Opinión Ciudadana Alto grado de inseguridad en el país Alberto Baumeister Toledo
Martes, 20 de diciembre de 2005
Queda uno boquiabierta con el deplorable estado de deterioro en que se encuentra el medio social y vital en el cual tenemos que desempeñarnos los venezolanos, la arremetida de los antisociales en estos días de pascua y la inercia inaudita de un gobierno no bueno para nada, ni aún para contener las oleadas de la delincuencia ordinaria.
En estos días de pascua navideña, y posiblemente será por una especie de castigo que ahora se nos impone por este desastroso gobierno al haberlo despreciado en sus gestiones en las pasadas elecciones, se ha experimentado un crecimiento inaudito de robos, asaltos, asesinatos viles, daños a la propiedad, etc., nunca antes esto había tomado las actuales proporciones, con todo y a pesar de que el gran parlanchín habla de un ingreso mínimo per capita de los venezolanos mayor a tres mil cuatrocientos munas del norte, de la tierra de su impertérrito enemigo el tal Bush.
Debe observarse además para mayor gravedad del asunto, que tal tropelía de barbaridades en contra de una ciudadanía abandonada por el gobierno a su suerte ante la ola delictiva, que el asunto no queda circunscrito ni a la otrora hermosa sultana del Ávila, ni a otras grandes urbes, sino que ello tiene manifestaciones a nivel de todo el territorio nacional, independientemente del tamaño, nombre o región de las ciudades.
Desde el simple transeúnte, o el acomodado chofer que va en su auto a su trabajos o diligencias familiares, el estudiante, el office boy que cumple su trabajo, hasta el mas humilde integrante de Juan Pueblo, tiene que soportar inerte, y sin poder esperar nada de los mal llamados organismos policiales, que le roben su reloj, su moto, su celular, que le arrebaten sus anteojos, que le rompan los vidrios de su vehículo para robarle algún paquete, o simplemente por maldad, igual a quien viene conversando por su celular algún tema banal o extremadamente importante, a plena luz, y delante de todo el mundo le arrebatan el equipo y tan tranquilos y rampantes, los ladrones se salen con las suyas.
Esto no solo lo sabe el pueblo, también llega a los oídos de los funcionarios, pero como si nos les perturbara el sueño, nada se hace para controlarlo ni sancionarlo, es un furor por el desorden y atropello a la ciudadanía.
Ya imaginamos al señor Ministro de Desinteriores e Injusticias comentando lo que le viene en gana en torno a que las estadísticas demuestran el bajo crecimiento geométrico de la delincuencia navideña, frente al incremento desmedido que existía de la misma durante los gobiernos anteriores, o la necesidad inminente de atender asuntos tan delicados como la misión basura, que requiere de la custodia de las mal llamadas organizaciones policiales, y su eventual corrección con la Ley de Policía Nacional, o sabrá Ud. cuantos dislates mas para justificar lo injustificable y procurar disimular la incapacidad del Estado para cumplir sus cometidos.
Estamos como se dice en el argot popular, sin control y en despoblado. Aquí en este país, cada uno hace lo que le viene en gana, y en especial aquellos que son afectos al gobierno, o que cometen alguna fechoría, que a los gobierneros les gusta porque con eso, le están metiendo el dedo en el ojo a los que no votaron por ellos, o a los mèndigos inclementes que suelen utilizar para amedrentar a la población indefensa, en mítines y bochinches en los barrios.
La situación de inseguridad bajo la cual nos han puesto a vivir hace muy seriamente que se piense que todo ello es burdamente organizado o cohonestado por la gente que dice nos gobierna. No hay otra forma de entender el crecimiento desmedido de la delincuencia y la ausencia evidente de planes, organización, equipos e instituciones para combatirlas.