Navidad entre el temor y la esperanza. Antes y después de las elecciones, nos ha impresionado palpar el denso temor que flota en el ambiente y el pánico en algunas personas que parecen listas para echar a correr. Temen lo peor, desde la expropiación de su segundo apartamento o de su bodeguita en el barrio, hasta el arrebatón de sus hijos para llevarlos a Cuba y hacerles un lavado de cerebro. Hay también otros temores: por los lados del gobierno nos encontramos con quienes rechazan radicalmente el partido único socialista, pero no saben cómo oponerse sin caer en las iras del jefe. En el gobierno y en la oposición hay quienes temen la supresión de la educación privada, es decir la de sus hijos.
Hay también esperanzas. No todos votaron a favor del gobierno por presión, oportunismo, clientelismo… Creemos que la mayoría lo hizo por no renunciar a la esperanza de una vida mejor, sobre todo para sus hijos, que despertó Chávez hace ocho años. Es cierto que ahora esa esperanza no se manifestó de manera desbordante y espontánea en los actos preelectorales, pero está ahí callada y resistida a entrar de nuevo por la puerta de la resignación: A pesar de la vivienda que no conseguí, la inseguridad que vivo, el buen empleo que me falta, el costo de la vida que sube, la corrupción y el mal gobierno…, considero que Chávez nos quiere y está decidido a seguir luchando contra todos los obstáculos dentro y fuera del gobierno. Así lo sienten.
El temor y la esperanza de unos y de otros, al final siempre miran al niño, al hijo, al “nos-otros” que esperamos nazca mañana. Quiero libertad para mis hijos, para oportunidades y vida digna para ellos, dice el pobre. También el que no lo es quiere para sus hijos libertad sin imposición estatista…Al final en el niño se encuentran el temor y la esperanza de los que apoyan o rechazan al régimen y sus intenciones amenazantes.
“Brilló una luz”, dice Isaías. “Se han alegrado al verte”… “porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”, “príncipe de paz”, “grande es su señorío y la paz no tendrá fin”…
“por la equidad y la justicia” (Ver Isaías 9,1- 6) Los cristianos aplicamos esa profecía al nacimiento de Jesús, “Dios con nosotros”. En el niño frágil se igualan el pobre y el rico, la debilidad y la esperanza, la pequeñez y grandeza. En ambos bandos, si se reconocen y valoran como personas, se encarnan el Amor de Dios y el sueño de una humanidad reconciliada.
Entre el temor y la esperanza, la Navidad es invitación especial a todos a tomar en serio al otro, al que piensa distinto, que necesita oportunidades y vida digna. Dejar de ser amenaza para el otro, comprender sus temores y descubrir cómo podemos llegar a entendimientos y acuerdos para aumentar la capacidad nacional de tener éxito juntos. Para que se vayan realizando las legítimas esperanzas y el sol de los hechos disipe la niebla de los temores.
Regalo de Navidad
Uno de los regalos más hermosos que hemos recibido los venezolanos en estos días es la carta de dignidad del general Usón desde la prisión, rechazando la posibilidad de indulto por un delito que no cometió. Regalo para millones de venezolanos, incluido su destinatario principal el presidente Chávez. Mientras haya hombres así, hay futuro para Venezuela.
Nunca me he encontrado con el general Usón, pero gracias a su carta lo conozco ahora. Su dignidad y libertad en prisión demuestran que, aun en situaciones de atropello, siempre hay un último baluarte inexpugnable en el retiro de la conciencia, a solas con Dios con la verdad y la libertad de espíritu que ninguna cadena puede quitar ¡Gracias general Usón por este regalo, luz de esperanza para toda Venezuela!
También el presidente Chávez tiene una extraordinaria oportunidad de regalarse a sí mismo y al país dignidad y magnanimidad con el aguinaldo de la amnistía a los presos políticos. No hacen falta muchos argumentos, ni cálculos; se requiere la grandeza de espíritu de Nelson Mandela y su voluntad de unir al país con visión de futuro. Basta escuchar la conciencia, más allá de toda mezquindad. ¡Oportunidad única, Presidente!
Todo esto me trae la memoria una frase terrible que le oí a aquel hombre inteligente y sensible que era Manuel Alfredo Rodríguez. En la clase de postgrado de historia caminaba su elocuente verbo por la narración de la caída de Guzmán Blanco y el populacho (que lo aclamó y aduló en otro tiempo) tumbando sus estatuas “manganzón “y “saludante”. A la vista de las turbas desaforadas, el profesor soltó la tremenda sentencia (no se si es de él o citada) “porque los venezolanos somos viles con el vencido y serviles con el vencedor”. Hoy los viles y serviles, sin ser la mayoría, se atropellan alrededor del poder en estos tiempos rojos rojitos.
El que humilla a los vencidos se degrada a sí mismo y se envilece, al igual que los serviles de la adoración perpetua.
Presidente, en esta Navidad Dios lo ha puesto en la encrucijada del espíritu. Enciérrese en el santuario interior, a solas con su conciencia ante Dios, donde todo sofisma y maña política queda al desnudo.
Al fariseo que lo tentaba preguntándole sobre lo que hay que hacer para ganar la vida, Jesús le puso en el camino de encontrarse con el prójimo y concluyó: “Haz eso y vivirás” (Lucas 10,28). Y lo sigue diciendo. También a usted Presidente.