Caracas, Viernes, 18 de abril de 2014

Sección: Política

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¿Es Hugo Chávez un buen gobernante?

Fernando Spiritto

Jueves, 19 de octubre de 2006

En diciembre de este año, los venezolanos deberán acudir a las urnas para ratificar a Hugo Chávez o elegir a uno de sus adversarios. La ocasión es propicia, por tanto, para hacer un balance de la actual administración y responder a la pregunta: ¿Es Hugo Chávez un buen gobernante? Cumplidos siete años de gobierno, ¿tiene la revolución bolivariana méritos suficientes para reelegirse indefinidamente, descartar proyectos alternativos a su visión de país e ignorar o discriminar a los segmentos de población que no comparten sus ideas? ¿Estamos ante un modelo político y económico digno de exportación?

Estudiar al gobierno chavista en función de sus logros, comparándolo con la gestión de otros gobiernos latinoamericanos, resulta una manera razonable de empezar a responder esas preguntas. De esa manera, se amplía la perspectiva de estudio y se neutraliza el efecto de la propaganda y la movilización política interna. En este sentido, el área macroeconómica resulta una “muestra” adecuada para tales comparaciones dado que disponemos de amplia información sobre la misma y además existe cierto acuerdo en el sentido que su buena marcha constituye la base del bienestar material de los pueblos. La comparación debe realizarse con información proveniente de bases de datos confiables y que utilicen una metodología común para toda la región. También es necesario que la comparación se haga durante los años de gobierno de Chávez (1999-2005) para evitar que factores políticos, geopolíticos o económicos temporales manipulen al análisis. El Estudio económico 2005-2006 de la CEPAL y el informe LatinFocus de agosto de 2006 constituyen dos fuentes apropiadas.

Durante el período 1998-2005 América Latina experimentó las altas y las bajas propias de una región altamente dependiente de la economía internacional. La crisis asiática de finales de los noventa y el tropezón de la economía estadounidense en 2001, se hicieron sentir con fuerza. Los países sufrieron perturbaciones en sus sectores exportadores y enfrentaron serias crisis cambiarias. La brutal recesión-devaluación de Argentina en 2001 y 2002, que ocasionó la disminución de su ingreso per cápita a casi la mitad, fue uno de los episodios más graves de este período.

A partir de 2003 las cosas mejoraron gracias al fuerte crecimiento de la economía internacional liderizada por los Estados Unidos y las economías emergentes de China y la India. Las exportaciones de la región, mayormente materias primas, aumentaron a buen ritmo, lo que alivió las balanzas de pagos de los países y bajó la presión sobre sus políticas fiscales y monetarias. El crecimiento económico retornó, aunque no con los mismos niveles de los años sesenta y setenta.

Ningún país se benefició tanto de esa coyuntura como Venezuela. A finales de 2005 el precio del petróleo en términos reales alcanzó niveles record (US $ 45), superiores incluso a los del boom de los años setenta. Las exportaciones petroleras pasaron de US $ 31.017 millones en 2004 a US $ 48.059 millones en 2005, y la tendencia ascendente no ha cambiado durante 2006. La abundancia del ingreso fiscal petrolero hizo que el gobierno pisara a fondo el acelerador del gasto público. En esas circunstancias, las variables macroeconómicas de corto plazo mejoraron: hubo crecimiento como resultado del mayor consumo primario de la población, las tasas de interés disminuyeron, aumentó el crédito y las transferencias sociales alcanzaron una mayor cobertura. Vale enfatizar que la mejora en las variables mencionadas son el resultado de un factor externo: el ingreso petrolero. El gobierno hizo muy poco (por no decir nada) para influir sobre la misma.

¿Qué sucede con las variables “duras”, es decir, las que tienen mayor incidencia en el desarrollo de largo plazo? ¿Cuál ha sido su desempeño durante el gobierno de Hugo Chávez, especialmente cuando se les compara con los otros países de América Latina durante 1998-2005? Veamos qué dicen las estadísticas.

Con base en el informe de LatinFocus, podemos ver la evolución del producto interno bruto per cápita. Allí se observa que, con la excepción de Argentina, las principales economías de la región (Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) crecieron con un ritmo anual mayor al de Venezuela. El volumen de bienes y servicios por habitante disponibles en Venezuela en 2005 era 17% mayor que en 1999, mientras que para los otros países esa cifra promediaba el 30%. Durante el período, Venezuela creó riqueza para sus ciudadanos a un ritmo anual del 3% mientras que el resto de los países lo hizo al doble. La distribución desigual de esa riqueza es una historia que debe abordarse en otra oportunidad.

Con respecto a la inversión extranjera, las cifras dibujan un panorama mixto en la región (véase cuadro A-16, p.186, del estudio económico de la CEPAL). Existen países que durante el período lo hicieron muy bien al aumentar la inversión extranjera neta por habitante. Entre 1998 y 2005 este indicador creció 40% en Chile, 144% en Colombia y 43% en Perú. Otros lo han hecho muy mal al mostrar caídas notables. ¿El peor de la muestra? Venezuela, donde la inversión neta por habitante disminuyó en 67% entre 1998 y 2005. Una caída del 14% por año.

Durante 2003-2005 las mejores condiciones económicas permitieron a los gobiernos implementar políticas fiscales más responsables. El estudio económico de la CEPAL reseña que durante el “período 2003-2005 los gobiernos han evitado una política fiscal expansiva en un período de crecimiento y han optado por la cancelación de la deuda y la acumulación de reserva” (p.64). El estudio también aporta un dato revelador de esta tendencia: la relación entre deuda pública y PIB fue 53% en 2004 mientras que la misma se redujo a 45.6% en 2005.

No obstante, durante este período, el gobierno de Chávez decidió aumentar la deuda pública en medio de la bonanza petrolera. En 2005 la deuda pública total de Venezuela era 34.6% mayor que en 1998, aumento porcentual sólo superado por Uruguay y Chile (ver cuadro A-18, p.188). La deuda per cápita aumentó 18.6%. Los otros países de la región, por el contrario, optaron por reducir su endeudamiento dispuestos a no repetir la experiencia de los años ochenta. La deuda pública total y per cápita se redujo en Argentina, Brasil, México y Perú. Aunque el peso de la duda venezolana en el PIB es de los más bajos de la región, los efectos fiscales e inflacionarios se harán sentir con fuerza cuando disminuyan los precios del petróleo.

¿Cuál ha sido la evolución de la inflación y las remuneraciones reales? Se supone que un gobierno cuya prioridad son los pobres debería mostrar logros indiscutibles en estos renglones a lo largo de casi ocho años en el poder. Pero este no es el caso de la revolución bolivariana. Los datos son contundentes al mostrar a Venezuela como el país con el peor desempeño en la materia (ver cuadro A-23, p. 193). Entre 1999 y junio de 2006 la inflación venezolana aumentó, con la excepción del año 2000, a un ritmo superior al doble del promedio de América Latina y el Caribe. La liquidez monetaria (M1), principal culpable de la inflación, aumentó 69.6% en los 12 meses anteriores a abril de 2006, mientras que la variación en el mismo período fue de 27.1% en Argentina, 12% en Brasil, 9% en Chile, 20.8% en Colombia, 17.7% en México y 15.9% en Perú (ver p.84). La enorme expansión monetaria en Venezuela explica, entre otras razones, las pérdidas que muestra el balance del banco central debido al alto costo de las operaciones monetarias (emisión de certificados de depósitos) destinadas a contener la liquidez desbocada. El bolívar ha perdido respaldo por la irresponsable política económica del gobierno, tendencia contraria a la conducta observada por los otros gobiernos del continente.

Lo anterior explica la preocupante evolución de las remuneraciones reales (ver cuadro A-24, p.194). Si se toma al año 2000 como año base (igual a 100), Venezuela muestra el mayor deterioro de las remuneraciones reales en la región entre 1998 y 2005: 26% con respecto al año 2000 y 30% con respecto a 1998. Ciertamente, los años de la revolución han sido muy duros para los trabajadores venezolanos.

Pero, ¿qué sucede con los que no tienen empleo? Resulta evidente que la revolución también ha fracasado en la creación de puestos de trabajo, si se la compara con el resto de América Latina (ver cuadro A-22, p.22). Así, entre 1999 y 2005 el promedio del desempleo regional fue 10.4%, mientras que en Venezuela el mismo indicador alcanzó 14.8%. Con algunas excepciones, el país ha mostrado durante el periodo de referencia el más alto desempleo de los registrados por la CEPAL, superiores, incluso, a los de la llamada “cuarta república” que registró tasas 11.4% en 1997 y 11.3% en 1998.

El desempleo es la consecuencia directa de la caída de la inversión, especialmente su componente privado. Si en algo ha sido exitosa la revolución bolivariana ha sido en espantar a la inversión privada. Como dice Miguel Angel Santos, entre 2001 y 2004 la inversión total promedió el 12,29% del PIB mientras que entre 1971 y 1980 la misma estaba en 30.5%. En 2002 la inversión privada se encontraba en el nivel más bajo de los sesenta años anteriores . El informe de la CEPAL, utilizando metodología y año base diferentes a las de Santos, muestra que en Venezuela la formación bruta total de capital fijo (otra manera de llamar a la inversión) se ha mantenido por encima del promedio latinoamericano (20.2% y 18.8% promedio entre 1998-2005, respectivamente), pero sin reflejar el colapso de la inversión privada. No obstante, allí podemos observar (cuadro A-4, p. 172) como la proporción de la inversión en el PIB ha pasado de ser el 23.6% en 1998 a 20.9 en 2005, mientras que en Chile, la estrella económica de la región, pasó de 24.2% en 1998 a 25.8% en 2005. Ha sido la inversión pública, empujada por el ingreso petrolero, la que ha impedido un mayor descenso de la inversión total.

Por su parte, Venezuela ha sido líder en la transferencia neta de recursos al exterior (ver cuadro A-12, p.182). Aunque tal característica ha acompañado a la economía venezolana desde siempre, dada su limitada capacidad para absorber eficientemente la renta petrolera y atraer inversión extranjera, tal condición se ha exacerbado duramente el gobierno chavista. Suenan muy lejanas las palabras del presidente en su primera toma de posesión (1999): “Hemos decidido impulsar y arrancar con la inversión privada….El país necesita capitales. ¡Vengan aquí! …..Necesitamos un proceso económico urgente de acumulación de capital nacional. Estamos descapitalizados, señores” . Las cifras muestran un fracaso rotundo de su gestión en esta materia. Durante 1999 y 2005 la transferencia de recursos al exterior ha sido la más elevada de la región. Durante los 7 años del análisis, Venezuela ha transferido al exterior en promedio el 10% de su PIB (un total de US $ 77.674 millones de dólares), mientras que ese indicador ha sido, también en promedio, 2.87% en Argentina, 1.74% en Brasil, 5.41% en Chile, 1.9% en Colombia, 1.43% en Perú, mientras que en el caso de México el balance ha sido positivo en 0.81%.

La revolución bolivariana se presenta a si misma como un modelo de exportación continental, pero un análisis superficial de sus resultados demuestra lo contrario. Estamos en presencia de otro mediocre gobierno latinoamericano. La revolución bolivariana no ofrece una alternativa viable a los pueblos de América Latina porque sus logros no son superiores a los observados en la región. Si se aplica la misma metodología comparativa a otras áreas de políticas públicas (pobreza y concentración del ingreso, seguridad, servicios públicos estatales, infraestructura, etc.) estamos seguros que los resultados serían similares. Ni la propaganda, ni la retórica, ni la movilización política pueden desmentir lo que dicen las frías estadísticas.

Pero la respuesta a la pregunta arriba planteada tal vez podemos dejarla al propio presidente Chávez. Refiriéndose a la política habitacional, pero perfectamente aplicable a otras áreas de su administración, el presidente dijo en alguna oportunidad: “Miren la bola de billetes, ahora estoy preocupado por nuestra capacidad de ejecución (…) Lo triste es que tengamos el dinero y ni podamos o sepamos utilizarlo por el burocratismo” .

Reveladora confesión que deberían tener en mente los electores a la hora de decidir su voto.

fspiri@cantv.com.ve

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