¿En qué manos hemos caído? Frank R. López Ballesteros
Sábado, 28 de diciembre de 2002
"No hay nada más trágico en este mundo que Conocer el bien y no hacerlo. Yo no puedo estar en medio de tanta y tan chocante maldad y no asumir una posición" Martin Luther King
Hace 44 años la historia de los venezolanos se presentaba como un inicio hacia la paz y el progreso. Marcos Pérez Jiménez
, derrocado el 23 de enero de 1958, a bordo de la “vaca sagrada”, huye del país dejándolo sumido en una crisis económica y política, que a lo largo de los años se solventaría, pero quedaría marcada en la memoria de los muchos que creyeron en Pérez Jiménez. Impresionantes obras arquitectónicas, dignas de comparar con las mejores del mundo, eran ingenio del “gocho gobernante”. Puentes, hospitales, carreteras y un sin fin de construcciones serán hoy en día los recuerdos de su gobierno.
La idea de aquellos valientes del 23 de enero del 58, era llevar a Venezuela hacia un rumbo mejor, donde la libertad, los derechos y la paz, fueran el “pan nuestro de cada día”, con la idea de sentar las bases de lo que sería la Democracia Representativa. Muy bien podemos llamar a estos hombres y mujeres en nuestros tiempos “los centinelas de la libertad sesentava”
Se redacta una constitución en 1961, la primera en el sistema democrático, donde los errores y virtudes de las naciones libres se verían representadas en sus líneas y textos. Con ideas de Adam Smith , con principios de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, con pensamientos idealistas del Barón de Montesquieu y Juan Jacobo Rousseau, un poco de la Constitución Federal Norte Americana y la Enciclopedia Francesa, los venezolanos, ya para los 60, gozábamos de una constitución justa y acorde con los valores de un sistema democrático intachable.
Luego de esto, la historia de Venezuela sufrió cambios tanto positivos como negativos. El oro negro se convierte en parte de los venezolanos en 1975, cuando Carlos Andrés Pérez anuncia su nacionalización definitiva, Venezuela se convierte en una potencia petrolera, un país próspero y reconfortante para vivir; pero a la vez, esa misma “bonanza saudita” causaría un despilfarro tan grande en el tesoro público, que hasta los que no tienen mar tendrían un barco que admirar con el nombre de “Buque escuela Simón Bolívar”, y peor aún, los que no tomaban vino por “cuestiones de salud”, degustarían el champán francés más costosa del mundo por “obsequio de la casa”. Es una evidencia de que en Venezuela pareciera que la abundancia no puede existir.
Luego se desencadenará en el país una larga historia que todos conocen, cada década tiene lo suyo y cada gobernante su espacio en los libros de historia contemporánea, pero lo más importante de estos 44 años o de la cuarta república, es que los venezolanos jamás estuvimos divididos por la senda del odio o el partidismo revolucionario porque ni siquiera político se puede llamar, jamás se masacraban unos con otros en la calle, ni había tantos inocentes muertos por buscar la justicia y la paz, ahora queriendo cobrar respeto ante el señor por no ver defendido sus derechos en la tierra que los vio nacer; pues aún, en esa cuarta república no hubo tanto cinismo ni falsedad por parte de los gobernantes como lo hay ahora en le presente.
¡Hablemos ahora del hoy¡
Hoy en día los venezolanos hablamos de dos bandos: Chavistas y oposición; pero aquí hay una gran diferencia entre ellos. Una acérrima voluntad, más que defender un proyecto político o una revolución vanidosa, los une a pesar de todo una sola cosa: ¡SON VENEZOLANOS! Con el mismo ¡Gloria al bravo pueblo! en las venas, y con un sólo sueño, salir adelante.
En 1998, después de las elecciones presidenciales del 6 de Diciembre, la historia personal de cada venezolano estaba sentada en ideas de prosperidad, progreso y justicia, pero ahora eso cambió. Jamás creímos que el nombre de nuestro prócer iba a ser tan vapuleado como lo ha sido estos últimos 4 años. Nunca creímos que tanto poder pudiese corromper, sólo por seguir una idea errónea y confusa como el comunismo o el fascismo. Aquellos que hayan leído el Manifiesto Comunista de Carlos Marx, sabrán de lo que estoy hablando. La lucha de clases, la voluntad de despojar al rico de lo que tiene para dárselo al pobre, al mejor estilo de Robin Hook, es un simple ejemplo.
La distinción de “dos clases directamente enemigas: la burguesía y el proletariado” como expresa Marx, son la mejor evidencia que existe de la siembra de odio entre los menos favorecidos con los que más tienen. El luchar contra los que tienen no es una revolución, sino el decaimiento del progreso, todo el Manifiesto Comunista de Carlos Marx o aquí en Venezuela el Manifiesto Comunista de Chávez, se asemeja a una receta hacia la guerra de clases. Pareciera que oyese al Presidente arengando sobre las clases sociales con frases del discurso de Marx “la lucha del proletariado contra la burguesía, aunque en el fondo no sea una lucha nacional, adquiere, sin embargo, al principio tal forma naturalmente, que el proletariado de cada país debe acabar antes de nada con su propia burguesía para lograr la revolución”. Todo este retrógrado pensamiento en un sólo hombre, y en una era tan globalizada como la nuestra, puede ser cuestionable en unos momentos en los que se busca la integración y el fortalecimiento de los pueblos.
Por esas ideas y pensamientos no nos podemos callar ni rendir frente al amedrentamiento, ni mucho menos frente a la voluntad de odio que se ha cultivado en nuestro país. Gracias a Dios, el soberano en su mayoría ha adquirido conciencia de la grave crisis que se vive, y esto lo podemos ver día a día cuando las calles del país están repletas de gente que a son de cacerolas y pitos piden la renuncia del presidente o elecciones el próximo mes de febrero.
Es increíble el sentimiento que vivimos los venezolanos, que niños, jóvenes, padres de familia, ancianos y hasta discapacitados, sin distinción alguna, tienen el mismo sueño, vivir en una Venezuela libre de odios y resentimientos. Toda una muestra ante el mundo entero de que con la unión nace la fuerza, pues no seremos Mahatma Gandhi
, quien logró la independencia de la India sin un fusil y dio lecciones honorables sobre el poder del espíritu, pero una cacerola dice mucho en el sentir de los venezolanos.
Para aquellos que creen aún en el señor Presidente de la República y que piensan que su “proceso revolucionario” no tiene ideas marxistas y comunistas, les dejo una pequeña muestra de lo que tanto profesa el “Comandante” y si es de su inquietud, esto es un fragmento del Manifiesto Comunista marxiano:
“Al bosquejar las fases del desenvolvimiento proletario, hemos trazado el curso de la guerra civil, más o menos latente, que mina la sociedad hasta el momento en que esta guerra se convierta en una revolución declarada y en la que el proletariado fundará su dominación por el derrumbamiento violento de la burguesía”
Reflexione Señor Presidente y dele a su pueblo la paz que tanto le reaclama.
(*):Estudiante del III Semestre de Comunicación Social en la Universidad Monteávila, Caracas, Venezuel