidad política común, a la exposición razonada de unas leyes justas, fundamentalmente justas, para las clases secularmente desposeídas y olvidadas, así como para la clase media.

Estos grupos se cierran a la discusión racional porque tendrían que revelar los intereses que representan. Detrás del conjunto de leyes que están por promulgarse reside una nueva y radicalmente distinta concepción del país. Entramos ahora en una nueva etapa de nuestra historia. Sobre la base de la legitimidad del cambio, sustentada por una Constitución que ha ampliado sustancialmente la esfera de los derechos ciudadanos y civiles, se está comenzando a construir la plataforma jurídica que dará respuesta a los gravísimos problemas que se han acumulado durante demasiados años de saqueo.

En este contexto es imposible soslayar el papel que juegan los propietarios de los medios de comunicación. Cuando estos patronos vulneran los principios de equidad y objetividad en función de sus propios intereses —salvo que sean órganos de partidos o parcialidades definidas—, vulneran también los principios fundamentales de nuestro sistema democrático. Nunca como ahora en la historia republicana de Venezuela un gobierno ha respetado tanto la crítica, la disidencia, y hasta el abuso. Esta estrategia mediática ha creado la matriz de opinión de que los problemas de Venezuela comenzaron en el período de gobierno del presidente Hugo Chávez, cuando todos sabemos que en realidad es una pesada carga que hemos heredado de los gobiernos anteriores.

¿Dónde están los periodistas perseguidos y desaparecidos?

¿Cuántos periódicos han sido acosados y amenazados de quiebra a fin de forzarlos a cambiar su línea editorial?

¿Cuántos medios han sido allanados o cerrados?

¿Cuántos presos políticos torturados y asesinados hay?

¿Cuántos venezolanos se han visto obligados a pasar a la clandestinidad o al exilio político?

¿Cuántas veces se han suspendido las garantías constitucionales?

¿Cuántos asesinatos en masa han ocurrido como los de Cantaura, Yumare, El Amparo y el Caracazo?

¿Cuántos ministros de economía del actual gobierno están en la nómina de los grupos económicos?

Y ahora que estamos en un proceso de cambio, ¿vamos a escamotearlo y volver a la situación que crearon muchos de los que ahora vociferan? ¿Qué proyecto de país tienen? ¿Será el mismo que aplicaron durante 40 años?

Recordemos que ante el tímido programa de reformas de Rómulo Gallegos en 1948, a un grupo le convino exaltar los ánimos de modo parecido al actual. Esto hizo que muchos de los que querían el fin de Gallegos padecieran luego diez años de dictadura. En América Latina abundan estas experiencias: Jacobo Arbenz, João Goulart, Juan Bosch, Salvador Allende, entre otros. Son lecciones que deberíamos aprender de la historia para no repetirla. No perdamos el clima de libertad y tolerancia que hemos ganado. No es concesión de gobierno alguno sino conquista popular de muchos años de sacrificio. Que las generaciones futuras no nos reprochen que, por un modo irresponsable de asumir el presente, volvamos a atrasar nuestro proceso histórico durante no se sabe cuánto tiempo.

Es necesario fijar posición para defender la razón mayor de este proceso: construir una auténtica comunidad nacional con equidad y sin exclusiones, en donde la vida política sea hecha por todos como una dimensión realizada y formadora de las relaciones humanas. Es por eso que este nuevo proyecto histórico suscita en nosotros una solidaridad superior: lo entendemos como un proceso extenso y laborioso que supone muchas instancias y que, al mismo tiempo que nos incluye, también nos trasciende.

Es nuestra convicción y responsabilidad llamar a todos los venezolanos a participar en el fortalecimiento del proceso revolucionario fundamentado en el intercambio de ideas, la apertura y la paz: una revolución cultural participativa, creativa, constructiva y liberadora, que permita a las mayorías crear y disfrutar la riqueza cultural y simbólica, no sólo de nuestro país sino de la humanidad toda.

La cultura es, esencialmente, expresión de la creatividad. Fuerza generativa que da sentido a la vida y propicia las más trascendentes y bellas expresiones de lo humano. Está en nuestras manos la tarea de construir ese país que queremos, merecemos y creemos posible. Por ello exhortamos a recuperar y fortalecer la lucidez y racionalidad necesarias para esa magna elaboración colectiva. Tenemos la gran tarea de crear una cultura que nos haga soñar de nuevo. Un pueblo renace cuando hay una visión de belleza que inspira a las personas a unirse en un proyecto común.

Óscar Acosta
Mirla Alcibíades
Baldo Alesi
Alfredo Almeida
Antonio Almeida
Sergio Antillano
Edmundo Aray
Igor Arias
Esso Álvarez
Laoise Armas
Pilar Arteaga
Consuelo Ascanio
José Balza
Arelis Barbella
Pedro Barreto
Aldemaro Barrios
Cristóbal Bastidas
Óscar Battaglini
Gilberto Bejarano
Marinelli Bello
Ricardo Benaím
Roberto Benaím
Javier Biardeau
Jesús Rojas Boada
Reinaldo Bolívar
Trino Borges
Alicia Briceño
Matilde Briceño Rojo
Álvaro Cabrera
Emil Calles
Agustín Calzadilla
Lía Caraballo
María Luz Cárdenas
Luis Cardozo
Alejandra Carrera
César Alejandro Carrillo
José Cesarino
Franklin Chacín
Alfredo Chacón
Catherine Chacón
Luis Humberto Chacón
Jidal Cisneros
Humberto Clark
Pedro Corales
Diómedes Cordero
Luis Alberto Crespo
Luis Damián
Francisco d’Antonio
Alfredo Delgado
Paul Delguezábal
Roland Denis Boulton
Alice Dotta
Josué Alí Dugarte
Carlos Escobar
Homero Español
Manuel Espinoza
Arturo Esté
María Cruz Fadul
Anamaría Fernández
Freddy Fernández
Oslinda Ferrer
Irene Figuera
Júpiter Figuera
Eli Freites
Rocío Fuentes
Omar Galíndez
Alberto García
Jesús Chucho García
Freddy Gil
Luis Gómez Urdaneta
Ramón Gordils
Rosa María Guede
Franklin Guédez
Marisol Guerra
Simón Guerrero
Luis Camilo Guevara
Irene Guillén
Freddy Gutiérrez
Nelson Gutiérrez
Carlos Guzmán
Eduardo Guzmán
Enrique Hernández d’Jesús
Roberto Hernández Montoya
Teresa Hernández
Gladiola Herrera
Isabel Huizi
María Elena Huizi
Carlos Lanz
Frank Lanz
Carmen Cecilia Lara
Herman Lejter
Tibisay León
Martha Liendo
Emiro Lobo
Alfredo Lugo
María de los Ángeles Lucena
William Machado
Gilberto Madrid
Tibisay Maldonado
Chiche Manaure
Mateo Manaure
Trina Manrique
Miguel Márquez
Noel Márquez
Valentina Marulanda
José Matamoros Mendoza
Ramón Mederos
Andrés Mejía
Soliria Mendizábal
Áurea de Mendoza
Ernesto Enrique Mendoza
Adriana Meneses
Gladys Meneses
Benito Mieses
Carlos Molina
Freddy Leonardo Moncada
Mónica Montañés
Marisela Montes
Gabriela Moreno
Ángel Moro
Stefania Mosca
Laura Nazoa
José Rafael Núñez
Juan Carlos Núñez
Carlos Osorio
William Osuna
Caupolicán Ovalles (hijo)
Nelson Oyarsábal
Ángel Palacios
Daniel Pinaud
Jacobo Penzo
Gustavo Pereira
Francisco Pérez Perdomo
Marco Antonio Pérez
Sandra Pinardi
Gerardo Piñero
Nicolás Piquer
Jorge Pizani
Juan Pedro Posani
Gian Domenico Puliti
Alberto Quintero
Gonzalo Ramírez
Carmen Elena Ramos
María Margarita Rasquín
Egla Rengifo
Maurice Reyna
Imelda Rincón Finol
Paúl del Río
Natalie Rocha
Héctor Rodríguez Manrique
Jorge Rodríguez
Ramón Rodríguez
Roberto Rodríguez
Armando Rojas Guardia
Salomé Rojas
Simón Rojas
Tibaire Rojas
Víctor Rojas Vilera
Ernesto Román
Pedro Romero
Vicente Rosa
Elys Salamanca
Temístocles Salazar
Rita Salvestrini
Freddy Sánchez
Mariela Sánchez
Vicenta Sánchez
Rodolfo Sanglimbeni
Juan Carlos Santaella
Pedro Sanz
Damaris Scott
Jesús Sevillano
Orlando Sifontes
Manuel Silva Ferrer
María Jesús Silva
Cecilia Todd
Mariangélica Toro
Tamanaco de la Torre
Alberto Torres
Antonio Trujillo
Andrés Vargas
Chela Vargas
Hermes Vargas
María Margarita Vásquez
Óscar Vásquez
Oswaldo Vigas
José Julián Villalba
Juan Villasmil
Fruto Vivas
Ramón Yánez
Orlando Yajure
Elías Yánez
Nuevas firmas
(hasta el 11 de marzo de 2002)
Ángel Eduardo Acevedo
Luis Alberto Angulo
Luis Arias Baptista
Pedro Báez
Carlos Baptista
Jesús Alberto Blanco
Carmen Bohórquez
Luis Britto-García
Néstor Caballero
Antonia Cipollone Iemma
Alirio Díaz
Gioconda Espina
Antonio Fernández
Elí Galindo
Mailén García
Yolanda García Vargas
Gonzalo Gómez
Nelson Guzmán
Carmen Hernández
Juan José Hernández
Loty Ipinza
Francisco Javier Lasarte Valcárcel
Manuel Lazo
Marta Liaño
Augusto Martínez
Gustavo Mérida
Arístides Medina Rubio
Tulio Monsalve
Enrique Mujica
Federico Moleiro Camero
Lionel Muñoz
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Luis Palencia Sánchez
Felipe Pérez Martí
Pilar Pérez Baldó
Juvenal Ravelo
Adhelis Rivero
Lil Rodríguez
Reinaldo Rojas
Jaidin Rosa
María Clara Salas
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Nuni Sarmiento
Juan Sosa
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