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Sección: Política
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Crisis y reelección
Freddy Lepage
Martes, 13 de enero de 2009
Ante la crisis económica en puertas, Chávez insiste en imponerle a los venezolanos la reelección presidencial indefinida. Sabe que con el correr de los días se le hará más cuesta arriba lograr su anhelado sueño autocrático. Cómo será la gravedad de la situación que apenas despuntando el año 2009, ha sorprendido a la ya de por si depauperada clase media, anunciando el recorte a la mitad de los dólares para viajar al exterior. Antes de hacer un anuncio serio sobre austeridad del gasto público (el Gobierno es el primer chupadólares), para compensar la abrupta caída de los precios del petróleo, se solaza con publicar en gaceta, medidas aisladas, desarticuladas, que no obedecen a una propuesta de carácter integral. Es decir, Venezuela se va a salvar de este aprieto jorobando a la “despreciada” clase media criolla.
Apenas comienza a pagar las consecuencias de sus desacertadas e incongruentes políticas (?) económicas, de la destrucción intencional del aparato productivo nacional y de la regaladera de nuestros recursos en el exterior. Se atreverá cortarle a Evo Morales, Daniel Ortega, los hermanos Castro, los Kirchner, Correa y a tantos otros beneficiarios, los chorros de dinero venezolano reglados a esos países sin contraprestación alguna, más allá de los cubanos que nos manda Fidel Castro. Si lo hace, perderá el encanto y la magia. La comunidad internacional lo empezará a ver como un atolondrado nuevo rico charlatán que ha dilapidado su fortuna. ¿Por qué, en vez de seguir confiscándole los dólares a los venezolanos, no cesa de hacer compras millonarias en armamentos inútiles y ostentosos y costosos aviones a Rusia?
Las cifras no mienten: en 1988 los ingresos fiscales por exportaciónes no tradicionales tuvieron una participación de 31,2 %. En 2008, esa misma participación se redujo a apenas un lánguido 7 %, mientras 93% (la bicoca de 92,9 millardos de dólares) del ingreso total fue producto del petróleo y sus derivados. Corolario de Perogrullo: hoy somos más vulnerables. Más dependientes del crudo que nunca y, por ende, de sus precios internacionales. Esos han sido los verdaderos logros de la revolución bolivariana. ¿Puede un país serio hablar de soberanía nacional, ante esta cruel y absurda realidad? Sin embargo nuestro comandante en Jefe, en un extrañísimo arrebato de sensatez, reconocía hace poco (después de 10 años de gobierno), como quien no ha roto un plato, que “tenemos que salir de la dependencia petrolera, impulsando la producción de bienes exportables”. Habrase visto mayor desfachatez o, mejor dicho, irresponsabilidad. Hace poco cuestionó las exportaciones de las cementeras, de Sidor y de otras empresas.
Claro ahora tiene el agua al cuello. Cuando la economía se maneja desde la óptica política, tarde o temprano se pagan las consecuencias. Lamentablemente, el teniente coronel abrumado por las circunstancias por venir (todavía no ha llegado lo malo), empieza a recibir un poco de su propia medicina. Pero como dice el refrán: el zorro pierde el pelo, pero no las mañas. Sólo busca un respiro, un segundo aire para volver a las andadas. Manejar el escenario de la “enmiendita” no es fácil en momentos de dificultades, sobre todo si estas son del tipo económico. Consciente de esto trata, por una parte, de saltar los tiempos a cómo dé lugar y, por la otra, edulcorar su propuesta incluyendo a todos los cargos de elección popular. Es decir meter a todos en un mismo saco. Una genuflexión ante la clase política. Una traición a su prepotencia habitual. Dobló la cerviz en busca de apoyos. La improvisación es un claro signo de desespero…
freddylepage@cantv.net
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