¿Lavar con sangre a Venezuela? Agustín Blanco Muñoz
Domingo, 19 de diciembre de 2004
A pocas horas de la muerte de Argimiro Gabaldón, el Comandante Carache, ocurrida el 13 de diciembre de 1964, cuando contaba con sólo 45 años, su hermano Edgar escribió las siguientes palabras: “Las reflexiones que produce la muerte de un ser querido ya no son sagradas en este país, porque están separadas por el signo de la guerra civil. La vida de todo hombre no vale nada si se le pone precio a la de uno solo; todos tenemos dinero para pagar la muerte de otro; y esto significa, en términos filosóficos, que en Venezuela se ha perdido la razón moral, y que quienes fungen de ductores de la fuerza ética no han sabido hablar a tiempo, y que su silencio es cómplice de las muertes habidas en ambos bandos, y de las que habrán de venir.”…
Cuarenta años después esas palabras describen una vez más la pérdida de la razón moral, la ausencia de fuerza ética en ductores inexistentes, y la permanencia de la muerte-masacre, como una especie de complicidad que no se detiene. Desde entonces hasta hoy, las muertes no han dejado de venir, y nada o poco hemos hecho para impedirlas.
LA MUERTE COMO HÁBITO
No se ha creado aquí una Venezuela de y para la vida. Por el contrario, nos acostumbramos cada día más a la muerte. En la década de los sesenta los signos de guerra civil actuaron muy claramente. Dos bandos civiles con sus correspondientes fuerzas militares entraron en acción, aunque apenas iniciada la confrontación quedó al descubierto que las guerrillas estaban muy por debajo de la capacidad de fuego-combate del ejército oficialista. Todos los organismos de seguridad del Estado estaban montados en la defensa, a sangre y fuego, de la democracia. Se produjo todo tipo masacre-vejamen-asesinato. Y se llegó hasta el límite de ponerle precio a la cabeza de los comandantes guerrilleros. Por la cabeza de Argimiro, al igual que las de Juan Vicente Cabeza (a) Pablo, Gregorio Lunar Márquez (a) Rolando, se ofrecía una recompensa de Bs. 15. OOO. Por la de Lúben Petkoff (a) Sucre se ofrecía 10.000 y por Fabricio Ojeda (a) Roberto) 2500 bolívares. Hay dinero para comprar cabezas y son muchos los que asumen el silencio como ‘arma de lucha’.
LOS MISMOS CÓMPLICES
Al lado de esta actuación se produjo la negociación y venta de supuestas convicciones políticas o ético-morales. No importó cuánta gente quedara atrapada en una violencia a la que fueron conducidos. Ellos ponían la sangre, mientras los dirigentes se acomodaban. Hoy no ocurre nada distinto, para conservar lo que hasta el presente ha regido como un designio histórico en el cual la complicidad y la cobardía han jugado un papel de primer orden.
Estamos entonces en un país que no puede ocultar su hundimiento. En esta dirección apunta también Edgar Gabaldón: ...“De nada sirve un ejercicio intelectual que por cobardía retrocede ante el paisaje de la realidad, diáfana y terrible. Si a este país hay que lavarlo con sangre de sus impurezas causadas por el caos social en que se debate para marchar hacia una estructura más razonable y humana, se le lavará. Pero que no digan, entonces, quienes en él habitan, que no hubo quien les dijera lo que estaba pasando. Ese es el sentido de la muerte de ‘Chimiro”, y si su biografía, detalle a detalle, no se considera merecedora de estudio y examen no sabe nadie quien vale aquí nada, porque salir al aire limpio y frío de las sierras a exponer la vida propia por un ideal será siempre lo más noble y alto que pueda hacer un hombre de esta pobre tierra, tan triste y tan poca cosa.”
¿HACIA UNA ESTRUCTURA MÁS RAZONABLE
Y HUMANA?
El caos social ha llevado a este ex-país a los límites de la más profunda descomposición. Y ni la realidad, cruda y violenta, ni sus terribles secuelas, nos han llevado a la necesaria reflexión que nos conduzca a una ‘estructura razonable y humana’. Se ha impuesto en forma permanente un lavado de sangre. Y lejos de repelerlo, lo hemos auspiciado y avalado. Siempre han existido buenas razones para justificarlo. Ni siquiera han variado los métodos y procedimientos. Ayer y hoy se difunden los mismos volantes poniéndole precio a la vida de un hombre. Y en realidad una sociedad que tolera y contribuye con su acción o silencio-omisión a una labor de esta monta, indudablemente se encuentra en los más altos niveles de la descomposición-degradación. Ese es exactamente nuestro caso.
¿Y QUIÉN DETENDRÁ EL RÍO DE SANGRE?
Para Edgar, la descomposición era de tal magnitud que se hacía indispensable la confrontación. Pero 40 años después lo que tenemos es el registro de una confrontación permanente, que no ha producido ninguna depuración, ni siquiera una conciencia antimasacre. La lucha por los privilegios del poder ha conformado una sociedad regida por una violencia al detal, que toca todos los niveles de la vida y que termina por hacerse natural. Ayer los partidos políticos se disputaban la ejecutoria de una violencia dirigida contra todo elemento capaz de desestabilizar sus privilegios. Hoy la izquierda perseguida y violentada, configura un mando para los mismos fines y con la utilización de los mismos procedimientos. ¿En qué ha cambiado el expaís denunciado por Edgar Gabaldón y el que tenemos hoy?
DEL CRIMEN DEMOCRÁTICO AL REVOLUCIONARIO
Los polos se han invertido. Ayer fue la ‘democracia’ contra los subversivos. Hoy son los revolucionarios contra los fascistas. Los mismos actores, la misma masacre para un mismo expaís. ¿Y de qué han servido 200 años de sangre-violencia? ¿Está entonces el hombre condenado a ser liquidado por el hombre? Todo está dispuesto para que siga con vida este camino de perversión y negación de humanidad. Pero lejos de conducirnos a conformar una estructura más razonable y humana, hemos incorporado la muerte como el instrumento indispensable para la realización de un proyecto revolucionario, que se quiere erigir como la conciencia de este tiempo. Para nada ha emprendido la tarea de reflexionar y estudiar el proceso violento vivido. Se le repite con sus mismos errores, incoherencias y descomposición.
HACIA UNA HISTORIA SIN SANGRE
A los 40 años de la muerte de Argimiro la revolución sigue siendo una empresa que no ha podido contribuir a trazar nuevos caminos de justicia, alegría, belleza, amor y libertad sino a mantener la ‘estructura humana’ en la línea de tareas negadoras de porvenir, lavando con sangre lo que ha sido y volverá a mancharse de sangre. ¿Puede alguien afirmar y sostener que este ex país puede tomar el rumbo de una sociedad de amigos no corrompidos por la explotación, el día que realice el más profundo y terminante lavado de sangre? El desafío del pensamiento actual es muy grande. Estamos obligados a crear la historia sin sangre. Estamos seguros que los poetas Argimiro y Edgar estarán de acuerdo con la creación de esta fecha de respiros, utopías y sueños!